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Biografías de testigos de Jehová
lfs artículo 24
Peter y Lenka Hamadej.

PETER HAMADEJ | BIOGRAFÍA

Jehová siempre nos ayudó a tomar buenas decisiones

Nací en 1952 en Karlovy Vary,a una ciudad en el extremo oeste de la antigua Checoslovaquia, cerca de la frontera con Alemania. Como nuestra familia era de origen alemán, a mi hermano, Milan —que era mayor que yo—, y a mí nos hacían la vida imposible en la escuela. Por eso, en 1966 toda la familia nos mudamos a Fráncfort (Alemania).

Mapa de Europa central que muestra los lugares donde Peter Hamadej vivió y donde sirvió a Jehová.

Desde que yo era chiquito, mis padres eran testigos de Jehová, pero los sacaron de la congregación cuando yo todavía era un niño. Así que crecí sin rumbo en sentido espiritual.

Con el tiempo, mis padres volvieron a la congregación. Milan agarró con fuerza la verdad y decidió bautizarse en una asamblea de Hannover. ¡Y yo me bauticé el mismo día! Tenía 15 años. Pero, poco tiempo después, convencí a mis padres para que me dejaran ir a estudiar Arte en Berlín.

Allí tuve tiempo de pensar en dos preguntas que me rondaban la cabeza: si de verdad existe un Creador y si la Biblia de veras viene de Dios. En mis clases de Arte, me di cuenta de que la composición tan compleja y toda la armonía de una pintura no se podían comparar para nada con los modelos originales de la naturaleza. Eso me llevó a la conclusión de que, si detrás de todos los cuadros hay un pintor, entonces la naturaleza debe tener un Creador.

Para responder a mi segunda pregunta, me puse a investigar cómo la historia confirma que las profecías bíblicas se cumplieron. Y poco a poco me fui convenciendo de que la Biblia es la Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 2:13).

Peter mostrando una de sus pinturas, donde se ven unas familias israelitas caminando con sus ovejas.

Uno de mis cuadros (1980).

Aparte de que investigaba por mi cuenta, también conversaba largo y tendido con un anciano de congregación que era un mentor para mí. Como mi fe en Jehová fue creciendo, el arte pasó a un segundo plano. En 1972, mientras vivía en Berlín, tomé una de las mejores decisiones de mi vida: hacerme precursor. Al principio, mi intención era ser precursor por tres meses.

Sirvo a Jehová en otros lugares

Hacer el precursorado en Berlín no fue nada fácil para mí. Y es que los hermanos llevaban predicando allí casi 100 años, pero parecía que casi nadie escuchaba. Cuando por fin empecé un curso bíblico con una persona que mostró interés, ¡me pareció un milagro! Eso me convenció de que podría predicar en cualquier parte con la ayuda de Jehová. Así que seguí con el precursorado.

Más o menos un año después, la sucursal me preguntó si estaría dispuesto a aprender serbocroata.b La idea era poder predicarles a los yugoslavos que vivían en Alemania por razones de trabajo. Acepté con mucho gusto, y poco después me enviaron a Fráncfort. Allí pasé tres meses aprendiendo serbocroata con Hans y Sonja Smode, que se acababan de graduar de la Escuela de Galaad. Luego me asignaron como precursor especial a Stuttgart. Durante los siguientes dos años, de 1973 a 1975, me mudé varias veces y tuve cinco compañeros.

Después me asignaron a un grupo de habla serbocroata en Karlsruhe. Allí conocí a la que sería mi compañera de por vida: Lenka, una precursora especial muy trabajadora. Enseguida me robó el corazón. En 1978, poco después de casarnos, nos invitaron a la obra de circuito en el campo yugoslavo.

Peter y Lenka.

Con Lenka.

Una decisión muy dura

Durante unos 10 años, estuvimos visitando grupos y congregaciones en muchos lugares de Europa. Aunque nos encantaba lo que hacíamos, ese ritmo de vida al final nos pasó factura. Cuando Lenka llegó al límite del agotamiento, se exigió todavía más. La verdad es que esa no fue la mejor manera de manejar la situación, pero tampoco sabíamos qué más podíamos hacer. Así que le rogamos a Jehová que nos lo indicara.

Peter y Lenka metiendo equipaje en el maletero de su auto.

En la obra de circuito.

La respuesta vino a través de un médico. Él fue muy bueno con nosotros y nos ayudó a reconocer nuestras limitaciones físicas y emocionales (Miqueas 6:8). Nos dimos cuenta de que teníamos que dejar la obra de circuito, pero en el fondo nos costaba mucho tomar esa decisión. Por eso hablamos de nuestra situación con algunos ancianos de experiencia de Betel. Para nuestra sorpresa, nos sugirieron servir en la sucursal de Austria como traductores al serbocroata. Así lo hicimos, y eso le ayudó a Lenka a recuperarse poco a poco. Mediante los buenos consejeros que Jehová nos dio, pudimos tomar una decisión bien pensada (Proverbios 15:22).

Decisiones difíciles durante la guerra

Servimos en Viena por dos años, y luego nos enviaron a Croacia, al Betel de Zagreb, donde se supervisaba la obra de la antigua Yugoslavia. Aunque en el país había distintas culturas y religiones, la gente vivía en paz..., hasta que estalló una guerra civil en 1991. Antes de la guerra, el Comité de País ya llevaba meses organizando una asamblea internacional, a la que asistirían Testigos de toda Yugoslavia.

Lenka en su trabajo de traductora en el Betel de Viena (Austria).

Después de orar mucho y analizar la situación, decidimos seguir adelante con los preparativos. También trabajamos de cerca con las autoridades para garantizar la seguridad de los hermanos que vendrían de otros países. Y nos alegró mucho que asistieran cinco miembros del Cuerpo Gobernante. Esa asamblea fue justo lo que los hermanos necesitaban.

Cuando la guerra llevaba como un año, el Comité de País se enteró de que los hermanos de Sarajevo y otras partes de Bosnia se estaban quedando sin comida, leña y medicinas. Las tropas serbias habían bloqueado el acceso a las ciudades donde ellos vivían, y nadie podía llevarles las provisiones que necesitaban. Le pedimos a Jehová una y otra vez que nos ayudara a ver qué podíamos hacer.

La sucursal de Austria nos ayudó a organizar una misión de socorro, aunque era muy peligroso. Y, el 26 de octubre de 1993, se enviaron camiones desde Viena con 16 toneladas de suministros para nuestros hermanos en Bosnia.c

Peter con un grupo de hermanos.

Cuando les llevamos suministros de socorro a los hermanos en Sarajevo.

Cuando tuvimos que pasar por la zona de guerra, vimos claramente que “la mano de Jehová no es tan corta como para no poder salvar” (Isaías 59:1). Se nos grabó en la memoria el viaje tan peligroso que hicimos de Zenica a Sarajevo. Cuando estábamos a tan solo 40 kilómetros (25 millas) de Sarajevo, tuvimos que tomar un desvío de 140 kilómetros (90 millas) por el bosque.

Cuando llegamos a Sarajevo, pedí hablar con un oficial al mando para que nos dejara pasar y llevarles las provisiones a los hermanos. Este oficial, que resultó ser un general, dijo que no creía que pudiéramos lograrlo. Pero, en cuanto supo que éramos testigos de Jehová, me preguntó si conocía a un tal Hajrudin. Le dije que sí, que era amigo nuestro. Entonces el general dijo: “¡Pues también es amigo mío! Éramos compañeros de clase. Y, desde que se hizo Testigo, me cae todavía mejor”.

El general nos hizo muchas preguntas sobre nuestras creencias y, entonces, nos permitió usar un túnel secreto para llevarles las provisiones a nuestros hermanos de Sarajevo. Hasta hizo que durante dos noches se detuvieran los cargamentos de suministros para el ejército. Y así los soldados pudieron llevar los nuestros por aquel túnel tan estrecho. ¡Cada paquete pesaba como 27 kilos (60 libras)! Nosotros solos no hubiéramos podido.

Peter Hamadej y Halim Curi en el túnel secreto que usaron los hermanos para llevar ayuda a Sarajevo.

Unos años después de la guerra en Bosnia, fui al túnel secreto con Halim Curi, un anciano de Sarajevo.

Y, al otro lado del túnel, los soldados también ayudaron a los hermanos a llevar los paquetes a un lugar seguro. Además, les ayudaron a distribuírselos a los hermanos del lugar y a sus vecinos. Algunas personas que no eran Testigos estaban tan agradecidas que se arrodillaron con los hermanos para orar con ellos y darle las gracias a Jehová (2 Corintios 9:13).

Tuvimos que pasar por varios puestos de control militar, y muchas veces nuestra reputación de ser neutrales nos protegió. En alguna ocasión, llevar puesta la tarjeta de una asamblea nos ayudó a que nos identificaran como Testigos, es decir, como cristianos neutrales. Pero la verdadera neutralidad implica más que llevar una tarjeta, incluye nuestros pensamientos y sentimientos. Entonces, para ser neutrales de verdad, tomamos medidas. ¿Qué hicimos? Decidimos escuchar menos noticias. Sabíamos que escuchar los informes tan alarmantes de cada bando podría desarrollar en nosotros prejuicios e incluso odio.

Desde los años noventa, he sido miembro del Comité de Sucursal, primero en Croacia y luego en la sucursal de la República Checa y Eslovaquia. Las asignaciones que he tenido me han enseñado que, a la hora de tomar decisiones, debo tener en cuenta dos cosas. Primero, que para solucionar un problema, Jehová puede usar a cualquiera... ¡Hasta a un militar! Y, segundo, que no puedo confiar solo en mi propia experiencia; es mejor confiar en la guía que da Jehová mediante su organización.

Problemas de salud inesperados

En el 2023, fui al médico a hacerme una revisión de rutina y me encontraron un cáncer muy agresivo. Nos dio mucho miedo porque yo nunca había tenido una enfermedad grave y no sabíamos qué iba a pasar. Lenka y yo le pedimos a Jehová una y otra vez que nos ayudara a tomar buenas decisiones, y pusimos manos a la obra. Investigamos todo lo que pudimos y hablamos con los doctores. Cuando decidimos qué tratamiento seguir, nos sentimos más tranquilos.

Además, decidimos no preocuparnos demasiado por el futuro (Mateo 6:34). La verdad es que hay muchas razones para estar contentos. Por ejemplo, el apoyo de nuestros hermanos. Recuerdo que, cuando fuimos a Alemania para mi tratamiento, le escribimos una carta a nuestra querida familia Betel de Bratislava (Eslovaquia) para contarles la situación. Recibimos tantos mensajes diciéndonos que nos querían y que oraban por nosotros... Jehová usó a nuestros hermanos para darnos la paz “que está más allá de lo que ningún ser humano puede entender” (Filipenses 4:7).

Siendo sinceros, nadie sabe en qué momento se puede enfrentar a una enfermedad grave o incluso a la muerte (Eclesiastés 9:11; Santiago 4:14). Por eso, estoy agradecido de que Jehová me ayudara desde joven a darle siempre lo mejor de mí. ¡Tomar la decisión de servir a Jehová le ha dado verdadero sentido a mi vida!d

a Karlovy Vary también se conoce como Karlsbad, su nombre en alemán.

b El serbocroata era el idioma oficial de la antigua Yugoslavia.

c Para saber más sobre esta misión de socorro, lea el artículo “Ayudamos a nuestra familia de creyentes de Bosnia”, publicado en La Atalaya del 1 de noviembre de 1994, páginas 23 a 27.

d El hermano Hamadej se durmió en la muerte el 28 de enero de 2025, cuando aún se estaba preparando este artículo.

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