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  • “En lugares agradables” con la organización de Jehová
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1963
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1963
w63 15/7 págs. 443-446

“En lugares agradables” con la organización de Jehová

Según lo relató Ewart Chitty

¿CÓMO puede uno obtener el punto de vista correcto respecto a preguntas y problemas importantes, para hacer decisiones correctas? He descubierto que es por medio de hacer caso de la palabra publicada de la organización de Jehová, la cual dirige a uno en armonía con las Escrituras. Verdaderamente puedo decir que vez tras vez éste ha sido el medio práctico que ha hecho que la cortina nunca cayera en pliegues pesados alrededor de mí, sino que se elevara cada vez más sobre nuevas vistas deleitables de verdades del Reino y servicio del Reino.

SE LEVANTA LA CORTINA

Mi madre llegó a apreciar la verdad de Dios en 1912, y recuerdo que ella trató de interesarme en cosas espirituales. Pero a la edad de catorce años no me atraía, salvo que me daba cuenta de que ella había obtenido algo que significaba todo para ella. Dos años más tarde comenzó la I Guerra Mundial, y no pasó mucho tiempo antes que los jóvenes de Inglaterra tuvieran que tomar la vida más seriamente. Con un hermano mayor y un muchacho amigo asistí a unas conferencias que pronunciaban los Estudiantes de la Biblia, como se conocía a los testigos de Jehová en aquel tiempo. Todos nosotros aceptamos el entendimiento de las verdades bíblicas fundamentales que se enseñaba en ese tiempo. En cuanto a mí propio punto de vista, pudiera decirse que la cortina comenzó a levantarse.

El asunto de la dedicación, por supuesto, había surgido. Yo sabía que significaba dar toda mi vida a Dios para hacer su voluntad, y sabía que era un privilegio y un paso que yo debía tomar. Pero también me daba cuenta de que, una vez dado ese paso, jamás podría ser revocado. ¿Qué fue lo que me ayudó y me impulsó a tomar la decisión?

Fue la organización la que proveyó la ayuda necesaria, la organización de Jehová. En ese tiempo yo trabajaba en una gran oficina de seguros, viajando de ida y regreso en un tren subterráneo. Yo era joven y tenía buena vista, y solía leer mucho mientras viajaba. Muy claramente recuerdo que estaba leyendo una mañana el Tomo III de Studies in the Scriptures acerca de la urgencia de tomar el paso deseado. Podría encontrar la página ahora, sí, allí está en la página 225, donde dice: “Si algunos han llegado solo recientemente a conocer y amar a nuestro Señor, y desean servirle a él y a su verdad, no se descorazonen. . . . Si usted ve la ‘puerta’ de la oportunidad para sacrificio y servicio abierta delante de usted, entre por ella. Pero entre rápidamente.”

Eso me hizo decidir. Ese fue el momento. Sin exageración, para mí aquello significó que se levantaba la cortina sobre una nueva vida. Fue un momento de felicidad suprema, y me sentí muy agradecido a Jehová por haber provisto a través de las publicaciones de la Sociedad Watch Tower precisamente la palabra animadora que me hacía falta. Recalco esto en el relato de mi vida porque me parece que es muy vital. Sé que lo es. No solo en mi propia vida, sino en la vida de muchos otros a quienes conozco personalmente, puedo ver que el hacer caso de la voz de la organización de Jehová a menudo ha sido el factor determinante en cuanto al curso que tomar. Ha sido la prueba crucial. La voz de la organización de Jehová que habla en la actualidad puede ser una prueba y con igual eficacia puede señalar exactamente cómo se le ha de servir a Jehová, dando guía detallada y estímulo y advertencia. Esto puede ser una prueba escrutadora respecto a si el yo entra en el asunto, y hasta qué punto.

Fue la voz de la organización la que hizo que yo diera el próximo paso grande en mi vida. En cierta reunión de la congregación, se nos instó a que entráramos más cabalmente en el servicio de Jehová y, si nos interesábamos, que inquiriéramos acerca de éste. Me decidí a hacerlo, y, como resultado, se me invitó a Betel, la oficina sucursal de la Sociedad Watch Tower en Londres. Acepté gozosamente la invitación ese año, en 1921. Se me dio trabajo en la oficina.

BENDICIONES DE SERVICIO EN BETEL

No se forme la impresión de que la vida en Betel sea monótona. Hay una regularidad, un horario de trabajo y de comidas, al cual se adhiere más estricta y exactamente que lo que es la experiencia general en la mayoría de los hogares. Sin embargo, uno se acostumbra pronto a esto, y lo he hallado una gran ventaja, tanto respecto a la salud como al logro de más trabajo. El servir a Jehová en Betel es servir “en lugares agradables” con su organización debido a las bendiciones múltiples.—Sal. 16:6.

Una ventaja grande de la vida en Betel es la educación y el entrenamiento que brinda. Siempre ha sido verdad que en Betel uno recibe el consejo edificante más estrecho y más constante y el buen ejemplo que ayudan tanto en la preparación para el ministerio en todos sus aspectos. Así como ha sucedido con otros miembros de la familia de Betel, esto ha abierto el camino para que yo pudiera visitar y servir diferentes congregaciones en ciertos fines de semana, también participando en varias asambleas, incluyendo las tres grandes reuniones internacionales de la ciudad de Nueva York, en 1950, 1953 y 1958.

Otra ventaja del servicio en Betel es el beneficio y placer de visitar diversas congregaciones. Por lo general significa quedarse por algún tiempo en los hogares de los hermanos, gozando de su hospitalidad y compañerismo agradable y realmente llegando a conocerlos y a granjear amistades duraderas. Es tal como dijo Jesús: “Todo el que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o terrenos [las cosas buenas de la vida hogareña común] por causa de mi nombre recibirá muchas veces más y heredará la vida eterna.”—Mat. 19:29.

También, en Betel mismo existe la oportunidad de entrar en amistades verdaderas. Tal vez, al igual que yo, algunas personas tengan lo que se considera una habitual reserva y no sea siempre fácil el llegar a conocerlas, pero yo definitivamente puedo decir que el quedarse en los hogares de los hermanos, o en un hogar Betel bajo tal arreglo de organización, hace que sean posibles esas relaciones que, además de ser muy agradables, pueden resultar ser una fuente de fortaleza que le ayude a uno a mantener un buen equilibrio en tiempos dificultosos.

Luego hay el asunto del punto de vista. Recuerdo muy bien el punto de vista que tenía yo en aquellos primeros años de antes de entrar en Betel, en común, creo, con muchos otros. El entrar en Betel significaba una vida más amplia y llena, y aprendí cómo estar contento y feliz de tener bastante que hacer en el servicio de tiempo cabal. Sabíamos que teníamos que “Anunciar al Rey y el Reino,” pero en aquel tiempo no había concepción de la tremenda obra educacional y la cosecha de una “grande muchedumbre” de “otras ovejas” antes del Armagedón; no, ni siquiera la identificación clara de semejante grupo. Gradualmente, sin embargo, se levantó la cortina, revelando un horizonte cada vez más ancho. ¿Cómo sucedió?

Al mirar hacia atrás, puedo ver que cada vez fue por medio de la organización, por medio de la clase organizada del “esclavo fiel y discreto,” nombrado sobre todos los bienes del Señor. (Mat. 24:45-47) Siempre he esperado con ansia las grandes asambleas, porque invariablemente era en éstas que se daba esclarecimiento adicional, o se abría un rasgo adicional de servicio del Reino, siempre basado en las Escrituras.

Una de las ocasiones más notables en que la voz de la organización significó mucho para mí fue durante los años oscuros de la II Guerra Mundial. El vivir en Londres en aquel tiempo era, hablando humanamente, una experiencia horrenda. No sabíamos cuánto tiempo duraría ni cuál sería el resultado inmediato. Recuerdo que durante el período de ansiedad creciente antes de estallar la guerra, con la voz gritona de Hitler siendo transmitida de cuando en cuando por la radio, nuestra actitud hacia la gente en la obra de casa en casa era que ésta probablemente sería la última vez que trabajaríamos el territorio y que todos tenían que decidirse en cuanto a qué iban a ser: “ovejas” o “cabras.”

Sí, hablando humanamente, me parecía que el futuro se veía oscuro e incierto. ¿Terminaría en el Armagedón? Entonces, con la guerra todavía en progreso, llegó la noticia de que la Sociedad proyectaba establecer en la “Granja del Reino” en el estado de Nueva York una escuela para el entrenamiento de misioneros para servir en campos extranjeros. Para mí eso hablaba volúmenes. Fue la voz de esperanza y promesa de la organización de Jehová indicando lo que yacía en el futuro. Fue un repentino levantamiento de la cortina.

De manera que figurada y espiritualmente se ha levantado la cortina, permitiendo que yo participara en el paraíso espiritual restaurado que se predijo en Isaías 55:12: “Con regocijo, y con paz se les hará entrar. Las montañas y los cerros mismos se pondrán alegres delante de ustedes con clamor gozoso, y todos los mismísimos árboles del campo aplaudirán.” ¡Qué situación agradable en la cual estar!

Este paraíso espiritual se ha manifestado de maneras tangibles. Si se me hubiera dicho a principios de la década de mil novecientos veinte que dentro de cuarenta años yo estaría viviendo y sirviendo en un nuevo hogar Betel suntuoso y espacioso, pues bien, quizás me hubiera reído como lo hicieron Abrahán y Sara cuando se les dijo lo que parecía imposible. (Gén. 17:17; 18:12) Todavía trabajo en la oficina, pero ¡qué oficina! Tenemos una oficina grande con ventanas a todo lo largo de un lado que brindan una vista de una expansión amplia de cielo y árboles, con un majestuoso cedro viejo cerca. ¡Qué agradable lugar en el cual trabajar! Como nuestro siervo de zona, el hermano Hoffmann, me dijo no hace mucho: “Es como vivir en un paraíso restaurado.”

También, tengo el mismo amigo y compañero de pieza que he tenido durante los pasados treinta años o más, el hermano Edgardo Clay: pero ahora compartimos una habitación hermosa, un hogar agradabilísimo con una excelente vista hacia el sur, y una ventana adicional que mira hacia campos ondulados y árboles y la puesta de sol en toda su gloria.

Por haber hecho caso de la voz de la organización de Dios, puedo decir, junto con miles de mis hermanos cristianos, que, en las Palabras del salmista David, “las cintas mismas de medir han caído para mí en lugares agradables.”—Sal. 16:6.

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