La alternativa: ningún futuro; un futuro brillante
Antes de escoger, ¡infórmese!
La verdad que muchos no quieren afrontar: esperanza en Dios, o abandonar la esperanza
LOS científicos predicen que con el tiempo el universo en expansión quedará sin energía, se sumirá en oscuridad y pondrá fin a toda vida. O que se desplomará dentro de sí mismo y pondrá fin a toda vida. El científico Peacocke dice: “De modo que la ciencia no puede resolver ‘la cuestión fundamental de la esperanza.’” La ciencia “cuestiona el significado fundamental de la vida humana en un universo que, con el tiempo, con absoluta seguridad acabará con ella.”
Si atribuimos a la evolución nuestra presencia aquí y eliminamos a Dios, la Biblia y las restricciones morales, también eliminamos todo propósito y significado que pueda haber tenido nuestra vida. Nos convertimos en hermanos de las hormigas y los elefantes, de los gusanos y los garranchuelos, de las cucarachas y los gatos. ¿De qué importancia son las hormigas? ¿o los garranchuelos? ¿o los hombres?
Una vez que nos han despojado de significado, los evolucionistas sienten la presión de hacer que tengamos significado. Muchos concluyen sus libros con discursitos flojos sobre la gloria que compartimos al ser un peldaño en la escalera evolutiva que de aquí a millones de años colocará a nuestros descendientes en algún majestuoso pináculo de grandeza.
El vacío filosofar de los evolucionistas
El profesor Millikan se expresa con manifiesta emoción acerca de la “tremenda atracción emotiva” que puede significar para el hombre el participar en el ascenso evolutivo hacia alturas futuras. El genetista Herman Muller se sobrecoge ante el armagedón biológico con que las mutaciones nos amenazan, pero todavía cree que éstas harán que evolucionemos hacia “alturas no soñadas.” El movimiento se demuestra andando, pero él no está dispuesto a dar un paso por medio de desear las mutaciones para sí. Dobzhansky dice que los esfuerzos del hombre por evolucionar hacia niveles superiores dan esperanza, dignidad y significado a la vida, y concluye: “Así, permítaseme repetir que la evolución otorga esperanza.”
Tal habla vacía no consuela a nadie. Sullivan, en “Limitations of Science,” muy bien dice: “Tan solo una creencia en que la vida tiene significado trascendental puede satisfacer nuestros impulsos religiosos.” (Págs. 149, 150) Si vamos a terminar en olvido eterno, nada realmente importa. Y si ése también es el final de nuestra grandiosa prole hipotética que ha de vivir a millones de años desde nuestro tiempo, la existencia de ella no tiene sentido. Por su filosofar vacío los evolucionistas buscan a tientas con qué acallar la necesidad inherente de creer en Dios. Tallan muletas nuevas para reemplazar las muletas de índole religiosa que han rechazado. Se niegan a afrontar esta verdad: esperar en Dios, o abandonar la esperanza.
La esperanza bíblica
En contraste, ¿qué esperanza nos da Dios? El hizo la Tierra para que durara para siempre, para que sea un paraíso eternamente, para que la habiten perpetuamente criaturas obedientes. (Eclesiastés 1:4; Isaías 45:18) La gente no hace relojes excelentes, ni construye edificios hermosos, ni planta bellísimos jardines simplemente para destruirlos. Tampoco fracasará el propósito que tuvo Dios al crear la Tierra y toda la vida que hay en ella. “Yo lo he ideado,” dice él, “y lo cumpliré.”—Isaías 46:11, “Sagrada Biblia,” ed. Herder.
El interés de Dios en la Tierra se demuestra por Su edicto respecto a los hombres que la están contaminando actualmente, y éste es “causar la ruina de los que están arruinando la tierra.” (Revelación 11:18) El reino de Dios bajo Cristo Jesús hará que se realicen las condiciones descritas en Revelación 21:3, 4: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos . . . Y él limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.”
La “esperanza” evolutiva es desesperanzada. Es olvido eterno. La esperanza bíblica es la de un futuro brillante de vida eterna en una Tierra paradisíaca. A cada persona le toca escoger. Antes que usted escoja, infórmese a plenitud.