Pablo: encarcelado pero no vencido
Pablo está preso en Roma por segunda vez. Sabe que su muerte está muy cerca (2Ti 4:6). Y, por si esto fuera poco, algunos de sus colaboradores, entre ellos Demas, lo han abandonado (2Ti 1:15; 4:10). Aun así, Pablo tiene motivos para estar feliz. Hay varios hermanos que lo apoyan con valor y sin avergonzarse (2Ti 4:21). Por ejemplo, Onesíforo lo buscó por toda Roma hasta que lo encontró (2Ti 1:16, 17). A pesar de estar en cadenas, Pablo no se siente vencido. Se concentra en la recompensa que le espera en el “Reino celestial” de Cristo (2Ti 4:8, 18). Hasta en este tiempo tan difícil, él no piensa en sí mismo, sino en otros. Desde la prisión le escribe a Timoteo su segunda carta inspirada, donde lo anima a mantenerse fiel (2Ti 1:7, 8; 2:3).
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