Referencias para el libro Seamos valientes al andar con Dios. Sección 1
© 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
CAPÍTULO 1
Andaba con Dios
w01 15/9 29 párr. 3
Enoc anduvo con Dios en medio de un mundo impío
Casi cuatro siglos antes del nacimiento de Enoc, en los días de Enós, “se dio comienzo a invocar el nombre de Jehová” (Génesis 4:26). Puesto que se había utilizado el nombre divino desde los inicios de la historia humana, lo que empezó en vida de Enós no estaba relacionado, claro está, con invocar a Jehová con fe y según la adoración pura. Algunos hebraístas afirman que Génesis 4:26 debería decir “empezó de manera profana” o “empezó la profanación”. Probablemente la gente empleaba el nombre de Dios para denominarse a sí misma o a las personas mediante las cuales intentaba adorar a Dios; o tal vez se asignaba a ídolos el nombre divino.
w06 1/10 19 párrs. 13
La fe y el temor de Dios nos infunden valor
13 Aprenderemos mucho acerca de la fe y el valor examinando el ejemplo de otro Testigo precristiano, Enoc. Puede que incluso antes de iniciar su carrera profética ya supiera que su fe y valor iban a ser sometidos a prueba. ¿Por qué decimos esto? Pues bien, Jehová había anunciado en el jardín de Edén que habría enemistad entre sus siervos y los del Diablo (Génesis 3:15). Y Enoc sabía que ese odio se había desatado en los comienzos de la historia, cuando Caín asesinó a su hermano Abel. No olvidemos que el padre de ellos, Adán, vivió hasta casi trescientos diez años después del nacimiento de Enoc (Génesis 5:3-18).
CAPÍTULO 2
Condenó al mundo
w12 15/4 23 párrs. 5-7
Jehová sabe librar a su pueblo
5 La Biblia señala que Jehová dictó en los cielos la sentencia que hallamos en Génesis 6:3: “No obrará mi espíritu para con el hombre por tiempo indefinido, ya que él también es carne. Por consiguiente, sus días tendrán que llegar a ser ciento veinte años”. ¿Estaba indicando con estas palabras el promedio de vida del ser humano? No. Más bien, lo que estaba dictaminando era cuándo intervendría para borrar la maldad de toda la Tierra. Dado que el Diluvio tuvo lugar en el año 2370 antes de nuestra era, es lógico concluir que Dios hizo esta declaración en el 2490. Para entonces, Noé ya tenía 480 años de edad (Gén. 7:6). Y dos décadas más tarde, en el 2470, nació el primero de sus tres hijos (Gén. 5:32). Faltaban unos cien años para que llegara el Diluvio, y Jehová aún no le había revelado a Noé que desempeñaría una función esencial en la supervivencia del género humano. ¿Cuánto esperó antes de decírselo?
6 Todo indica que Noé no supo lo que iba a hacer Dios sino hasta décadas después. ¿En qué nos basamos para afirmarlo? En la crónica inspirada, la cual señala que cuando se le mandó construir el arca, sus hijos ya eran adultos y estaban casados. Jehová le dijo: “Establezco mi pacto contigo; y tienes que entrar en el arca, tú y tus hijos y tu esposa y las esposas de tus hijos” (Gén. 6:9-18). Por ello, es posible que cuando Noé recibió la comisión de hacer el arca solo quedaran cuarenta o cincuenta años para el Diluvio.
7 Al ir avanzando la construcción, Noé y su familia deben de haberse preguntado cómo se realizaría el propósito divino y cuándo se desataría el Diluvio. Pero su desconocimiento de los detalles no les impidió terminar el arca. Dicen las Escrituras: “Noé procedió a hacer conforme a todo lo que le había mandado Dios. Hizo precisamente así” (Gén. 6:22). Fue tan solo siete días antes de comenzar la inundación —el tiempo justo para que Noé y su familia introdujeran a los animales en el arca— cuando Jehová le reveló la fecha exacta del Diluvio. De este modo, todo estuvo listo “en el año seiscientos de la vida de Noé, en el segundo mes, en el día diecisiete del mes”, el día en que “las compuertas de los cielos fueron abiertas” (Gén. 7:1-5, 11).
it “Noé” núm. 1 párr. 12
Noé
Rebelión de Nemrod. Noé fue el primer patriarca de la sociedad postdiluviana. (Gé 10:1-32.) Sin embargo, durante su vida la religión falsa resurgió, entonces entre aquellos que estaban bajo el liderazgo de Nemrod, como puede verse en su intento rebelde de edificar “una torre con su cúspide en los cielos” por temor a ser dispersados “por toda la superficie de la tierra”. Esta acción contravenía el mandato de Dios de ‘llenar la tierra’ y también era una rebelión contra la posición de Noé como profeta de Dios. Noé murió aproximadamente dos años antes del nacimiento de Abrahán. Por lo tanto, llegó a ver el juicio de Jehová contra los edificadores de la Torre de Babel, así como la dispersión de esos rebeldes sobre la superficie de la Tierra. Como ni Noé ni Sem participaron en la construcción de la torre, su idioma no fue confundido, sino que continuaron hablando el lenguaje original del hombre, aquel que Dios le había dado a Adán. (Gé 9:1, 28, 29; 11:1-9.)
CAPÍTULO 4
El primer hombre que peleó una guerra justa
it “Mar Salado” párr. 6
Mar Salado
Sodoma y Gomorra. Por lo general se cree que Sodoma y Gomorra estaban situadas cerca del extremo S. del mar Salado. Los reyes de esas ciudades estaban entre los que guerrearon en “la llanura baja de Sidim, es decir, el mar Salado”, lo que da a entender que la llanura baja de Sidim llegó a quedar cubierta por el mar Salado. (Gé 14:3.) La región de Sodoma y Gomorra donde Lot se estableció estaba ‘bien regada, como el jardín de Jehová’. (Gé 13:10-12.) Incluso hoy en día hay abundante vegetación en la llanura situada a lo largo de la costa sudoriental, y se puede cultivar trigo, cebada, dátiles y vides. Las grandes cantidades de betún y sal que se encuentran especialmente en esta zona meridional también encajan con el relato bíblico de Sodoma y Gomorra. (Gé 14:10; 19:24-26.)
it “Salem”
Salem
(Paz).
Ciudad antigua donde Melquisedec fue rey y sacerdote. (Gé 14:18.) La grafía hebrea de “Salem”, incorporada en el nombre Jerusalén, aparece en forma dual, por lo que podría definirse como “paz doble”. Las palabras inspiradas de Hebreos 7:2 confirman que ese término significa “Paz”.
La antigua tradición judía identifica a Salem con Jerusalén, y la Biblia apoya esta conclusión. Abrahán se encontró con el rey de Sodoma y con Melquisedec en la “llanura baja del Rey”. Puesto que fue allí donde Absalón, el hijo del rey David, erigió siglos más tarde un monumento, esta llanura baja debe haber estado cerca de Jerusalén, la capital del reino. (Gé 14:17, 18; 2Sa 18:18.) De hecho, la palabra “Salem” está incorporada en el nombre “Jerusalén”, y el salmista la usó en paralelo con “Sión”. (Sl 76:2.) Además, habría sido propio que Melquisedec fuese rey y sacerdote en el mismo lugar donde más tarde sirvieron los reyes de la línea davídica y el sacerdocio levítico, y donde se ofreció en sacrificio a Jesucristo, el escogido para ser rey y sacerdote “a la manera de Melquisedec”. (Heb 3:1; 7:1-3, 15-17.)
it “Sumo sacerdote” párrs. 27, 28
Sumo sacerdote
El sumo sacerdocio de Jesucristo. El libro bíblico de Hebreos dice que desde que Jesucristo resucitó y entró en el cielo, es un “sumo sacerdote a la manera de Melquisedec para siempre”. (Heb 6:20; 7:17, 21.) Para indicar la grandeza del sacerdocio de Cristo y su superioridad en contraste con el sacerdocio aarónico, el escritor muestra que Melquisedec ocupaba los puestos de rey y sacerdote por designación del Dios Altísimo, no por herencia. Cristo Jesús, que no era de la tribu de Leví, sino de la de Judá, y de la línea de David, no heredó su puesto por ser descendiente de Aarón, sino por nombramiento directo de Dios, como en el caso de Melquisedec. (Heb 5:10.) La promesa registrada en el Salmo 110:4: “Jehová ha jurado (y no sentirá pesar): ‘¡Tú eres sacerdote hasta tiempo indefinido a la manera de Melquisedec!’”, convierte a Cristo en un Rey-Sacerdote celestial. Pero Cristo, además, posee la autoridad del Reino debido a ser descendiente de David, el heredero del Reino prometido en el pacto davídico. (2Sa 7:11-16.) De manera que Jesucristo ejerce las funciones combinadas de rey y sacerdote al igual que Melquisedec.
La sobrepujante excelencia del sumo sacerdocio de Cristo se muestra también por el hecho de que Leví, el progenitor del sacerdocio judío, presentó diezmos a Melquisedec, pues estaba en los lomos de Abrahán cuando el patriarca dio un diezmo al rey-sacerdote de Salem. Además, según ese razonamiento, Leví también fue bendecido por Melquisedec, y la regla es que el menor es bendecido por el mayor. (Heb 7:4-10.) El apóstol también subraya con respecto a Melquisedec que estuvo “sin padre, sin madre, sin genealogía, sin tener principio de días ni fin de vida”, por lo que pudo representar el sacerdocio eterno de Jesucristo, quien ha sido resucitado a “una vida indestructible”. (Heb 7:3, 15-17.)
CAPÍTULO 5
Superó el desafío más difícil de su vida
it “Abrahán” párrs. 22
Abrahán
Historicidad. Jesús y sus discípulos aludieron a Abrahán más de setenta veces en sus conversaciones y escritos. En su ilustración del hombre rico y Lázaro, Jesús se refirió a Abrahán en sentido simbólico. (Lu 16:19-31.) Cuando sus opositores se jactaron de que eran prole de Abrahán, él en seguida hizo notar su hipocresía con las palabras: “Si son hijos de Abrahán, hagan las obras de Abrahán”. (Jn 8:31-58; Mt 3:9, 10.) No es, evidentemente, el linaje carnal lo que cuenta, sino que, como dijo el apóstol Pablo, la persona debe tener una fe como la de Abrahán para ser declarada justa. (Ro 9:6-8; 4:1-12.) Pablo también mostró que la verdadera descendencia de Abrahán era Cristo, junto con los que le pertenecen como “herederos respecto a una promesa”. (Gál 3:16, 29.) También habla de la bondad y hospitalidad de Abrahán para con los extraños, y no le pasa por alto en su larga lista de ilustres testigos de Jehová del capítulo 11 de Hebreos. Es Pablo quien explica que las dos mujeres de Abrahán —Sara y Agar— protagonizaron un drama simbólico que tenía que ver con los dos pactos de Jehová. (Gál 4:22-31; Heb 11:8.) Por otra parte, el escritor bíblico Santiago añade que Abrahán apoyó su fe con obras justas y, por lo tanto, se le conoció como “amigo de Jehová”. (Snt 2:21-23.)
g 5/12 18, recuadro
ABRAHÁN, UN PERSONAJE HISTÓRICO
● Unas tablillas de arcilla de principios del segundo milenio a.e.c. incluyen una lista de ciudades cuyos nombres son idénticos a los de algunos parientes de Abrahán. Entre ellas están Péleg, Serug, Nacor, Taré y Harán (Génesis 11:17-32).
● En Génesis 11:31 leemos que Abrahán y su familia emigraron de “Ur de los caldeos”, cuyas ruinas fueron descubiertas en el sureste de Irak. La Biblia también dice que su padre, Taré, murió en Harán, que al parecer se ubica en la actual Turquía. Además señala que su esposa, Sara, murió en Hebrón, una de las ciudades más antiguas del Medio Oriente que continúan habitadas (Génesis 11:32; 23:2).
ia 26 párrs. 4, 5
“El padre de todos los que tienen fe”
4 ¿Quién le enseñó a Abrahán acerca de Jehová? Bueno, sabemos que había algunos siervos fieles de Dios en aquellos días. Uno de ellos fue Sem. Aunque no era el mayor de los tres hijos de Noé, la Biblia suele mencionarlo en primer lugar, probablemente porque era un hombre de gran fe. De hecho, tiempo después del Diluvio, Noé se refirió a Jehová como “el Dios de Sem” (Gén. 9:26). Es obvio que Sem sentía un profundo respeto por Jehová y la religión verdadera.
5 Pero ¿conoció Abrahán a Sem en persona? Posiblemente. Imagínese a Abrahán de niño observando el sabio rostro de su anciano pariente. ¡Qué impresionado se debió sentir al saber que aquellos ojos habían presenciado más de cuatrocientos años de historia! Para empezar, Sem fue testigo de la maldad que existió antes del Diluvio y estuvo ahí cuando las aguas inundaron la Tierra. Más adelante, vio cómo se formaban las primeras naciones a medida que los seres humanos se fueron multiplicando. Incluso vivió durante los tenebrosos días del rebelde Nemrod, quien mandó construir la torre de Babel. Sem, por su parte, se mantuvo al margen de aquella rebelión. Así que, cuando Dios confundió las lenguas de los que sí participaron, Sem y su familia —que incluía a Abrahán— continuaron hablando el idioma original del hombre: la lengua de su padre, Noé. Sin duda, Abrahán sentía gran admiración por Sem. Y como este fiel anciano estuvo vivo durante la mayor parte de la larga vida de Abrahán, es probable que fuera él quien le habló de Jehová.
rr 20 párr. 18
“Dios aprobó sus ofrendas”
18 En su larga vida, Abrahán ofreció muchos sacrificios. Pero esos actos solemnes de adoración siempre fueron dirigidos al legítimo destinatario de nuestra adoración: Jehová (Gén. 12:8; 13:18; 15:8-10). ¿Y qué hay de la calidad? ¿Estaba Abrahán listo para darle a Jehová lo mejor? La respuesta quedó clarísima cuando Abrahán demostró que estaba dispuesto a sacrificar a su querido hijo, Isaac. En ese caso, Jehová le explicó con todo detalle el método que debía usar para presentar su sacrificio (Gén. 22:1, 2). Y Abrahán estuvo dispuesto a seguir las indicaciones al pie de la letra. Fue Jehová quien le impidió que matara a su hijo (Gén. 22:9-12). Jehová aceptó los actos de adoración de Abrahán porque sus motivos eran puros. “Abrahán puso su fe en Jehová —escribió Pablo— y fue considerado justo” (Rom. 4:3).
g88 8/4 25
“Como las estrellas de los cielos”
“Y de seguro multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar.” (Génesis 22:17.) Esta fue la promesa que Dios le hizo al patriarca Abrahán. Sin embargo, un número reciente de la publicación Bible Review advierte de un posible problema en este texto.
La Biblia es científicamente exacta al comparar el número de estrellas de los cielos con los miles de millones de granos de arena que hay en la orilla del mar. No obstante, parece que en tiempos antiguos se desconocía que pudiera haber miles de millones de estrellas. Bible Review explica: “En realidad, en el cielo no hay tantas estrellas que puedan verse a simple vista. Los astrónomos nos dicen que sin la ayuda de algún tipo de telescopio, solo podemos ver entre dos mil y cuatro mil estrellas, aun en una noche clara”. The World Book Encyclopedia menciona que “aproximadamente seis mil estrellas brillan lo suficiente como para que se las pueda ver sin telescopio”.
¿Cómo se explica, entonces, la notable exactitud de la Biblia al hacer esta comparación? Una explicación sería que la Biblia es “inspirada de Dios”. (2 Timoteo 3:16.) Sin embargo, en un intento de evitar esta conclusión, el artículo de Bible Review lanza la teoría de que... ¡quizás Abrahán fuese astrónomo! A esta sorprendente conjetura seguía la pregunta: “¿Pudieran los antiguos haber tenido telescopios que les mostraran las estrellas que no podían ver a simple vista?”. Para respaldar esta teoría, el artículo decía que algunos cristales descubiertos en Nínive y en otros lugares antiguos pudieron haber servido como lentes primitivas.
Sin embargo, no hay evidencia alguna de que en la antigüedad se utilizaran lentes como esas para la observación de las estrellas. Y aun en el caso de que esos telescopios antiguos hubieran existido, ¿qué evidencia hay de que Abrahán o el escritor de Génesis hubieran tenido uno? En realidad, la promesa de Dios a Abrahán es solo uno de los muchos ejemplos de la exactitud científica de la Biblia. Fue, al parecer, sin la ayuda de ningún telescopio que el profeta Jeremías formuló una observación igualmente exacta: “No puede contarse el ejército de los cielos, ni medirse la arena del mar”. (Jeremías 33:22.)
CAPÍTULO 6
Se lanzó a lo desconocido
it “Rebeca” párr. 4
Rebeca
El siervo de Abrahán reconoció que su oración había sido contestada, y le regaló a Rebeca una nariguera y dos hermosos brazaletes de oro (que hoy costarían unos 1.350 dólares [E.U.A.]). Ella se los enseñó a la casa de su madre y a su hermano Labán, quien a su vez mostró hospitalidad al visitante y a los servidores que estaban con él. (Gé 24:22-32.) No obstante, antes de comenzar a comer, el hombre comunicó su propósito. En respuesta, Labán y Betuel, su padre, dieron su consentimiento para que Rebeca se casase con Isaac. Luego, el siervo de Abrahán regaló a Rebeca y a su familia preciosos artículos de oro y plata, así como prendas de vestir finas, y después todos comieron juntos. (Gé 24:33-54.) Esta transacción constituyó un contrato matrimonial honorable, no entre Rebeca e Isaac, sino entre los padres de ambos, de acuerdo con la costumbre de la época. De esta forma Rebeca fue prometida a Isaac, y a partir de ese momento era su esposa a todos los efectos.
CAPÍTULO 8
Resistió la tentación
g 11/10 15 párr. 2
Un libro digno de confianza. Primera parte
Títulos y terminología. La exactitud histórica a menudo se manifiesta en los detalles: cosas como las costumbres, el protocolo, y los nombres y títulos de las autoridades. ¿Qué puede decirse a este respecto de Génesis y Éxodo, los dos primeros libros de la Biblia? En su obra New Light on Hebrew Origins (Descubrimientos recientes sobre los orígenes del hebreo), J. Garrow Duncan dice respecto al relato de Génesis sobre José, uno de los hijos del patriarca Jacob, y al libro bíblico de Éxodo: “[Su escritor] estaba totalmente familiarizado con el idioma, las costumbres, las creencias, la vida en la corte, el protocolo y la burocracia de los egipcios”. Y añade: “Utiliza el título correcto, tal como se usaba durante el período al que se hace referencia. [...] De hecho, nada prueba de forma más convincente el conocimiento detallado del mundo egipcio en el antiguo Testamento y la confiabilidad de los escritores que el uso de la palabra faraón en diferentes períodos”. Duncan afirma también: “Cuando [el escritor] lleva a sus personajes ante la presencia del faraón, les hace seguir el protocolo de la corte y utilizar el lenguaje adecuado”.
w07 1/6 28 párrs. 10
Los mayores: una bendición para los jóvenes
10 Los mayores también pueden influir para bien en sus hermanos cristianos. José, hijo de Jacob, realizó en su vejez un sencillo acto de fe que tuvo un profundo efecto en millones de siervos verdaderos de Jehová que vivieron después. Tenía 110 años cuando “dio mandato respecto a sus huesos”, a saber, que cuando los israelitas por fin abandonaran Egipto, se los llevaran con ellos (Hebreos 11:22; Génesis 50:25). Ese mandato fue para los israelitas un motivo más de esperanza durante los largos años de dura esclavitud que sufrieron tras la muerte de José, pues les garantizaba que un día vendría su liberación.
11 Entre los que se sintieron fortalecidos por la demostración de fe de José estuvo Moisés. A la edad de 80 años, él tuvo el privilegio de sacar aquellos huesos fuera de la tierra de Egipto (Éxodo 13:19). Para aquel tiempo conoció a Josué, un hombre mucho más joven que por los siguientes cuarenta años fue su servidor personal (Números 11:28). Josué lo acompañó al monte Sinaí y lo esperó hasta que descendió con las tablas del Testimonio (Éxodo 24:12-18; 32:15-17). ¡Qué gran caudal de buenos consejos y sabiduría debió hallar Josué en el anciano Moisés!
CAPÍTULO 9
Por su fe, protegieron a Moisés
it “Partera”
Partera
El término hebreo para “partera” es el participio femenino del verbo ya·ládh (alumbrar, dar a luz), y se refiere a la comadrona, la mujer que ayuda o asiste a la parturienta en el alumbramiento, corta el cordón umbilical y lava a la criatura. (Véase NACIMIENTO.) En tiempos antiguos frotaba al recién nacido con sal y lo envolvía en bandas de tela. (Eze 16:4.)
Tanto los amigos íntimos o parientes como las mujeres de más edad de la comunidad en ocasiones asistían en el alumbramiento, pero debido a que se necesita conocimiento especial, destreza y experiencia, sobre todo en los partos difíciles, solo unas pocas mujeres hacían de ello su profesión. En el caso del nacimiento de Benjamín, “mientras [Raquel] experimentaba dificultad en el parto”, la partera pudo asegurarle que tendría aquel hijo, aunque Raquel misma murió. (Gé 35:16-19.) Durante el complicado parto que tuvo Tamar al dar a luz gemelos —Pérez y Zérah—, la partera estuvo alerta para determinar quién sería el primogénito. Cuando Zérah “extendió la mano”, rápidamente le ató un marcador de color escarlata. Sin embargo, él retiró la mano y su hermano salió primero, lo que le provocó a Tamar una ruptura perineal. (Gé 38:27-30.)
Durante la esclavitud de los israelitas en Egipto, las parteras se encontraron en una situación muy crítica y peligrosa: el Faraón llamó a dos de ellas, Sifrá y Puá, y les mandó que dieran muerte a todos los hijos varones de los hebreos en cuanto nacieran. Probablemente estas dos mujeres eran las parteras principales y tenían la responsabilidad de transmitir las órdenes del rey a sus compañeras. No obstante, “las parteras temían al Dios verdadero, y no hacían como les había hablado el rey de Egipto, sino que conservaban vivos a los varoncitos”. Por esta razón el Faraón les pidió explicaciones cuando dijo: “¿Por qué han hecho esta cosa[?]”. A esto las parteras fingieron que el asunto estaba fuera de su control e insistieron en que las mujeres hebreas eran “vigorosas”, por lo que daban a luz ‘antes que la partera pudiera entrar a donde ellas’. (Éx 1:15-19.) Por haber temido a Jehová y haberse negado a cometer infanticidio, Jehová las bendijo y recompensó concediéndoles tener su propia familia. (Éx 1:20, 21.)
CAPÍTULO 10
Tomó la mejor decisión
it “Egipto, egipcio” párr. 28
Egipto, egipcio
Creencias con respecto a los muertos. En la religión egipcia se daba mucha importancia al cuidado de los muertos y a la preocupación por asegurar su bienestar y felicidad después del “cambio” o muerte. La creencia en la reencarnación o transmigración del alma fue una de las doctrinas más extendidas. Se creía que debía conservarse el cuerpo humano a fin de que el alma pudiese regresar y usarlo de vez en cuando. Los egipcios embalsamaban a sus muertos debido a esta creencia. La tumba en la que se colocaba al difunto momificado se consideraba el “hogar” del difunto. Las pirámides eran residencias colosales para los regios difuntos. Las necesidades y lujos de la vida, como joyas, ropa, muebles y suministros de alimento, se almacenaban en las tumbas para uso futuro del difunto, junto con sortilegios escritos y encantamientos (por ejemplo, el “Libro de los Muertos”) para protegerle de los espíritus inicuos. (GRABADO, vol. 1, pág. 533.) Sin embargo, estos encantamientos no los protegieron de los ladrones de tumbas, que con el tiempo saquearon casi todas las tumbas de cierta importancia.
it “Madián, madianitas” núm. 2 párrs. 1, 2
Madián, madianitas
2. A los descendientes de Madián, el hijo de Abrahán, se les llama de manera genérica “Madián” y “madianitas” (Nú 31:2, 3), aunque parece que la Biblia se refiere a ellos en algunas ocasiones como ismaelitas. (Compárese con Gé 37:25, 27, 28, 36; 39:1; Jue 8:22, 24.) Esto puede indicar que los descendientes de Abrahán por la línea de sus hijos Ismael y Madián tenían costumbres muy parecidas, y que tal vez ambos pueblos llegaron a unirse al casarse sus miembros entre sí. También parece ser que al menos a algunos de los quenitas se les conocía como madianitas, como, por ejemplo, Hobab, el cuñado de Moisés. Puesto que a los quenitas se les menciona como pueblo antes del nacimiento de Madián, debe entenderse que Hobab era madianita solo desde un punto de vista geográfico. (Gé 15:18, 19; Nú 10:29; Jue 1:16; 4:11; véanse ISMAELITAS; QUENITA.)
Siendo descendientes de Abrahán, es probable que la lengua madianita fuera muy parecida a la hebrea. Gedeón al parecer no tuvo ninguna dificultad en entender a los madianitas. (Jue 7:13-15; 8:18, 19.) Sin embargo, también es posible que hubiera aprendido ese idioma, pues Israel estuvo bajo dominación madianita durante siete años. (Jue 6:1.)
CAPÍTULO 11
“Preséntate ante el faraón”
g04 8/4 7-9
Moisés: ¿realidad o leyenda?
Moisés parte de Madián para presentarse ante Faraón y exigirle que libere al pueblo de Dios. Ante la negativa del terco soberano, Dios desata diez plagas devastadoras, la décima de las cuales —la muerte de los primogénitos de Egipto— doblega al monarca, quien deja partir a Israel (Éxodo, capítulos 5-13).
La mayoría de los lectores conocen bien estos sucesos. Pero ¿es histórico alguno de ellos? Hay quienes razonan que son ficticios, pues la narración no especifica de qué Faraón se trata. No obstante, Hoffmeier, erudito ya citado, destaca que los escribas egipcios no solían mencionar los nombres de los enemigos del monarca, y afirma: “De seguro, ningún estudioso negaría la historicidad de la campaña militar de Tuthmosis III en Meguidó porque no se indique cómo se llamaban los reyes de Qadés y Meguidó”. Además, agrega que Faraón probablemente permanece anónimo en el relato bíblico por “buenas razones teológicas”; entre ellas, porque de ese modo se centra la atención en Dios, y no en él.
Sea como fuere, hay críticos que rechazan un éxodo a gran escala de los judíos esclavizados. Por ejemplo, Homer W. Smith objetó que tal movimiento multitudinario “habría dejado claros ecos en la historia egipcia o siria [...]. Lo más probable es que la leyenda del éxodo sea una tergiversación fantasiosa de la huida a Palestina de una colectividad relativamente pequeña”.
Cierto es que en Egipto no encontramos ningún testimonio sobre el éxodo, pero aquel pueblo no dudaba en alterar los registros si herían su orgullo o contradecían sus intereses políticos. Por poner un caso, tras su ascensión al trono, Tuthmosis III se afanó por borrar la memoria de su predecesora, Hatshepsut. Como dice el egiptólogo John Ray, “se eliminaron sus inscripciones, se rodearon sus obeliscos con un muro y se olvidaron sus monumentos. Su nombre no aparece en los anales posteriores”. Hasta en tiempos modernos ha habido tentativas similares de manipular u ocultar hechos vergonzosos.
w14 15/4 8 párr. 1
¿Vemos a “Aquel que es invisible”?
EL FARAÓN era un poderoso gobernante. Los egipcios lo consideraban un dios. Según cierta obra, creían que “superaba en sabiduría y fuerza a todo otro ser” (When Egypt Ruled the East [Cuando Egipto gobernaba el Este]). Para que sus súbditos le temieran, llevaba una corona con la figura de una cobra lista para atacar: una advertencia de que los enemigos del rey serían aniquilados rápidamente. Podemos imaginar cómo se sintió Moisés cuando Jehová le dijo: “Déjame enviarte a Faraón, y saca tú de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Éx. 3:10).
it “Dioses y diosas” párrs. 24-26
Dioses y diosas
Las diez plagas. Por medio de las plagas con las que Jehová azotó a los egipcios, humilló a sus dioses y ejecutó juicio sobre ellos. (Éx 12:12; Nú 33:4; GRABADOS, vol. 2, pág. 530.) La primera plaga, la transformación del Nilo y de todas las aguas de Egipto en sangre, trajo deshonra sobre el dios-Nilo Hapi. La muerte de los peces en el Nilo también fue un golpe a la religión de Egipto, pues ciertas clases de peces se veneraban y hasta se momificaban. (Éx 7:19-21.) La rana, símbolo de fertilidad y resurrección para los egipcios, estaba consagrada a la diosa-rana Heqet. Por lo tanto, la plaga de las ranas humilló a esta diosa. (Éx 8:5-14.) La tercera plaga llevó a los sacerdotes practicantes de magia a reconocer su derrota cuando resultaron incapaces de convertir el polvo en jejenes por medio de sus artes ocultas. (Éx 8:16-19.) Al dios Thot se le atribuía la invención de la magia o las artes ocultas, pero ni siquiera este dios pudo ayudar a los sacerdotes practicantes de magia para que imitaran la tercera plaga.
La línea de demarcación entre los egipcios y los adoradores del Dios verdadero quedó trazada claramente a partir de la cuarta plaga. Aunque los enjambres de tábanos invadieron las casas de los egipcios, en la tierra de Gosén los israelitas no fueron afectados. (Éx 8:23, 24.) La siguiente plaga, la peste sobre el ganado, humilló a deidades como la diosa-vaca Hator, Apis y la diosa-cielo Nut, a la que se imaginaban como una vaca con las estrellas fijadas en su vientre. (Éx 9:1-6.) La plaga de diviesos supuso la deshonra de las deidades que, según se creía, poseían facultades curativas, como Thot, Isis y Ptah. (Éx 9:8-11.) La severa tormenta de granizo humilló a aquellos dioses que se pensaba que controlaban los elementos de la naturaleza, como por ejemplo: Reshpu, quien según se creía controlaba los relámpagos, y Thot, de quien se decía que tenía poder sobre la lluvia y el trueno. (Éx 9:22-26.) La plaga de langostas fue una derrota para los dioses que, según los egipcios, aseguraban una cosecha abundante, uno de los cuales era el dios de la fertilidad, Min, al que consideraban un protector de las cosechas. (Éx 10:12-15.) Entre las deidades que la plaga de oscuridad vejó estuvieron los dioses solares, como Ra y Horus, y también Thot, el dios de la Luna, que, según opinaban, era quien controlaba el Sol, la Luna y las estrellas. (Éx 10:21-23.)
La muerte del primogénito resultó en la máxima humillación para los dioses y las diosas egipcios. (Éx 12:12.) Los gobernantes de Egipto en realidad se llamaban a sí mismos dioses, los hijos de Ra o Amón-Ra. Se alegaba que Ra o Amón-Ra tenía coito con la reina. Por lo tanto, a su hijo se le consideraba un dios encarnado y era dedicado a Ra o Amón-Ra en su templo. De modo que la muerte del primogénito del faraón suponía en realidad la muerte de un dios. (Éx 12:29.) Este hecho en sí debió ser un golpe severo para la religión de Egipto, sin mencionar la completa impotencia de todas las deidades para salvar de la muerte a los primogénitos de los egipcios. (Véase AMÓN núm. 4.)
it “Éxodo” párrs. 46-51
Éxodo
Anchura y profundidad del lugar por donde pasaron. Puesto que Israel cruzó el mar en una noche, difícilmente se podría pensar que la división de las aguas dejó solo un canal estrecho. La anchura bien pudo haber sido de un kilómetro o más. Un grupo tan grande, con sus carros, su equipaje y su ganado, ocuparía una superficie de unos 8 Km.2, aunque avanzara en formación compacta. Parece, por lo tanto, que la abertura del mar permitió a los israelitas cruzar en una formación bastante ancha. Si la formación hubiera sido de 1,5 Km. de ancho, la columna israelita habría tenido unos 5 Km. de largo. Si el ancho hubiese alcanzado los 2,5 Km., su largo habría sido al menos de 3 Km. A una columna de estas dimensiones le hubiera tomado varias horas atravesar el lecho del mar. Mientras mantuvieran la formación de batalla y no fueran presa del pánico, avanzarían con considerable rapidez.
Si no hubiera sido por la nube, los egipcios los habrían alcanzado con facilidad y hubieran dado muerte a muchos. (Éx 15:9.) Cuando los israelitas entraron en el mar y la nube empezó a moverse hacia adelante para revelar este hecho a los egipcios, estos emprendieron la persecución. De nuevo se ve la necesidad de que el lecho seco del mar tuviese suficiente anchura, pues el tamaño de las fuerzas militares de Faraón era considerable. Concentrados en la destrucción y la recuperación de sus esclavos, todo el ejército se adentró en el lecho seco del mar. Luego, durante la vigilia matutina (de las dos a las seis de la mañana, aproximadamente), Jehová miró desde la nube y empezó a poner en confusión el campamento de los egipcios, quitando las ruedas de sus carros. (Éx 14:24, 25.)
Cuando se acercaba la mañana, los israelitas habían llegado a salvo a la orilla oriental del mar Rojo. Entonces Jehová le ordenó a Moisés que extendiera su mano para que las aguas retrocedieran sobre los egipcios. Con esto, “el mar empezó a volver a su estado normal” y los egipcios comenzaron a huir para no encontrarse con él. Este detalle también indica que las aguas se habían abierto con amplitud, porque un canal estrecho los habría engullido en un momento. Los egipcios huyeron de los muros de agua que los encerraban con la intención de ganar la orilla occidental, pero las aguas siguieron convergiendo hasta que se hicieron tan profundas que cubrieron todos los carros de guerra y a los soldados de caballería que pertenecían a las fuerzas militares de Faraón. No sobrevivió ni un egipcio.
Es obvio que sería imposible que una inundación de este tipo se produjera en una zona pantanosa, y más en caso de que fuera poco profunda, ya que los cuerpos muertos no habrían sido arrojados a la orilla, como en realidad sucedió, de manera que “Israel alcanzó a ver a los egipcios muertos en la orilla del mar”. (Éx 14:22-31; MAPA y GRABADO, vol. 1, pág. 537.)
Aguas “cuajadas”. De acuerdo con el relato bíblico, las aguas agitadas se cuajaron para permitir el paso de Israel. (Éx 15:8.) Aunque varias versiones indican que las aguas “se congelaron” (BC; CI; MK; Val, 1989), la mayoría de las traducciones (NC, NBE, Val y otras) emplean el verbo “cuajar”. Otras dicen que ‘se hicieron compactas’ (LT) o “se condensaron” (Ga). Este mismo verbo hebreo aparece en Job 10:10 con relación al proceso de cuajar la leche. Por consiguiente, la expresión mencionada no significa necesariamente que las paredes de agua se congelaron hasta solidificarse, sino que su consistencia cuajada bien pudo asemejarse a la de la gelatina. No había nada visible que contuviese las aguas del mar Rojo, por lo que daban la apariencia de estar endurecidas, cuajadas o espesadas, de manera que podían mantenerse como muros a cada lado de los israelitas, sin desplomarse sobre ellos y engullirlos. Así le parecieron a Moisés cuando un fuerte viento del E. dividió las aguas y secó el lecho para que no estuviera fangoso ni helado, sino que la multitud pudiera atravesarlo con facilidad.
El paso abierto en el mar tenía la suficiente anchura como para que unos tres millones de israelitas pudieran llegar a la orilla oriental a la mañana siguiente. Luego, las aguas cuajadas a ambos lados empezaron a volver a su estado normal, y arrollaron y sumergieron a los egipcios mientras Israel contemplaba desde la orilla oriental cómo Jehová libraba milagrosamente a una nación de manos de una potencia mundial. Vieron el cumplimiento literal de las palabras de Moisés: “Los egipcios que ustedes realmente ven hoy, no los volverán a ver, no, nunca jamás”. (Éx 14:13.)
w05 15/5 20-25
Conozcamos los caminos de Jehová
“Sírvete hacerme conocer [...] tus caminos, para que te conozca” (ÉXODO 33:13).
MOISÉS había crecido en la casa de Faraón, donde lo educaron conforme a la sabiduría que los nobles de Egipto valoraban. Ahora bien, él sabía que no era egipcio, sino que provenía de una familia hebrea. Cuando tenía cuarenta años, decidió salir a inspeccionar a sus hermanos, los hijos de Israel. Al ver que un hebreo era maltratado por un egipcio, no se mostró indiferente; de hecho, dio muerte a este último. Optó por ponerse del lado del pueblo de Jehová y pensó que Dios lo estaba usando para liberar a sus hermanos (Hechos 7:21-25; Hebreos 11:24, 25). Cuando este incidente llegó a saberse, la casa real egipcia lo consideró un delincuente, y tuvo que huir para seguir con vida (Éxodo 2:11-15). Si Moisés iba a ser utilizado por Jehová, tendría que familiarizarse más con Sus caminos. ¿Estaría dispuesto a aprender? (Salmo 25:9.)
2 Durante los siguientes cuarenta años, Moisés vivió en el exilio trabajando de pastor. En vez de amargarse porque parecía que sus hermanos hebreos no lo valoraban, se sometió a las circunstancias que Dios permitió. Y aunque estuvo muchos años sin recibir ningún tipo de reconocimiento público, dejó que Jehová lo moldeara. Bajo la influencia del espíritu santo de Dios, y no para ensalzarse, escribió más tarde: “El hombre Moisés era con mucho el más manso de todos los hombres que había sobre la superficie del suelo” (Números 12:3). Jehová utilizó a Moisés de manera extraordinaria. Si nosotros también buscamos la mansedumbre, Jehová nos bendecirá (Sofonías 2:3).
Recibe una comisión
3 Cierto día, Jehová habló con Moisés por medio de un ángel cerca del monte Horeb, en la península del Sinaí. Le dijo: “Indisputablemente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el clamor de ellos a causa de los que los obligan a trabajar; porque conozco bien los dolores que sufren. Y estoy procediendo a bajar para librarlos de la mano de los egipcios y para hacerlos subir de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel” (Éxodo 3:2, 7, 8). En relación con este propósito, Jehová tenía una misión para Moisés, pero debía hacerse a Su manera.
4 El ángel de Jehová añadió: “Ahora ven y déjame enviarte a Faraón, y saca tú de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel”. Ante esto, Moisés titubeó. No se sentía capacitado, y lo cierto es que por sí solo no lo estaba. Sin embargo, Jehová le aseguró: “Yo resultaré estar contigo” (Éxodo 3:10-12). Jehová facultó a Moisés para efectuar señales milagrosas que demostrarían que de verdad había sido enviado por Dios. Su hermano Aarón lo acompañaría como portavoz, y Jehová les indicaría lo que tendrían que decir y hacer (Éxodo 4:1-17). ¿Cumpliría Moisés fielmente con aquella comisión?
5 En un principio, los ancianos de Israel creyeron a Moisés y Aarón (Éxodo 4:29-31). Pero al cabo de poco tiempo, “los oficiales de los hijos de Israel” culparon a Moisés y a su hermano de hacerlos tener un “olor ofensivo” delante de Faraón y sus siervos (Éxodo 5:19-21; 6:9). Cuando los israelitas se alejaban de Egipto, se aterrorizaron al ver que los carros egipcios los perseguían. Sintiéndose acorralados frente al mar Rojo, le echaron la culpa a Moisés. ¿Qué habría hecho usted? Aunque los israelitas no tenían embarcaciones, Moisés hizo que levantaran el campamento por orden de Jehová. A continuación, Dios separó las aguas del mar Rojo, de modo que el lecho quedó seco para que Israel pudiera cruzar (Éxodo 14:1-22).
Una cuestión más importante que la liberación
6 En el momento de comisionar a Moisés, Jehová destacó la importancia del nombre divino. Era esencial respetar dicho nombre y a Aquel a quien representaba. Cuando Moisés le preguntó por su nombre, Jehová le respondió: “Yo resultaré ser lo que resultaré ser”. Además, Moisés tendría que decir a los hijos de Israel: “Jehová el Dios de sus antepasados, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes”. A esto Jehová añadió: “Este es mi nombre hasta tiempo indefinido, y este es la memoria de mí a generación tras generación” (Éxodo 3:13-15). Jehová sigue siendo el nombre por el cual conocen a Dios sus siervos en toda la Tierra (Isaías 12:4, 5; 43:10-12).
7 Moisés y Aarón presentaron su mensaje ante Faraón en el nombre de Jehová. Sin embargo, el soberano egipcio respondió con arrogancia: “¿Quién es Jehová, para que yo obedezca su voz y envíe a Israel? No conozco a Jehová en absoluto y, lo que es más, no voy a enviar a Israel” (Éxodo 5:1, 2). Aunque Faraón resultó ser un hombre mentiroso y duro de corazón, Jehová hizo que Moisés le llevara sus mensajes una y otra vez (Éxodo 7:14-16, 20-23; 8:1, 2, 20). Moisés veía que Faraón estaba enojado. ¿Sería conveniente enfrentarse a él de nuevo? Israel ansiaba su liberación, pero Faraón se mantenía inflexible. ¿Qué habríamos hecho nosotros en esa situación?
8 Moisés le transmitió a Faraón un mensaje más: “Esto es lo que ha dicho Jehová el Dios de los hebreos: ‘Envía a mi pueblo para que me sirva’”. Además, Dios le mandó decir: “Ya podría haber alargado mi mano para herirte a ti y a tu pueblo con peste y para que fueras raído de la tierra. Pero, en realidad, por esta causa te he mantenido en existencia, a fin de mostrarte mi poder y para que mi nombre sea declarado en toda la tierra” (Éxodo 9:13-16). Con el castigo que se proponía aplicar al insensible Faraón, Jehová demostraría su poder de tal modo que sirviera de advertencia a todo el que lo desafiara. Esto incluiría a Satanás el Diablo, aquel a quien Jesucristo llamó posteriormente “el gobernante del mundo” (Juan 14:30; Romanos 9:17-24). Tal como se predijo, el nombre de Jehová fue declarado en toda la tierra. Y gracias a la gran paciencia divina, los israelitas y una gran multitud mixta que decidió unirse a ellos para adorar a Dios conservaron la vida (Éxodo 9:20, 21; 12:37, 38). Desde entonces, la declaración del nombre de Jehová ha beneficiado a millones de personas que han abrazado la adoración verdadera.
Un pueblo difícil
9 Los hebreos conocían el nombre divino, y Moisés lo usó al hablar con ellos, pero no siempre mostraron el debido respeto por el Dueño de dicho nombre. Poco después de que Jehová los liberara milagrosamente de Egipto, vieron que no encontrarían agua potable fácilmente. ¿Y qué hicieron? Se pusieron a murmurar contra Moisés. Luego se quejaron de la comida. Moisés les advirtió que sus murmuraciones no eran solamente contra él y Aarón, sino contra Jehová (Éxodo 15:22-24; 16:2-12). En el monte Sinaí, en medio de fenómenos sobrenaturales, Jehová dio a los israelitas la Ley. Sin embargo, ellos fueron desobedientes y se hicieron un becerro de oro para adorarlo con la excusa de que estaban celebrando una “fiesta a Jehová” (Éxodo 32:1-9).
10 ¿Cómo iba a ocuparse Moisés de un pueblo al que Jehová mismo consideraba duro de cerviz? Moisés le rogó a Jehová: “Si he hallado favor a tus ojos, sírvete hacerme conocer, por favor, tus caminos, para que te conozca, a fin de que halle favor a tus ojos” (Éxodo 33:13). En nuestros días, los superintendentes cristianos pastorean un rebaño formado por siervos de Jehová mucho más humildes que los israelitas. Sin embargo, piden en oración algo parecido: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias sendas” (Salmo 25:4). Conocer los caminos de Jehová permite a los superintendentes resolver las situaciones de una manera que armonice con la Palabra y la personalidad de Jehová.
Qué espera Jehová de su pueblo
11 En el monte Sinaí, Jehová reveló verbalmente lo que esperaba de su pueblo, y después Moisés recibió dos tablas escritas con los Diez Mandamientos. Pero al bajar de la montaña y ver a los israelitas adorando al becerro fundido, Moisés arrojó al suelo con furia las tablas de piedra y las rompió. Jehová volvió a escribirle los Diez Mandamientos en otras tablas de piedra que el propio Moisés había preparado (Éxodo 32:19; 34:1). Estos mandamientos no eran diferentes de los primeros, y Moisés debía actuar de acuerdo con ellos. Dios también le recalcó la clase de persona que Él es para dejarle claro cuál era la conducta que se esperaba de él como representante de Jehová. Los cristianos no están bajo la Ley mosaica, pero lo que Jehová le dijo a Moisés contiene muchos principios fundamentales que no han cambiado y que siguen siendo aplicables a todos los que adoran a Jehová (Romanos 6:14; 13:8-10). Analicemos algunos.
12 Demos a Jehová devoción exclusiva. La nación de Israel estaba presente cuando Jehová declaró que exige devoción exclusiva (Éxodo 20:2-5). Los israelitas tenían muchas pruebas de que Jehová es el Dios verdadero (Deuteronomio 4:33-35). Jehová dejó claro que, sin importar lo que hicieran otras naciones, él no toleraría ninguna forma de idolatría ni espiritismo entre su pueblo. Su devoción a él no podía ser un simple formalismo. Todos tenían que amar a Jehová con todo el corazón, con toda el alma y con toda la fuerza vital (Deuteronomio 6:5, 6). Y ese amor debería reflejarse en su habla, su conducta y, en realidad, en todo aspecto de su vida (Levítico 20:27; 24:15, 16; 26:1). El mismo Jesucristo expuso claramente que Jehová exige devoción exclusiva (Marcos 12:28-30; Lucas 4:8).
13 Obedezcamos estrictamente los mandatos de Jehová. El pueblo de Israel necesitaba recordar que, al aceptar los términos del pacto con Jehová, habían hecho un voto de obediencia estricta a él. Disfrutaban de un amplio margen de libertad individual, pero en los asuntos en los que Jehová les había dado mandatos, debían obedecer estrictamente. Hacerlo sería una prueba de su amor a Dios y los beneficiaría a ellos y a su prole porque todos los requisitos de Jehová eran para su bien (Éxodo 19:5-8; Deuteronomio 5:27-33; 11:22, 23).
14 Demos prioridad a los asuntos espirituales. Los israelitas no debían dejar que la preocupación por satisfacer las necesidades físicas los llevara a descuidar las actividades espirituales. No debían ocupar su vida exclusivamente con los quehaceres cotidianos. De hecho, Jehová había designado cierto tiempo cada semana para utilizarlo con fines sagrados. En este período solo podían realizarse actividades relacionadas con la adoración del Dios verdadero (Éxodo 35:1-3; Números 15:32-36). Además, todos los años había que apartar algún tiempo para acudir a asambleas santas (Levítico 23:4-44). Estas proporcionarían oportunidades para relatar los hechos poderosos de Jehová, recordar Sus caminos y darle gracias por toda su bondad. Al expresar su devoción a Jehová, el pueblo crecería en temor piadoso y amor, y recibiría ayuda para andar en Sus caminos (Deuteronomio 10:12, 13). Los sanos principios que hay tras aquellas instrucciones también son beneficiosos para los siervos de Dios de hoy día (Hebreos 10:24, 25).
Comprendamos mejor las cualidades de Jehová
15 Una clara comprensión de las cualidades de Jehová también ayudaría a Moisés a tratar con el pueblo. Éxodo 34:5-7 dice que Dios fue pasando delante del rostro de Moisés y declarando: “Jehová, Jehová, un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad, que conserva bondad amorosa para miles, que perdona error y transgresión y pecado, pero de ninguna manera dará exención de castigo, que hace venir el castigo por el error de padres sobre hijos y sobre nietos, sobre la tercera generación y sobre la cuarta generación”. Dediquemos tiempo a meditar sobre estas palabras. Preguntémonos: “¿En qué consiste cada una de estas cualidades? ¿Cómo las ha demostrado Jehová? ¿Cómo pueden manifestarlas los superintendentes cristianos? ¿Cómo debe cada cualidad influir en nuestras acciones?”. Examinemos solo algunos ejemplos.
16 Jehová es “un Dios misericordioso y benévolo”. Si disponemos de la obra de consulta Perspicacia para comprender las Escrituras, ¿por qué no leemos lo que dice bajo “Misericordia”? También podemos buscar información en el Índice de las publicaciones Watch Tower o en el programa en CD-ROM Watchtower Library. Usemos una concordancia para encontrar textos bíblicos que hagan referencia a esta cualidad. Veremos que la misericordia de Jehová no solo suaviza en ocasiones el castigo, sino que incluye tierna compasión. Motiva a Dios a tomar medidas para aliviar a su pueblo. Como prueba de esto, Dios proporcionó a los israelitas sustento físico y espiritual durante su viaje hacia la Tierra Prometida (Deuteronomio 1:30-33; 8:4). Asimismo, mostró misericordia al perdonar sus errores. Es patente que Jehová fue misericordioso con su pueblo en la antigüedad. ¡Cuánto más deberían sus siervos de hoy día mostrarse compasión unos a otros! (Mateo 9:13; 18:21-35.)
17 La misericordia de Jehová va acompañada de la benevolencia. Si tiene un diccionario, busque la palabra benévolo. Compare la definición con los textos bíblicos que dicen que Jehová es benévolo. La Biblia indica que la benevolencia de Jehová incluye interés amoroso por los más desfavorecidos de entre su pueblo (Éxodo 22:26, 27). En cualquier nación, los inmigrantes, entre otros, se hallan en desventaja. Al enseñar a su pueblo a ser imparciales y bondadosos con tales personas, Jehová les recordó que ellos también habían sido forasteros en Egipto (Deuteronomio 24:17-22). ¿Qué se puede decir de nosotros, los siervos de Dios de la actualidad? La benevolencia nos ayuda a estar unidos y atrae a otras personas a la adoración de Jehová (Hechos 10:34, 35; Revelación [Apocalipsis] 7:9, 10).
18 Sin embargo, el interés bondadoso por las personas de otras naciones no debía eclipsar el amor de Israel por Jehová y por sus normas morales. Así pues, se enseñó a los israelitas a no adoptar prácticas de las naciones vecinas, como sus costumbres religiosas y estilos de vida inmorales (Éxodo 34:11-16; Deuteronomio 7:1-4). Eso también es aplicable en nuestro caso. Debemos ser un pueblo santo, tal como nuestro Dios, Jehová, es santo (1 Pedro 1:15, 16).
19 A fin de que Moisés comprendiera Sus caminos, Jehová dejó claro que, aunque no aprueba el pecado, es tardo para la cólera. Concede el tiempo suficiente para que la gente aprenda sus requisitos y los cumpla. Además, Jehová perdona el pecado cuando hay arrepentimiento, pero no exime a nadie del castigo que merecen los males graves. Advirtió a Moisés que lo que hiciera Israel podría afectar para bien o para mal a las generaciones futuras. Conocer los caminos de Jehová protege a sus siervos, pues evita que cometan la equivocación de pensar que Dios es lento o de culparlo por situaciones que ellos mismos se han acarreado.
20 Si deseamos profundizar nuestro conocimiento de Jehová y de sus caminos, sigamos estudiando la Biblia y meditando sobre lo que leemos. Examinemos cuidadosamente los diversos y fascinantes aspectos de la personalidad de Jehová. Analicemos con oración cómo imitar a Dios y amoldar nuestra vida más plenamente a su propósito. Hacerlo nos ayudará a evitar peligros, a tratar correctamente a nuestros hermanos en la fe y a ayudar a otras personas a conocer y amar a nuestro magnífico Dios.
CAPÍTULO 12
Luchó lealmente a favor de su Dios
w06 15/6 16 párrs. 1, 2
“Cuida de esta vid”
LOS doce espías exploraron la Tierra Prometida. Moisés les había dicho que observaran a los habitantes y que trajeran muestras del producto de la tierra. ¿Qué producto les llamó más la atención? Cerca de Hebrón encontraron una viña cuyas uvas eran tan grandes que se requirieron dos espías para cargar un solo racimo. Tan impresionante era la cosecha que los espías llamaron a aquella zona fértil “el valle torrencial de Escol”, o “Racimo [de Uvas]” (Números 13:21-24; nota).
Una persona que visitó Palestina en el siglo XIX informó: “En Escol, o valle de la Uva [...], aún abundan las vides, y las uvas son las mejores y más grandes de Palestina”. Aunque las vides de Escol eran sobresalientes, en tiempos bíblicos se producían buenas uvas en muchas regiones de Palestina. Los registros egipcios indican que los faraones importaban vino de Canaán.
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“Una tierra que mana leche y miel”
CUANDO Jehová Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, prometió llevarlos “a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel” (Éxodo 3:8).
Ya en la Tierra Prometida, los israelitas criaron vacas, ovejas y cabras, con lo que consiguieron un abundante suministro de leche. ¿Y qué hay de la miel? Hay quienes opinan que no se trataba de miel de abejas, sino de un jugo dulce y espeso elaborado con higos, dátiles o uvas. Por otra parte, la mayoría de las veces en que la Biblia menciona la miel se refiere en realidad a miel silvestre (Jueces 14:8, 9; 1 Samuel 14:27; Mateo 3:1, 4). Entonces, ¿de veras había una abundancia de miel en Israel?
La incógnita quedó aclarada recientemente, cuando se desenterró un colmenar de miles de años de antigüedad. Citando al profesor Amihai Mazar, la Universidad Hebrea emitió un comunicado sobre el hallazgo que decía: “Se trata del apiario más antiguo hallado hasta ahora en un yacimiento en Oriente Próximo [...]. Data de entre el siglo X y principios del IX antes de la era común”.
El equipo de arqueólogos encontró más de treinta colmenas repartidas en tres hileras, y es probable que el lugar albergara unas cien en total. También se hallaron restos de abejas y moléculas de cera. Los expertos consideran que “allí se podía producir hasta media tonelada de miel anualmente”.
En la antigüedad, la miel de abeja era un alimento muy valorado. La cera, por su parte, se empleaba en la industria del cuero y del metal. También se utilizaba para crear materiales de escritura: sobre una tablilla de madera se aplicaba una fina capa de cera, que podía derretirse y volverse a usar. Ahora bien, ¿a qué conclusión llegaron los arqueólogos tras el descubrimiento del colmenar?
“Aunque la Biblia no dice que en aquella época se practicara la apicultura en Israel —afirma el comunicado—, el descubrimiento de los colmenares de Tel Rehov indica que la industria de la apicultura y los métodos de extracción de miel y panales de abeja ya habían avanzado mucho para el período del primer templo [el de Salomón]. Así que es posible que el término miel en la Biblia sí se refiera a la producida por abejas.”
w04 15/10 17 párrs. 11, 12
“Ve de un sitio a otro en la tierra”
11 Los mapas se usan para encontrar lugares, pero ¿cree usted que podrían ayudarnos a entender cómo piensa la gente? Tomemos como ejemplo a los israelitas que se dirigieron a la Tierra Prometida desde el monte Sinaí. Tras algunas paradas en el camino, por fin llegaron a Qadés (o Qadés-barnea). Deuteronomio 1:2 dice que se necesitaban once días para cubrir esta distancia de unos 270 kilómetros. Desde allí, Moisés envió a los doce espías a la Tierra Prometida (Números 10:12, 33; 11:34, 35; 12:16; 13:1-3, 25, 26). Los espías se dirigieron hacia el norte atravesando el Négueb, probablemente pasaron por Beer-seba y luego por Hebrón, para alcanzar los límites septentrionales de la Tierra Prometida (Números 13:21-24). Por hacer caso del informe desalentador de los diez espías, los israelitas tuvieron que vagar cuarenta años por el desierto (Números 14:1-34). ¿Qué revela este incidente respecto a su fe y su disposición a confiar en Jehová? (Deuteronomio 1:19-33; Salmo 78:22, 32-43; Judas 5.)
12 Reflexione en este asunto desde un punto de vista geográfico. Si los israelitas hubieran ejercido fe y hubieran seguido el consejo de Josué y Caleb, ¿habrían tenido que viajar mucho para llegar a la Tierra Prometida? Qadés estaba a unos 16 kilómetros del lugar donde habían residido Isaac y Rebeca, Beer-lahai-roí, el cual se hallaba a menos de 95 kilómetros de Beer-seba, la ciudad que constituía el límite meridional de la Tierra Prometida (Génesis 24:62; 25:11; 2 Samuel 3:10). Si tenemos en cuenta que habían viajado desde Egipto hasta el monte Sinaí y desde allí habían recorrido 270 kilómetros hasta Qadés, podría decirse que estaban a las puertas de la Tierra Prometida. En nuestro caso, estamos en el umbral del prometido Paraíso terrestre. ¿Qué lección nos enseña este relato? El apóstol Pablo enlazó lo ocurrido a los israelitas con este consejo: “Hagamos, por lo tanto, lo sumo posible para entrar en ese descanso, por temor de que alguien caiga en el mismo modelo de desobediencia” (Hebreos 3:16-4:11).
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La fe y el temor de Dios nos infunden valor
11 La fe verdadera no es estática, sino que crece a medida que vivimos la verdad y vamos ‘gustando’ los beneficios de la conducta cristiana, ‘viendo’ las respuestas a nuestras oraciones y percibiendo de otras maneras que Jehová dirige nuestros pasos (Salmo 34:8; 1 Juan 5:14, 15). Estamos seguros de que la fe de Josué y Caleb se fortaleció al constatar por sí mismos la bondad de Dios (Josué 23:14). Tan solo pensemos en lo siguiente: en conformidad con la promesa divina, habían sobrevivido cuatro décadas en el desierto (Números 14:27-30; 32:11, 12). Luego se les había dejado participar activamente en la conquista de Canaán los siguientes seis años. Ahora, por fin podían disfrutar de larga vida, buena salud e incluso de sus propias tierras. ¡Qué generoso es Jehová al recompensar a quienes le sirven con valor y lealtad! (Josué 14:6, 9-14; 19:49, 50; 24:29.)
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La fe y el temor de Dios nos infunden valor
EN EL año 1473 antes de nuestra era, la nación de Israel estaba lista para entrar en la Tierra Prometida. Como bien indicó Moisés, haría frente a dificultades: “Hoy vas a cruzar el Jordán para entrar y desposeer a naciones más grandes y más fuertes que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta los cielos, un pueblo grande y alto, los hijos de los anaquim, acerca de quienes [...] has oído decir: ‘¿Quién puede mantenerse firme delante de los hijos de Anaq?’” (Deuteronomio 9:1, 2). En efecto, el tamaño de aquellos guerreros era proverbial. Y algunos ejércitos cananeos estaban muy bien equipados, pues disponían de caballería y de carros armados con hoces en las ruedas (Jueces 4:13).
2 Por otro lado, la nación de Israel había vivido en esclavitud y acababa de pasar cuarenta años en el desierto. Humanamente hablando, las probabilidades de derrotar a los cananeos eran muy pocas. No obstante, Moisés tenía fe; podía ‘ver’ a Jehová dirigiéndolos (Hebreos 11:27). Por eso le dijo al pueblo: “Jehová tu Dios va a cruzar delante de ti. [...] Él los aniquilará, y él mismo los sojuzgará delante de ti” (Deuteronomio 9:3; Salmo 33:16, 17). Después de la muerte de Moisés, Jehová volvió a prometer su apoyo a Josué: “Levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que les voy a dar a ellos, a los hijos de Israel. Nadie se plantará con firmeza delante de ti en todos los días de tu vida. Tal como resulté estar con Moisés resultaré estar contigo” (Josué 1:2, 5).
3 Para recibir el apoyo y la dirección de Jehová, Josué tenía que leer la Ley de Dios, meditarla y aplicarla en su vida. Si así lo hacía, contaba con la siguiente garantía divina: “Entonces tendrás éxito en tu camino y entonces actuarás sabiamente. ¿No te he dado orden yo? Sé animoso y fuerte. No sufras sobresalto ni te aterrorices, porque Jehová tu Dios está contigo adondequiera que vayas” (Josué 1:8, 9). Josué escuchó a Dios; por ello fue animoso y fuerte y cosechó grandes éxitos. Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas de su edad no hicieron caso a Jehová, de modo que fracasaron y murieron en el desierto.
Un pueblo incrédulo y cobarde
4 Cuarenta años antes, cuando Israel se acercaba por primera vez a Canaán, Moisés envió a doce hombres a espiar la tierra. Diez de ellos regresaron asustados y se pusieron a decir: “Toda la gente que vimos en medio de ella son hombres de tamaño extraordinario. Y allí vimos a los nefilim, los hijos de Anaq, que son de los nefilim; de modo que llegamos a ser a nuestros propios ojos como saltamontes”. Pero ¿era “toda la gente” tan gigantesca como los anaquim? De ningún modo. ¿Y eran los anaquim descendientes de los nefilim antediluvianos? ¡Claro que no! Lo cierto es que, a consecuencia de estas exageraciones, cundió el pánico en el campamento y la gente hasta quería volverse a Egipto, donde había vivido en esclavitud (Números 13:31-14:4).
5 Sin embargo, los otros dos espías, Josué y Caleb, estaban deseosos de entrar en la Tierra Prometida, de modo que dijeron: “[Los cananeos] son pan para nosotros. Su amparo se ha apartado de sobre ellos, y Jehová está con nosotros. No los teman” (Números 14:9). ¿Se trataba acaso de ciego optimismo? Ni mucho menos. Al igual que el resto de la nación, ellos habían visto cómo Jehová humillaba con las diez plagas al poderoso Egipto y sus dioses; y luego habían contemplado cómo ahogaba a Faraón y sus ejércitos en el mar Rojo (Salmo 136:15). Es obvio que el miedo de los diez espías y de quienes les hicieron caso carecía de justificación. De ahí que Jehová expresara cuánto le dolía esa actitud: “¿Hasta cuándo me tratará sin respeto este pueblo, y hasta cuándo no pondrán fe en mí por todas las señales que he ejecutado en medio de ellos?” (Números 14:11).
6 Jehová señaló directamente la raíz del problema: la cobardía del pueblo se debía a la falta de fe. Ciertamente, la fe y el valor van de la mano; tanto es así que el apóstol Juan escribió lo siguiente acerca de la congregación cristiana y su lucha espiritual: “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). En tiempos modernos, una fe comparable a la de Josué y Caleb ha permitido que los testigos de Jehová prediquemos las buenas nuevas del Reino, sin importar que seamos jóvenes o ancianos, fuertes o débiles. No ha habido un solo enemigo capaz de acallar a este ejército lleno de fuerza y valentía (Romanos 8:31).
No nos ‘retraigamos’
7 Hoy, los siervos de Jehová predicamos con valor las buenas nuevas porque tenemos la misma actitud que Pablo, quien escribió: “No somos de la clase que se retrae para destrucción, sino de la clase que tiene fe que resulta en conservar viva el alma” (Hebreos 10:39). Cuando el apóstol habla de ‘retraerse’, no se refiere a un temor pasajero, pues muchos siervos fieles de Dios han sentido a veces miedo (1 Samuel 21:12; 1 Reyes 19:1-4). Más bien, como explica un diccionario bíblico, Pablo utiliza un verbo que significa “retroceder, retirarse”, “ser remiso en mantener la verdad”, y pudiera aludir a una metáfora basada en la técnica de “arriar una vela y por ello reducir la velocidad” en el servicio a Dios. Claro, las personas firmes en la fe ni siquiera se plantean “reducir la velocidad” ante la persecución, la mala salud o cualquier otra dificultad. Más bien, continúan sirviendo a Jehová, conscientes de que él las ama muchísimo y de que conoce a la perfección lo limitadas que están (Salmo 55:22; 103:14). ¿Tiene usted una fe así?
8 En cierta ocasión, los apóstoles vieron que les faltaba fe, y por ello le pidieron a Jesús: “Danos más fe” (Lucas 17:5). Aquella súplica sincera recibió respuesta, particularmente el día de Pentecostés del año 33, al descender sobre los discípulos el espíritu santo prometido y concederles un mayor entendimiento de la Palabra y el propósito de Dios (Juan 14:26; Hechos 2:1-4). Así, con su fe fortalecida, los discípulos emprendieron una campaña de predicación que superaría la hostilidad que afrontaban y difundiría las buenas nuevas por “toda la creación que está bajo el cielo” (Colosenses 1:23; Hechos 1:8; 28:22).
9 Si queremos que nuestra fe crezca y nos permita seguir en el ministerio, nosotros también debemos leer y meditar las Escrituras, y pedirle a Jehová espíritu santo. Al igual que Josué, Caleb y los primeros cristianos, hemos de tener grabada la verdad divina en nuestra mente y corazón. Solo así contaremos con la fe que nos dará el valor necesario para perseverar en la lucha espiritual hasta obtener el triunfo (Romanos 10:17).
La fe no es solo cuestión de creer
10 Como mostraron los fieles de la antigüedad, la fe que produce valor y perseverancia implica más que creer en Dios (Santiago 2:19). Exige conocer a Jehová como persona y confiar plenamente en él (Salmo 78:5-8; Proverbios 3:5, 6). Significa creer de todo corazón que lo mejor en la vida es seguir las leyes y principios divinos (Isaías 48:17, 18). La fe también implica tener la certeza absoluta de que Jehová cumplirá todas sus promesas y será “remunerador de los que le buscan solícitamente” (Hebreos 11:1, 6; Isaías 55:11).
11 La fe verdadera no es estática, sino que crece a medida que vivimos la verdad y vamos ‘gustando’ los beneficios de la conducta cristiana, ‘viendo’ las respuestas a nuestras oraciones y percibiendo de otras maneras que Jehová dirige nuestros pasos (Salmo 34:8; 1 Juan 5:14, 15). Estamos seguros de que la fe de Josué y Caleb se fortaleció al constatar por sí mismos la bondad de Dios (Josué 23:14). Tan solo pensemos en lo siguiente: en conformidad con la promesa divina, habían sobrevivido cuatro décadas en el desierto (Números 14:27-30; 32:11, 12). Luego se les había dejado participar activamente en la conquista de Canaán los siguientes seis años. Ahora, por fin podían disfrutar de larga vida, buena salud e incluso de sus propias tierras. ¡Qué generoso es Jehová al recompensar a quienes le sirven con valor y lealtad! (Josué 14:6, 9-14; 19:49, 50; 24:29.)
12 La bondad amorosa con que Dios trató a Josué y Caleb nos trae a la memoria las siguientes palabras del salmista: “Has engrandecido tu dicho aun sobre todo tu nombre” (Salmo 138:2). Así es: cuando Jehová vincula su nombre a una promesa, el cumplimiento de dicha promesa queda “engrandecido”, pues supera toda expectativa (Efesios 3:20). Como vemos, Jehová nunca defrauda a quienes se ‘deleitan’ en él (Salmo 37:3, 4).
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¿Está siguiendo a Jehová plenamente?
“LOS justos son como un león joven que tiene confianza.” (Proverbios 28:1.) Ejercen fe, confían plenamente en la Palabra de Dios y progresan con denuedo en el servicio a Jehová ante cualquier peligro.
Durante el tiempo que los israelitas permanecieron en Sinaí, después que Dios los liberó del yugo egipcio, en el siglo XVI a.E.C., dos hombres mostraron de manera especial que tenían la confianza del león. También fueron leales a Jehová en condiciones adversas. Uno de ellos fue el efraimita Josué, el siervo de Moisés que posteriormente fue nombrado su sucesor. (Éxodo 33:11; Números 13:8, 16; Deuteronomio 34:9; Josué 1:1, 2.) El otro fue Caleb, hijo de Jefuné, de la tribu de Judá. (Números 13:6; 32:12.)
Caleb hizo la voluntad de Jehová con celo y lealtad. Su larga vida de servicio fiel a Dios le permitió afirmar que ‘había seguido a Jehová plenamente’. (Josué 14:8.) “Yo me mantuve plenamente fiel a Yahvéh, mi Dios”, dice la versión de Serafín de Ausejo (1975). Caleb ‘cumplió su deber, obedeciendo al Señor su Dios’, o ‘cumplió la voluntad’ de Jehová Dios. (Agustín Magaña; Serafín de Ausejo [1964].) Expresado de otro modo, Caleb dijo: “Yo seguí a Jehová mi Dios con integridad”. (Reina-Valera Actualizada.) ¿Qué se puede decir de usted? ¿Está siguiendo a Jehová plenamente?
Se espía la Tierra
Imagínese que es uno de los israelitas que Jehová acaba de liberar de la esclavitud a los egipcios. Vea cómo sigue fielmente las instrucciones divinas el profeta Moisés. Observe también la confianza de Caleb en que Jehová está con su pueblo.
Es el segundo año después del éxodo de Egipto, y los israelitas acampan en Qadés-barnea, en el desierto de Parán. Se han asentado a la entrada de la Tierra Prometida. Moisés envía a los doce espías, tal como Dios le ha mandado. Les dice: “Suban acá al Négueb, y tienen que subir a la región montañosa. Y tienen que ver lo que es la tierra y la gente que está morando en ella, si es fuerte o débil, si es poca o mucha; y lo que es la tierra en que está morando, si es buena o mala, y lo que son las ciudades en que está morando, si es en campamentos o en fortificaciones; y lo que es el terreno, si es pingüe o enjuto, si hay árboles en él o no. Y tienen que mostrarse animosos y tomar algo del fruto de la tierra”. (Números 13:17-20.)
Los doce hombres inician el peligroso viaje. La expedición dura cuarenta días. En Hebrón ven a hombres de gran estatura. En el valle de Escol advierten la productividad de la tierra y deciden llevar de regreso algo de su fruto. Un racimo de uvas pesa tanto que se necesitan dos hombres para llevarlo colgado de una barra. (Números 13:21-25.)
De regreso en el campamento israelita, los espías informan: “Entramos en la tierra a la cual nos enviaste, y verdaderamente mana leche y miel, y este es su fruto. Sin embargo, la realidad es que la gente que mora en la tierra es fuerte, y las ciudades fortificadas son muy grandes; y, también, a los nacidos de Anaq vimos allí. Los amalequitas están morando en la tierra del Négueb, y los hititas y los jebuseos y los amorreos están morando en la región montañosa, y los cananeos están morando junto al mar y al lado del Jordán”. (Números 13:26-29.) Diez espías no están dispuestos a acatar las órdenes de Dios de ponerse en marcha hacia la Tierra Prometida.
“Jehová está con nosotros”
Sin embargo, Caleb, el valiente espía, confía en Jehová y trata de animarlos: “Subamos directamente, y de seguro tomaremos posesión de ella, porque ciertamente podemos prevalecer sobre ella”. Sin embargo, los diez espías discrepan, y alegan que los habitantes de Canaán son más fuertes que los israelitas. Con mucho temor y falta de fe, estos espías se ven a su lado como meros saltamontes. (Números 13:30-33.)
“Jehová está con nosotros. No los teman”, exhortan Caleb y Josué. Sus palabras caen en oídos sordos. Cuando la gente habla de apedrearlos, Dios interviene y dicta sentencia sobre los murmuradores: “No entrarán en la tierra en la que alcé la mano [en juramento] para residir con ustedes, salvo Caleb hijo de Jefuné y Josué hijo de Nun. Y a los pequeñuelos de ustedes [...] ciertamente introduciré, y ellos verdaderamente conocerán la tierra que ustedes han rechazado. [...] Y sus hijos llegarán a ser pastores en el desierto cuarenta años, [...] hasta que los cadáveres de ustedes se acaben en el desierto. Por el número de los días que ustedes espiaron la tierra, cuarenta días, un día por un año, un día por un año, ustedes responderán por sus errores cuarenta años”. (Números 14:9, 30-34.)
Años más tarde continúa fiel
Transcurren los cuarenta años de la sentencia, y la muerte reclama a toda la generación de murmuradores. Pero Caleb y Josué continúan fieles a Dios. En las llanuras de Moab, Moisés y Eleazar, el sumo sacerdote, hacen el censo de los hombres que están en edad militar, de 20 años de edad para arriba. Dios nombra a un hombre de cada tribu, y a los nombrados les confía la distribución de la Tierra Prometida. Entre ellos están Caleb, Josué y Eleazar. (Números 34:17-29.) Aunque ahora tiene 79 años, Caleb sigue siendo fuerte, leal y valiente.
Cuando Moisés y Aarón hicieron el censo del pueblo en el Sinaí, poco antes de que los israelitas rehusaran atemorizados entrar en la tierra de Canaán, los hombres de guerra de Israel eran 603.550. Pero después de pasar cuatro décadas en el desierto, cuentan con un ejército más reducido de 601.730 guerreros. (Números 1:44-46; 26:51.) Sin embargo, con Josué a la cabeza y el fiel Caleb entre sus filas, los israelitas entran en la Tierra Prometida y obtienen una victoria tras otra. Jehová consigue las victorias de su pueblo, tal como Josué y Caleb siempre habían esperado.
Tras cruzar el Jordán con los hombres de guerra de Israel, Josué y Caleb, aunque han envejecido, cumplen con su responsabilidad en las batallas. Sin embargo, tras seis años de guerras, aún queda mucho territorio por ocupar. Jehová expulsará a sus habitantes, pero ahora decreta que se reparta proporcionalmente la tierra entre las tribus de Israel. (Josué 13:1-7.)
Siguió a Jehová plenamente
Caleb, veterano de muchas batallas, se pone de pie delante de Josué y dice: “Cuarenta años de edad tenía yo cuando Moisés el siervo de Jehová me envió desde Qadés-barnea para espiar la tierra, y vine trayéndole palabra de vuelta tal como se hallaba en mi corazón. Y mis hermanos que subieron conmigo hicieron que el corazón del pueblo se derritiera; pero en cuanto a mí, yo seguí plenamente a Jehová mi Dios”. (Josué 14:6-8.) Sí, Caleb ha seguido plenamente a Jehová, haciendo fielmente la voluntad de Dios.
“En consecuencia —añade Caleb—, Moisés juró en aquel día, y dijo: ‘La tierra en que ha pisado tu pie llegará a ser tuya y de tus hijos como herencia hasta tiempo indefinido, porque has seguido plenamente a Jehová mi Dios’. Y ahora sucede que Jehová me ha conservado vivo, tal como prometió, estos cuarenta y cinco años desde que Jehová hizo esta promesa a Moisés cuando Israel andaba en el desierto, y ahora me veo aquí hoy con ochenta y cinco años de edad. Sin embargo, hoy me hallo tan fuerte como el día en que Moisés me envió. Como era mi poder entonces, así es mi poder ahora para la guerra, tanto para salir como para entrar. Y ahora dame, sí, esta región montañosa que Jehová prometió en aquel día, porque tú mismo oíste en aquel día que había anaquim allí y grandes ciudades fortificadas. Probablemente Jehová estará conmigo, y ciertamente los desposeeré, tal como Jehová prometió”. Entonces, Caleb recibe Hebrón por herencia. (Josué 14:9-15.)
El anciano Caleb tiene la asignación más difícil, una región en la que viven hombres de estatura descomunal. No obstante, esta no es una tarea demasiado complicada para este guerrero de 85 años. Andando el tiempo, se vence a los peleones que habitaban en Hebrón. El juez Otniel, hijo del hermano menor de Caleb, captura Debir. Más tarde, los levitas ocupan ambas ciudades, y Hebrón se convierte en ciudad de refugio para los homicidas involuntarios. (Josué 15:13-19; 21:3, 11-16; Jueces 1:9-15, 20.)
Siga siempre a Jehová plenamente
Caleb y Josué eran humanos imperfectos. No obstante, hicieron fielmente la voluntad de Jehová. Su fe no menguó durante los cuarenta años de vida difícil en el desierto que fueron consecuencia de la desobediencia de Israel a Dios. Del mismo modo, los siervos de Jehová hoy día no permiten que nada interfiera en su servicio de alabanza a Dios. Conscientes de la lucha que existe entre la organización de Dios y Satanás el Diablo, se mantienen firmes, procurando siempre agradar al Padre celestial en todas las cosas.
Por ejemplo, muchos testigos de Jehová han corrido el riesgo de ser maltratados brutalmente y hasta morir por celebrar la Cena del Señor, o Conmemoración de la muerte de Jesucristo. (1 Corintios 11:23-26.) Una cristiana confinada en un campo de concentración nazi durante la II Guerra Mundial dijo al respecto:
“A todos se les dijo que estuvieran en la lavandería a las once de la noche. A las once en punto estábamos reunidos, 105 en total. Nos mantuvimos de pie juntos en círculo, y en el centro había un taburete con un paño blanco y los emblemas. Una vela alumbraba el cuarto, ya que la luz eléctrica podría delatarnos. Nos sentíamos como los cristianos primitivos en las catacumbas. Fue una fiesta solemne. Expresamos nuevamente a nuestro Padre nuestros votos fervientes de usar todas nuestras fuerzas para la vindicación de Su santo nombre, para permanecer fielmente a favor de La Teocracia”.
A pesar de que se nos persiga como siervos de Jehová, podemos confiar en la fortaleza que Dios nos da para servirle con denuedo y así honrar su santo nombre. (Filipenses 4:13.) Puesto que deseamos agradar a Jehová, nos conviene recordar a Caleb. Su ejemplo de seguir a Jehová plenamente dejó una huella profunda en un joven que se inició en la predicación de tiempo completo en 1921. Él escribió:
“Aunque hacerme precursor implicó dejar un buen trabajo en una imprenta moderna de Coventry (Inglaterra), no me arrepentí de hacerlo. Mi dedicación no me permitía hacer menos; mi vida estaba dedicada a Dios. Recordé a Caleb, que entró en la Tierra Prometida con Josué y de quien se dijo: ‘Siguió plenamente a Jehová’. (Jos. 14:8.) Esta me pareció la mejor decisión. Sabía que servir a Jehová ‘plenamente’ daría mayor significado a mi vida dedicada a Dios; me daría más oportunidad de producir el fruto que identifica al cristiano”.
Sin duda, Caleb fue bendecido por seguir con lealtad a Jehová plenamente, procurando siempre hacer la voluntad divina. Igual que él, otros han disfrutado de grandes bendiciones en el servicio a Dios. Que usted disfrute del mismo galardón por seguir a Jehová plenamente.
CAPÍTULO 13
Siguió instrucciones extrañas
w09 1/12 17 párr. 4, nota
Él quiere que nos vaya bien
Para que así fuera, Jehová le aconsejó lo siguiente: “Cuid[a] de hacer conforme a toda la ley que Moisés mi siervo te mandó” (versículo 7). En efecto, Josué podría encontrar fuerza y valor en los libros de la Biblia que ya se habían escrito para aquella época. Ahora bien, no era suficiente con poseer aquellos libros; si quería obtener verdadero provecho, tenía que hacer más.
[Nota]
Seguramente, los únicos escritos inspirados disponibles en ese tiempo eran los que se atribuyen a Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Job y uno o dos salmos.
w18.10 23 párrs. 5-7
Confiemos en nuestro Líder, el Cristo
5 Poco después de que Israel cruzó el río Jordán, Josué tuvo un encuentro inesperado. Cerca de la ciudad de Jericó, vio a un hombre que llevaba una espada en la mano. Como no sabía quién era, le preguntó: “¿Estás de parte de nosotros, o de nuestros adversarios?”. Para su sorpresa, el hombre le reveló su identidad. Era nada menos que el “jefe del ejército de Jehová”, que estaba listo para defender al pueblo de Dios (lea Josué 5:13-15 y la nota). Aunque en otros lugares el relato dice que era Jehová quien le hablaba a Josué, no hay duda de que lo hacía mediante su ángel, como en muchas otras ocasiones (Éx. 3:2-4; Jos. 4:1, 15; 5:2, 9; Hech. 7:38; Gál. 3:19).
6 Josué ya había recibido instrucciones claras sobre cómo tomar la ciudad de Jericó. Puede que al principio algunas de ellas no parecieran muy lógicas. Por ejemplo, Dios mandó que se circuncidara a todos los hombres. Como consecuencia, los soldados no estarían en condiciones de luchar durante varios días. ¿De verdad era ese el momento adecuado para circuncidarlos? (Gén. 34:24, 25; Jos. 5:2, 8).
7 Es probable que aquellos soldados indefensos se preguntaran cómo protegerían a sus familias si el enemigo los atacaba. Pero los hombres de Jericó no los atacaron, sino que, asustados, actuaron de manera inesperada. La Biblia dice: “Jericó estaba bien cerrada a causa de los hijos de Israel; nadie salía y nadie entraba” (Jos. 6:1). No hay duda de que este inesperado suceso fortaleció la confianza de los israelitas en la guía de Jehová.
w15 15/11 13
Preguntas de los lectores
¿Cómo sabemos que la ciudad de Jericó fue conquistada en pocos días?
▪ Josué 6:10-15, 20 cuenta que los israelitas marcharon alrededor de Jericó una vez al día durante seis días. El séptimo marcharon siete veces, y luego Jehová derribó los enormes muros de la ciudad. Entonces los soldados entraron en la ciudad y la conquistaron. ¿Existen pruebas arqueológicas que confirmen que Jericó cayó en tan poco tiempo?
Los ejércitos de la antigüedad acostumbraban sitiar las ciudades amuralladas que querían conquistar, es decir, no dejaban salir ni entrar a nadie. Los habitantes de la ciudad sitiada se veían obligados a consumir solo los alimentos que tuvieran almacenados. Cuando la ciudad al fin caía, los vencedores se llevaban todas las riquezas, entre ellas los alimentos que quedaran. Pero los arqueólogos que excavaron las ruinas de Jericó encontraron mucho alimento. La revista Biblical Archaeology Review afirma: “Aparte de restos de vasijas, lo que más se encontró entre las ruinas fue grano”. Ese es un detalle importante. ¿Por qué? La revista continúa: “Los arqueólogos no han descubierto nada igual en Palestina. A veces encuentran una o dos vasijas con grano, pero nunca cantidades tan grandes. Es un descubrimiento excepcional”.
La Biblia dice que los israelitas tenían buenas razones para no llevarse el grano de Jericó: Jehová les había ordenado que no lo hicieran (Jos. 6:17, 18). También dice que atacaron justo después de la cosecha (en marzo o abril), cuando abundaba el grano (Jos. 3:15-17; 5:10). El hecho de que se encontrara tanto alimento entre las ruinas de Jericó demuestra que fue sitiada durante poco tiempo, tal como dice la Biblia.
w98 15/9 21 párr. 8
¿Es Dios real para usted?
Por ejemplo, lea la profecía sobre el castigo por la reconstrucción de Jericó y luego analice su cumplimiento. Josué 6:26 dice: “Josué hizo que en aquel tiempo en particular se pronunciara un juramento, y dijo: ‘Maldito sea delante de Jehová el hombre que se levante y de veras edifique esta ciudad, aun a Jericó. Pagando con la pérdida de su primogénito eche los fundamentos de ella, y pagando con la pérdida del menor de los suyos ponga sus puertas’”. El cumplimiento llegó unos quinientos años más tarde, pues leemos en 1 Reyes 16:34: “En sus días [del rey Acab] Hiel el betelita edificó a Jericó. Pagando con la pérdida de Abiram, su primogénito, colocó el fundamento de ella, y pagando con la pérdida de Segub, el menor de los suyos, puso sus puertas, conforme a la palabra de Jehová que él había hablado por medio de Josué hijo de Nun”. Solo un Dios real pudo inspirar esas profecías y hacer que se cumplieran.
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Los recuerdos de Josué
“MOISÉS mi siervo está muerto —dijo Jehová—; y ahora levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que les voy a dar a ellos.” (Josué 1:2.) ¡Qué comisión tan difícil tenía Josué ante sí! Tras casi cuarenta años sirviendo a Moisés, ahora se le pedía que ocupara el puesto de su amo e introdujera en la Tierra Prometida a los problemáticos hijos de Israel.
Mientras pensaba en lo que le aguardaba, tal vez se sucedieron en su mente las pruebas que ya había superado. Sus recuerdos le fueron, sin duda, de incalculable ayuda y también lo pueden ser para los cristianos de la actualidad.
De esclavo a comandante
Entre los recuerdos de Josué figuraban muchos años de esclavitud en Egipto (Éxodo 1:13, 14; 2:23). La Biblia no ofrece detalles sobre aquella etapa de su vida, pero tal vez se hiciera entonces un organizador competente y posteriormente ayudara a dirigir la huida de los hebreos y la “vasta compañía mixta” (Éxodo 12:38).
Josué pertenecía a una familia de la tribu de Efraín. Su abuelo, Elisamá, era el principal de la tribu y, según parece, comandó un ejército de 108.100 hombres de una de las divisiones de tres tribus de Israel (Números 1:4, 10, 16; 2:18-24; 1 Crónicas 7:20, 26, 27). Sin embargo, cuando los amalequitas atacaron a Israel poco después del éxodo, Moisés eligió a Josué para que preparara la defensa (Éxodo 17:8, 9a). ¿Por qué no eligió a su padre o a su abuelo? Una posibilidad es, según una obra, que “a juicio de Moisés, [él] era el más capacitado para seleccionar y coordinar a los combatientes, pues era un principal de la importante tribu de Efraín, tenía la reputación de ser un buen organizador y disfrutaba de la total confianza del pueblo”.
Lo que sí sabemos es que tras su elección, Josué siguió las instrucciones de Moisés, convencido de que obtendrían la victoria gracias al apoyo divino a pesar de que Israel carecía de experiencia alguna en la guerra. A él le bastó con oír decir a Moisés: “Mañana voy a apostarme sobre la cima de la colina, con la vara del Dios verdadero en la mano”. Sin duda recordaba que Jehová había aniquilado recientemente a la mayor potencia militar de la época. Al día siguiente, Moisés mantuvo las manos alzadas hasta la puesta de sol e Israel resultó invencible; los amalequitas fueron derrotados. Entonces Jehová mandó a Moisés que escribiera en un libro y ‘propusiera a oídos de Josué’ el siguiente decreto divino: “Borraré por completo el recuerdo de Amaleq de debajo de los cielos” (Éxodo 17:9b-14). Y así sucedió; Jehová sin falta ejecutó aquella sentencia.
Servidor de Moisés
Esta experiencia debió de estrechar mucho más la relación entre ambos. Josué tuvo el honor de ser el “ministro” de Moisés, o su servidor personal, “desde su mocedad” hasta la muerte de su amo, unos cuarenta años después (Números 11:28).
Aquel puesto conllevó privilegios y obligaciones. Por ejemplo, cuando Moisés, Aarón, los hijos de este y 70 ancianos de Israel ascendieron al monte Sinaí y presenciaron una visión de la gloria de Jehová, es probable que Josué se contara entre ellos. Como era el servidor de Moisés, siguió ascendiendo con él y, al parecer, se mantuvo a cierta distancia cuando su amo entró en la nube que simbolizaba la presencia de Jehová. Cabe destacar que Josué probablemente permaneció en la montaña cuarenta días y cuarenta noches aguardando fielmente el regreso de Moisés, pues cuando este inició el descenso con las tablas del Testimonio, él lo estaba esperando (Éxodo 24:1, 2, 9-18; 32:15-17).
Tras el acto de idolatría que cometió Israel con el becerro de oro, Josué siguió sirviendo a Moisés en la tienda de reunión fuera del campamento, donde Jehová hablaba cara a cara con Moisés. Pero cuando su amo regresaba al campamento, Josué “no se retiraba de en medio de la tienda”. Su presencia tal vez impedía que los israelitas entraran en la tienda en una condición inmunda. ¡Con qué seriedad cumplió Josué con su trabajo! (Éxodo 33:7, 11.)
Su trato con Moisés, quien, según el historiador Josefo, era treinta y cinco años mayor, tuvo que haber fortalecido su fe enormemente. Esa “relación de la madurez con la juventud, del maestro con su pupilo”, como se la ha llamado en cierta ocasión, hizo de Josué “un hombre resuelto y digno de confianza”. En la actualidad no contamos con profetas como Moisés, pero en las congregaciones de los testigos de Jehová sí hay personas mayores que, debido a su experiencia y espiritualidad, son una auténtica fuente de fortaleza y ánimo. ¿Las tiene en la debida estima? ¿Se está beneficiando de su compañía?
Espía en Canaán
Poco después de que Israel recibiera la Ley, Josué pasó por un momento decisivo en su vida, pues fue elegido para espiar la Tierra Prometida en representación de su tribu. Conocemos bien la historia. Los doce espías concordaron en que la tierra efectivamente “mana[ba] leche y miel”, como Jehová había prometido. No obstante, a diez de ellos les faltó fe en que podrían desposeer de su tierra a los habitantes del país. Solo Josué y Caleb rogaron al pueblo que no se rebelara a causa del temor, ya que sin duda Jehová estaría con ellos. Entonces toda la asamblea empezó a protestar y pensó en lapidarlos, algo que quizá habrían hecho si Jehová no hubiera intervenido manifestando su gloria. Por su falta de fe, Dios decretó que ningún israelita inscrito de más de 20 años de edad viviría lo suficiente para entrar a Canaán, salvo Josué y Caleb, además de los levitas (Números 13:1-16, 25-29; 14:6-10, 26-30).
¿Acaso no habían visto todos ellos las obras poderosas que Jehová había realizado en Egipto? ¿Qué ayudó, entonces, a Josué a tener fe en la protección divina y a no dudar como los demás? Josué debía de recordar perfectamente todas las promesas que Jehová había cumplido, y de seguro meditaba en ellas. Años después aseguró que ‘de todas las buenas palabras que Jehová les había hablado, ni una sola palabra había fallado, sino que todas se habían realizado’ (Josué 23:14). Por ello confiaba en que todas las promesas concernientes al futuro también se cumplirían sin falta (Hebreos 11:6). Esto nos debería hacer pensar: “¿Qué hay de todo el tiempo que he pasado estudiando las promesas de Jehová y reflexionando sobre ellas? ¿Me ha servido para convencerme de su veracidad? ¿Creo que Dios puede protegerme junto con su pueblo en la venidera gran tribulación?”.
Josué no solo manifestó fe, sino también valor, pues Caleb y él se quedaron solos contra toda una asamblea que quería lapidarlos. ¿Se hubiera dejado intimidar usted? Josué no lo hizo; más bien, junto con Caleb, expresó sus convicciones con firmeza. Quizá algún día también tengamos que demostrar nuestra lealtad a Jehová de la misma manera.
Según el relato de los espías, el nombre original de Josué era Hosea (“Salvación”), pero Moisés le había añadido la sílaba que aludía al nombre divino, de modo que lo cambió a Jehosúa, o Josué (“Jehová es Salvación”). La Septuaginta traduce su nombre “Jesús” (Números 13:8, 16, nota). Fiel a ese gran nombre, Josué declaró con valor que Jehová es salvación. Aquel cambio no fue fruto de la casualidad. Reflejó la estima de Moisés por Josué y encajó con el privilegiado papel que desempeñaría al introducir a una nueva generación en la Tierra Prometida.
Mientras los israelitas vagaban por el desierto durante cuarenta largos años, los padres de estos fueron muriendo. Desconocemos lo que hizo Josué durante ese período, pero seguramente aprendió mucho. Es probable que presenciara el castigo de los rebeldes Coré, Datán y Abiram, así como de sus seguidores y de todos los que participaron en la degradante adoración del Baal de Peor. Le tuvo que producir gran tristeza enterarse de que Moisés tampoco entraría en la Tierra Prometida por no haber santificado a Jehová en lo relativo a las aguas de Meribá (Números 16:1-50; 20:9-13; 25:1-9).
Nombrado sucesor de Moisés
Próximo a su muerte, Moisés le pidió a Dios que nombrara un sucesor para que los israelitas no llegaran a ser “como ovejas que no tienen pastor”. ¿Qué respondió Jehová? Había que nombrar ante toda la asamblea a Josué, “un hombre en quien hay espíritu”, y debían escucharle. ¡Qué magnífica recomendación! Jehová había visto la fe y la capacidad de Josué. El acaudillamiento de Israel no podía haber quedado en mejores manos (Números 27:15-20). Con todo, Moisés sabía que Josué se enfrentaría a enormes desafíos, así que lo exhortó a ser “animoso y fuerte”, pues Jehová continuaría con él (Deuteronomio 31:7, 8).
Dios lo animó con las mismas palabras y le dijo: “Cuid[a] de hacer conforme a toda la ley que Moisés mi siervo te mandó. No te desvíes de ella a la derecha ni a la izquierda, para que actúes sabiamente adondequiera que vayas. Este libro de la ley no debe apartarse de tu boca, y día y noche tienes que leer en él en voz baja, a fin de que cuides de hacer conforme a todo lo que está escrito en él; porque entonces tendrás éxito en tu camino y entonces actuarás sabiamente. ¿No te he dado orden yo? Sé animoso y fuerte. No sufras sobresalto ni te aterrorices, porque Jehová tu Dios está contigo adondequiera que vayas” (Josué 1:7-9).
¿Cómo iba Josué a dudar de Jehová con esas palabras todavía resonando en su mente y con toda la experiencia que había acumulado? La conquista estaba garantizada. Claro está, surgirían obstáculos, como el primero que afrontaron, nada fácil por cierto: vadear el río Jordán en la temporada en que está más crecido. Ahora bien, Jehová mismo había ordenado: “Levántate, cruza este Jordán”. Entonces, ¿qué problema podría haber? (Josué 1:2.)
Sucesos posteriores en la vida de Josué —la conquista de Jericó, el progresivo sometimiento de todos sus enemigos y la distribución del país— revelan que jamás perdió de vista las promesas divinas. Al final de sus días, cuando Jehová había dado a Israel descanso de sus enemigos, Josué congregó al pueblo para repasar la manera como Dios los había tratado y para exhortarlos a servirle de toda alma. Como resultado, los israelitas renovaron solemnemente su pacto con Jehová y ‘continuaron sirviéndole todos los días de Josué’, inspirados, sin duda, por el ejemplo de su caudillo (Josué 24:16, 31).
Josué constituye un magnífico modelo para los cristianos de la actualidad, quienes afrontamos numerosas pruebas de fe. Superarlas es vital para conservar la aprobación de Jehová y heredar finalmente sus promesas. El éxito de Josué dependía de su fe firme. Es cierto que no hemos visto como él las obras poderosas de Dios, pero si alguien alberga alguna duda, el libro bíblico de Josué aporta testimonio de primera mano sobre la veracidad de la palabra de Jehová. A nosotros, como a Josué, se nos garantiza sabiduría y éxito si leemos la Palabra de Dios a diario y procuramos ponerla en práctica.
¿Le ha ofendido alguna vez otro cristiano? Piense en el aguante demostrado por Josué durante los cuarenta años que tuvo que vagar por el desierto con compañeros infieles sin haber cometido mal alguno. ¿Le resulta difícil defender lo que cree? Recuerde lo que hicieron Josué y Caleb, quienes recibieron una espléndida recompensa por su fe y obediencia. Josué tenía una fe firme en que Jehová cumpliría todas sus promesas. Que se diga lo mismo de nosotros (Josué 23:14).
Ficha de personaje bíblico de jw.org
Josué
FICHA BÍBLICA 1
APRENDE COLECCIONANDO
JOSUÉ
ALGUNOS DATOS Hijo de Nun. Fue servidor de Moisés y más tarde se le nombró para dirigir a Israel (Éxodo 33:11; Deuteronomio 34:9; Josué 1:1, 2). Condujo sin temor al pueblo de Dios al entrar en la Tierra Prometida. Confió en las promesas de Jehová, obedeció sus instrucciones y le sirvió fielmente.
PREGUNTAS
A. ¿Cómo hicieron caer Josué y su ejército las murallas de Jericó?
B. Completa la declaración de Josué: “En cuanto a mí y a mi casa...”
C. ¿Por qué otros nombres se conoció a Josué?
RESPUESTAS
A. Marchando alrededor de la ciudad como les mandó Jehová (Josué 6:1-27).
B. “... nosotros serviremos a Jehová.” (Josué 24:15.)
C. Hosea y Jehosúa (Números 13:8, 16).
[Línea de tiempo]
4026 antes de la era común (a. e. c.) Creación de Adán
Vivió alrededor del 1500 a. e. c.
1 era común (e. c.)
98 e. c. Se escribió el último libro de la Biblia
[Mapa]
Viajó de Egipto a la Tierra Prometida
EGIPTO
TIERRA PROMETIDA
CAPÍTULO 14
Puso a Jehová por encima de su propio pueblo
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“Fue declarada justa por obras”
Rahab era prostituta. Esta idea ha escandalizado tanto a algunos comentaristas bíblicos que prefieren pensar que se trataba de una simple encargada de posada. Pero la Biblia es clara y no disfraza la verdad (Josué 2:1; Hebreos 11:31; Santiago 2:25). Es probable que en la sociedad cananea la profesión de Rahab fuera, hasta cierto grado, respetable. Aun así, la cultura no siempre puede acallar la conciencia, ese sentido interno de lo bueno y lo malo que nos ha dado Jehová (Romanos 2:14, 15). Quizás Rahab estuviera consciente de que su oficio era degradante. Quizás, como les sucede hoy a muchas mujeres que están en su misma situación, se sintiera atrapada, sin más opciones para mantener a su familia.
De seguro anhelaba una vida mejor. En su tierra abundaban la violencia y los actos degenerados, como el incesto y el bestialismo (Levítico 18:3, 6, 21-24). Los excesos del país se debían en gran parte a la religión. Los templos fomentaban la prostitución ritual, y la adoración de dioses demoníacos como Baal y Mólek exigía la quema de niños vivos.
Jehová conocía muy bien la barbarie que tenía lugar en Canaán. Tanto es así que dijo: “La tierra está inmunda, y traeré sobre ella castigo por su error, y la tierra vomitará a sus habitantes” (Levítico 18:25). ¿Qué incluía dicho castigo? “Jehová, tu Dios, irá expulsando a estas naciones de delante de ti poco a poco”, fue la promesa que Dios hizo a su pueblo (Deuteronomio 7:22, Reina-Valera, 1995). En realidad, siglos atrás, él ya había prometido que daría aquella tierra a los descendientes de Abrahán, y “Dios [...] no puede mentir” (Tito 1:2; Génesis 12:7).
Sin embargo, había algunos pueblos a los que Jehová había condenado a desaparecer (Deuteronomio 7:1, 2). Siendo el justo “Juez de toda la tierra”, él había leído sus corazones y podía ver lo arraigadas que estaban su maldad y su depravación (Génesis 18:25; 1 Crónicas 28:9). Ese era el caso de Jericó. ¿Cómo habrá sido para Rahab vivir en una de aquellas ciudades condenadas? Solo podemos imaginar lo que debió sentir al oír hablar de los israelitas. Escuchó que décadas atrás Jehová le había dado a Israel —aquella nación de esclavos oprimidos— una aplastante victoria sobre el ejército de Egipto, la potencia militar número uno del planeta. ¡Esa era la nación que estaba a punto de atacar Jericó, y sin embargo sus habitantes insistían en hacer el mal! Se comprende que la Biblia diga que los compatriotas de Rahab “obraron desobedientemente” (Hebreos 11:31).
it “Prostituta” párr. 16
Prostituta
Rahab. Rahab es un ejemplo de una prostituta que expresó fe en Dios y fue declarada justa. (Snt 2:25.) Los espías que Josué envió a Jericó se alojaron en la casa de Rahab. (Jos 2:1.) No sería razonable suponer que lo hicieron movidos por un interés inmoral. A este respecto, C. F. Keil y F. Delitzsch hacen el siguiente comentario en su obra Commentary on the Old Testament (1973, vol. 2, “Joshua”, pág. 34): “Entrar en la casa de una mujer de su condición no hubiese despertado mucha sospecha. Además, el hecho de que la casa estuviese junto al muro o sobre él les facilitaría la huida. Pero el Señor guió de tal modo a los espías, que hallaron en esta pecadora a la persona idónea para sus propósitos, una mujer en cuyo corazón hicieron tal impresión los informes sobre la liberación milagrosa que el Dios vivo había realizado en favor de Israel, que no solo les informó del abatimiento que había sobrecogido a los cananeos, sino que, además, con plena confianza en el poder del Dios de Israel, escondió a los espías de todas las pesquisas de sus coterráneos, pese al gran riesgo que eso supuso para ella”. Si se tiene presente que Israel tenía la comisión divina de echar a los cananeos de aquella tierra debido a sus prácticas inmorales y que Dios bendijo la conquista de Jericó y a la propia Rahab, resulta del todo irrazonable suponer que los espías tuvieron relaciones inmorales con ella o que Rahab continuó después con la práctica de la prostitución. (Le 18:24-30.)
it “Lino, I” párrs. 2-4
Lino, I
Planta que se cultiva desde la antigüedad y de cuyo tallo se obtiene una fibra con la que se fabrican los tejidos del mismo nombre. El lino (Linum usitatissimum) puede alcanzar de 30 cm. a algo más de 1 m. de altura. Es ramosa en su extremo y tiene un tallo delgado con hojas lanceoladas de color verde pálido. Todas las ramas terminan en una flor de cinco pétalos de color azul intenso o pálido (en raras ocasiones, blanco). (GRABADO, vol. 1, pág. 544.)
Cuando el lino tenía “botones de flor”, estaba listo para ser cosechado. (Éx 9:31.) La recolección se hacía arrancando las plantas de raíz o levantándolas con una azada, y a continuación se dejaban secar. Es probable que los tallos de lino que había sobre el techo de la casa de Rahab en Jericó hayan estado allí con ese fin. (Jos 2:6.)
El método que empleaban los hebreos en la preparación del lino tal vez corresponda a la descripción del proceso que hace Plinio el Viejo, autor del siglo I E.C., en su Historia Natural (XIX, III, 17, 18), y a la representación gráfica que se conserva en Beni Hasán (Egipto). Una vez que se quitaban las cápsulas a los tallos, se les sumergían completamente en agua y se les ponían piedras encima con el fin de impedir que flotasen. Al empaparse bien de agua, la parte leñosa se pudría y quedaba la fibra aprovechable. Cuando la corteza se desprendía de la fibra, el tallo se sacaba del agua y se ponía al sol, dándole vueltas hasta que quedaba completamente seco. Luego se les golpeaba con un mazo sobre un bloque de piedra, y por un proceso de peinado se separaban y limpiaban las fibras. Las que estaban más próximas a la corteza se utilizaban para mechas (véanse Isa 42:3; 43:17; Mt 12:20), mientras que las interiores, más blancas y de mejor calidad, se hilaban, golpeándolas una y otra vez sobre una piedra.
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Puntos sobresalientes del libro de Josué
2:4, 5. ¿Por qué engaña Rahab a los hombres del rey que buscan a los espías? Rahab arriesga su vida para proteger a los espías porque ha puesto fe en Jehová. Por tanto, no está obligada a revelar su paradero a hombres que pretenden hacer daño al pueblo de Dios (Mateo 7:6; 21:23-27; Juan 7:3-10). De hecho, Rahab fue “declarada justa por obras”, entre ellas la de enviar por otro camino a los emisarios del rey (Santiago 2:24-26).
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¿Dónde debemos estar cuando llegue el fin?
CUANDO Jehová acabe con este malvado sistema de cosas en el Armagedón, ¿qué sucederá con los justos? Proverbios 2:21, 22 nos lo dice: “Los rectos son los que residirán en la tierra, y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella”.
Pero ¿cómo se salvarán las personas rectas? ¿Habrá algún lugar en el que puedan refugiarse? ¿Dónde deberán estar cuando llegue el fin? Encontraremos la respuesta analizando cuatro relatos que hablan de la protección divina.
Casos en que la ubicación fue esencial
En 2 Pedro 2:5-7 leemos cómo salvó Jehová a los patriarcas Noé y Lot: “[Dios] no se contuvo de castigar a un mundo antiguo, sino que guardó en seguridad a Noé, predicador de justicia, con otras siete personas cuando trajo un diluvio sobre un mundo de gente impía; y al reducir a cenizas a las ciudades de Sodoma y Gomorra las condenó, poniendo para personas impías un modelo de cosas venideras; y libró al justo Lot, a quien angustiaba sumamente la entrega de la gente desafiadora de ley a la conducta relajada”.
¿Cómo sobrevivió Noé al Diluvio? Pues bien, Dios le dijo: “El fin de toda carne ha llegado delante de mí, porque la tierra está llena de violencia como resultado de ellos; y, ¡mira!, voy a arruinarlos junto con la tierra. Haz para ti un arca de madera de árbol resinoso” (Gén. 6:13, 14). Noé construyó el arca tal como se le había mandado. Siete días antes de que cayeran las aguas del Diluvio, Jehová le dijo que se metiera en el arca junto con su familia y los animales. Entonces, llegado el séptimo día, se cerró la puerta, tras lo cual cayó una “fuerte precipitación sobre la tierra por cuarenta días y cuarenta noches” (Gén. 7:1-4, 11, 12, 16). Pero Noé y su familia “fueron [llevados] a salvo a través del agua” (1 Ped. 3:20). En este caso era indispensable estar dentro del arca para sobrevivir. No había otro lugar en la Tierra que fuera seguro (Gén. 7:19, 20).
En el caso de Lot, las instrucciones fueron algo distintas, pues dos ángeles le dijeron cuál era el lugar del que debía salir para poder sobrevivir. Primero le dijeron que buscara a todos los miembros de su familia que estuvieran en Sodoma y luego le ordenaron: “¡Sácalos del lugar! Pues vamos a arruinar este lugar”. Para sobrevivir, Lot y su familia tenían que huir “a la región montañosa” (Gén. 19:12, 13, 17).
Los casos de Noé y Lot demuestran que “Jehová sabe librar de la prueba a personas de devoción piadosa, pero reservar a personas injustas para el día del juicio” (2 Ped. 2:9). En ambos casos, la ubicación fue un factor clave para sobrevivir: Noé tenía que entrar en el arca, mientras que Lot tenía que salir de Sodoma. Pero ¿es siempre este el factor determinante? ¿Puede Jehová proteger a sus siervos sin importar dónde estén y sin que tengan que trasladarse a otro lugar? Veamos otros dos relatos que responden estas preguntas.
¿Es siempre la ubicación el factor determinante?
Antes de traer la décima plaga sobre Egipto, Jehová les ordenó a los israelitas que rociaran la sangre del cordero de Pascua en el marco de la puerta de sus casas. De ese modo, cuando Jehová pasara por el país para herir a los egipcios y viera la sangre rociada en las casas de sus siervos, las pasaría por alto y no causaría daño a nadie que viviera allí. Esa misma noche “Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón sentado sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en el hoyo carcelario, y todo primogénito de bestia”. Como vemos, los israelitas no tuvieron que irse a otro lugar para que sus primogénitos sobrevivieran (Éxo. 12:22, 23, 29).
También tenemos el caso de Rahab, una prostituta que vivía en Jericó. Los israelitas estaban a punto de iniciar la conquista de la Tierra Prometida, y Rahab se dio cuenta de que la ciudad sería destruida. Ella les dijo a los espías israelitas que se alojaron en su casa que los habitantes de Jericó estaban paralizados de miedo debido al avance de Israel. Escondió a los espías y les pidió a cambio que le juraran que la dejarían con vida a ella, así como a su familia, cuando conquistaran la ciudad. Ellos le dijeron que reuniera a su familia en su casa, situada en el muro exterior. Si salían de allí, morirían con el resto de los habitantes (Jos. 2:8-13, 15, 18, 19). Ahora bien, Jehová le dijo más tarde a Josué que el muro de la ciudad se desplomaría (Jos. 6:5). Así que daba la impresión de que el lugar en el que debían permanecer Rahab y su casa no era nada seguro. ¿Cómo iban a sobrevivir?
Cuando llegó el momento de tomar Jericó, los sacerdotes de Israel tocaron sus cuernos y los demás israelitas lanzaron un grito de guerra. En Josué 6:20 leemos que “tan pronto como el pueblo oyó el sonido del cuerno y [...] se puso a lanzar un fuerte grito de guerra, [...] el muro empezó a desplomarse”. Una vez iniciado el derrumbe de la muralla, no había fuerza humana que pudiera controlarlo. Sin embargo, Jehová hizo que el derrumbe se detuviera justo al llegar a la casa de Rahab. Entonces, Josué les ordenó a los dos espías: “Entren en la casa de la mujer, la prostituta, y saquen de allí a la mujer y a todos los que le pertenezcan, tal como se lo han jurado” (Jos. 6:22). Todos los que estaban en la casa de Rahab sobrevivieron.
¿Qué es lo más importante?
¿Qué nos enseña la manera en que Jehová libró a Noé y a Lot, a los israelitas del tiempo de Moisés y a Rahab? ¿Debemos estar en un lugar determinado para sobrevivir al fin de este mundo malvado?
Es cierto que Noé sobrevivió porque estaba en el arca. Pero ¿por qué estaba allí? Porque confió en Jehová y fue obediente. La Biblia nos dice: “Noé procedió a hacer conforme a todo lo que le había mandado Dios. Hizo precisamente así” (Gén. 6:22; Heb. 11:7). Y nosotros, ¿estamos haciendo todo lo que Jehová nos ha mandado? Noé fue un “predicador de justicia” (2 Ped. 2:5). ¿Somos nosotros tan celosos como él en la predicación, aun si el territorio no es muy fructífero?
Lot sobrevivió porque huyó de Sodoma. Pero también porque era un hombre justo a los ojos de Dios y se sentía muy angustiado por la conducta depravada de los rebeldes habitantes de Sodoma y Gomorra. La inmoralidad es tan común en el mundo de hoy como lo fue en aquellas ciudades. ¿Nos sentimos nosotros igual de angustiados que Lot, o nos hemos acostumbrado tanto que ya no nos molesta? ¿Estamos haciendo todo lo posible por mantenernos “inmaculados y sin tacha y en paz”? (2 Ped. 3:14.)
Recordemos también el caso de los primogénitos israelitas y el de Rahab. Para sobrevivir, tuvieron que permanecer en su casa, lo cual exigía fe y obediencia (Heb. 11:28, 30, 31). ¿Puede imaginarse lo que sentían los padres israelitas mientras el ángel de Jehová pasaba por los hogares de los egipcios causándoles “un gran alarido”? Seguramente no les quitaban los ojos de encima a sus primogénitos (Éxo. 12:30). Y en cuanto a Rahab, ¿puede imaginársela acurrucada con su familia en algún rincón de la casa? Realmente necesitó gran fe para obedecer y no salir corriendo al oír que el estruendo del desplome se hacía más y más fuerte.
Pronto llegará el fin del mundo de Satanás. No sabemos aún cómo se nos protegerá cuando llegue el temible “día de la cólera de Jehová” (Sof. 2:3). Lo que sí sabemos es que la clave no está en dónde nos hallemos o cuáles sean nuestras circunstancias. Lo que importa es que tengamos fe en Jehová y le obedezcamos. Mientras tanto, debemos valorar profundamente los “cuartos interiores” de los que habló el profeta Isaías.
“Entra en tus cuartos interiores”
Isaías 26:20 dice: “Anda, pueblo mío, entra en tus cuartos interiores, y cierra tus puertas tras de ti. Escóndete por solo un momento hasta que pase la denunciación”. Es probable que el cumplimiento inicial de esta profecía haya tenido lugar en 539 antes de nuestra era, año en que los medos y los persas conquistaron Babilonia. Al parecer, al entrar en la ciudad, Ciro el Persa ordenó que nadie saliera de su casa, pues sus soldados tenían instrucciones de matar a quienes encontraran en las calles.
Es probable que hoy día los “cuartos interiores” de esta profecía estén muy relacionados con las más de cien mil congregaciones que los testigos de Jehová tienen por todo el mundo. Esas congregaciones desempeñan un importantísimo papel en nuestra vida y seguirán desempeñándolo durante “la gran tribulación” (Rev. 7:14). Al pueblo de Dios se le manda que permanezca en sus “cuartos interiores” y que se esconda “hasta que pase la denunciación”. Por eso es tan necesario que valoremos a la congregación y nos mantengamos cerca de ella a toda costa. Escuchemos, pues, esta exhortación del apóstol Pablo: “Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes, sin abandonar el reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino animándonos unos a otros, y tanto más al contemplar [...] que el día se acerca” (Heb. 10:24, 25).
ijwis artículo 11
Rahab sigue las instrucciones de Dios
HISTORIA BÍBLICA ILUSTRADA
[Escena 1]
[Narración:] JEHOVÁ MANDÓ A LOS ISRAELITAS QUE DESTRUYERAN CIERTAS CIUDADES. POR ESO, JOSUÉ ENVIÓ DOS ESPÍAS A EXPLORAR UNA DE ELLAS: JERICÓ.
[Mamá de Rahab:] ¿LO VES, RAHAB? TODO EL MUNDO ANDA DICIENDO QUE LOS ISRAELITAS NOS VAN A ATACAR.
[Rahab:] NO TE PREOCUPES, MAMÁ. NADA MALO NOS VA A PASAR... ESO ESPERO.
[Escena 2]
[Narración:] LOS DOS ESPÍAS ISRAELITAS FUERON A LA CASA DE RAHAB.
[Espía 1:] GRACIAS POR LA COMIDA. MAÑANA TEMPRANO NOS IREMOS.
[Hombre armado 1:] ¡RAHAB!
¡ENTREGA A LOS HOMBRES QUE ENTRARON A TU CASA! SON ESPÍAS.
[Escena 3]
[Escena 4]
[Rahab:] SÍGANME.
[Escena 5]
[Narración:] RAHAB ESCONDIÓ A LOS ESPÍAS ENTRE UNOS TALLOS DE LINO QUE TENÍA EN LA AZOTEA.
[Rahab:] PUES SÍ, ESTUVIERON AQUÍ. PERO YA SE FUERON, Y NO SÉ ADÓNDE HABRÁN IDO.
[Rahab:] ¡PRONTO! ¡CORRAN! ¡TODAVÍA PUEDEN ALCANZARLOS!
[Escena 6]
[Rahab:] ¡LISTO, YA SE FUERON!
[Escena 7]
[Rahab:] SU DIOS JEHOVÁ ES EL DIOS VERDADERO, EL DIOS DEL CIELO Y LA TIERRA.
[Rahab:] Y AHORA, TIENEN QUE JURARME POR JEHOVÁ QUE, CUANDO ATAQUEN JERICÓ, NOS SALVARÁN A MÍ Y A MI FAMILIA.
[Espía 2:] SI NO LE CUENTAS A NADIE A QUÉ HEMOS VENIDO, NO LES PASARÁ NADA NI A TI NI A TU FAMILIA.
[Espía 1:] PERO DEBES COLGAR DE LA VENTANA ESTA CUERDA ROJA, Y TU FAMILIA TIENE QUE QUEDARSE DENTRO DE TU CASA CUANDO ATAQUEMOS LA CIUDAD.
[Escena 8]
[Narración:] POR SEIS DÍAS, LOS ISRAELITAS MARCHARON ALREDEDOR DE LA CIUDAD DE JERICÓ UNA VEZ AL DÍA. PERO AL SÉPTIMO DÍA, LO HICIERON SIETE VECES.
[Narración:] LOS SACERDOTES SONARON UNOS CUERNOS, Y LOS ISRAELITAS GRITARON FUERTE. ENTONCES, LOS MUROS DE LA CIUDAD CAYERON, Y LOS ISRAELITAS LA CAPTURARON.
[Escena 9]
[Espía 1:] ¡MUY BIEN, RAHAB! ¡SEGUISTE LAS INSTRUCCIONES QUE TE DIMOS!
[Rahab:] ¡SÍ! ¡ESTAMOS VIVOS GRACIAS A JEHOVÁ!
[Narración:] RAHAB LLEGÓ A SER ANTEPASADA DE JESUCRISTO (LEE MATEO 1:1, 5). EN LA SIGUIENTE HISTORIA BÍBLICA ILUSTRADA CONOCERÁS A OTRA MUJER QUE TAMBIÉN CONFIÓ EN DIOS Y LLEGÓ A SER ANTEPASADA DE JESÚS.
[RECUADRO]
¿QUÉ APRENDEMOS DE ESTA HISTORIA?
¿QUÉ INSTRUCCIONES TUVO QUE SEGUIR RAHAB PARA PODER SALVARSE?
PISTA: JOSUÉ 2:14, 18-20.
¿CREES QUE RAHAB TUVO QUE SER VALIENTE PARA SEGUIR ESAS INSTRUCCIONES? ¿POR QUÉ?
PISTA: JOSUÉ 2:3, 22.
¿POR QUÉ CREES QUE ES TAN IMPORTANTE QUE TÚ SIGAS TODAS LAS INSTRUCCIONES DE DIOS?
PISTA: DEUTERONOMIO 5:29; PROVERBIOS 3:1, 2.
CAPÍTULO 15
Permanecieron juntas en los momentos difíciles
ia 39 párr. 23, nota
“A donde tú vayas yo iré”
23 Suegra y nuera se adaptan poco a poco a la vida de Belén, y Rut piensa en cómo va a cuidar de sí misma y de Noemí. Se ha enterado de que la Ley que Jehová entregó a Israel incluye la rebusca, una bondadosa medida para ayudar a los pobres. Durante la temporada de la cosecha pueden entrar en los campos para ir recolectando lo que los segadores dejan atrás. También pueden recoger lo que ha crecido en las orillas y esquinas de los terrenos de cultivo (Lev. 19:9, 10; Deut. 24:19-21).
[Nota]
Esta era una medida muy solidaria, distinta a todo lo que Rut había conocido en Moab. En el Oriente Próximo de la antigüedad no se trataba bien a las viudas. Una obra de consulta explica: “Por lo general, tras la muerte de su esposo, la viuda dependía de sus hijos. Y si no tenía, solo le quedaba venderse como esclava, vivir de la prostitución o morir”.
ia 47 párrs. 17, 18
“Una mujer excelente”
17 “¿Quién eres?”, pregunta Boaz. La joven responde, tal vez con voz temblorosa: “Soy Rut tu esclava, y tienes que extender tu falda sobre tu esclava, porque tú eres un recomprador” (Rut 3:9). Algunos comentaristas bíblicos de la actualidad han insinuado que las acciones y las palabras de Rut tenían cierto significado sexual, pero pasan por alto dos importantes hechos. En primer lugar, Rut estaba siguiendo las costumbres de la época, muchas de las cuales no se entienden por completo hoy día. Así que sería un error juzgar sus actos según las bajas normas morales de estos tiempos. En segundo lugar, la reacción de Boaz indica cómo debe verse aquel gesto: a sus ojos, la conducta de Rut era moralmente casta y digna de elogio.
18 Boaz, con un tono dulce y tranquilizador, le dice: “Bendita seas de Jehová, hija mía. Has expresado tu bondad amorosa mejor en el último caso que en el primer caso, al no ir tras los jóvenes, fueran de condición humilde o ricos” (Rut 3:10). “El primer caso” en el que Rut mostró “bondad amorosa”, o amor leal, fue al acompañar a Noemí hasta Israel y quedarse con ella para cuidarla. “El último caso” es ahora. Boaz reconoce que Rut podía haberse buscado un esposo de su edad, fuera rico o pobre. Pero ella quiere hacerle bien no solo a Noemí, sino también al difunto esposo de Noemí. ¿De qué manera? Haciendo lo posible por perpetuar el nombre de este en su tierra natal. Es fácil ver por qué Boaz ha quedado tan impresionado por el altruismo y la generosidad de Rut.
Una palabra llena de significado
“MUJER”. Así es como Jesús se dirigía en ocasiones a las personas del sexo femenino. Por ejemplo, cuando sanó a una mujer que llevaba dieciocho años encorvada, le dijo: “Mujer, se te pone en libertad de tu debilidad” (Luc. 13:10-13). Incluso se dirigió a su madre usando esa expresión, que en tiempos bíblicos era habitual y se consideraba de buena educación (Juan 19:26; 20:13). Pero había otro término que transmitía una idea que iba más allá del respeto: hija.
Para referirse a algunas mujeres, la Biblia utiliza esta palabra tan especial y tierna. Jesús la utilizó cuando se dirigió a una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias. Al acercarse a él, esta mujer no cumplió estrictamente la Ley de Dios, que indicaba que una persona en su situación era impura. Por eso, se podría decir que debía haberse mantenido alejada de los demás (Lev. 15:19-27). Pero estaba desesperada. De hecho, la Biblia explica que “muchos médicos le habían hecho pasar muchas penas, y ella había gastado todos sus recursos y no se había beneficiado, sino que, al contrario, había empeorado” (Mar. 5:25, 26).
La mujer se abrió paso sigilosamente entre la multitud, se acercó a Jesús por detrás y le tocó el fleco de la vestidura. En ese mismo instante dejó de sangrar. Ella esperaba que nadie se diera cuenta, pero Jesús preguntó: “¿Quién es el que me ha tocado?” (Luc. 8:45-47). Entonces, asustada y temblorosa, se arrodilló ante Jesús y “le dijo toda la verdad” (Mar. 5:33).
Para tranquilizar a la mujer, Jesús le dijo con cariño: “Ten ánimo, hija” (Mat. 9:22). Algunos eruditos bíblicos dicen que las palabras en hebreo y griego que se traducen “hija” se pueden usar metafóricamente para expresar “bondad y ternura”. A continuación, Jesús la consoló aún más con estas palabras: “Tu fe te ha devuelto la salud. Ve en paz, y queda sana de tu penosa enfermedad” (Mar. 5:34).
Un israelita rico llamado Boaz también utilizó este término al dirigirse a Rut, una mujer de Moab. Ella también tenía motivos para sentirse insegura, pues estaba rebuscando espigas de cebada en los campos de un desconocido. Después de llamarla “hija mía”, Boaz la animó a seguir espigando en sus campos. Entonces ella cayó de rodillas, se inclinó ante él y le preguntó por qué trataba con tanta amabilidad a una extranjera. Boaz la tranquilizó diciendo: “Se me hizo un informe completo de todo lo que has hecho a tu suegra [la viuda Noemí]”. Y añadió: “Que Jehová recompense tu manera de obrar” (Rut 2:8-12).
¡Qué excelentes ejemplos son Jesús y Boaz para los ancianos de las congregaciones! A veces, dos ancianos se reúnen con una hermana que necesita ánimo y consejos de las Escrituras. Después de pedirle guía a Jehová y escuchar atentamente lo que la hermana dice, los ancianos estarán mejor preparados para animarla y consolarla con la Biblia (Rom. 15:4).
Preguntas de los lectores
¿Por qué dijo “Fulano” que casarse con Rut “arruinaría” su propia herencia? (Rut 4:1, 6).
En tiempos bíblicos, si un hombre casado moría sin tener hijos, surgían algunas cuestiones. ¿Qué pasaría con sus tierras? ¿Se perdería para siempre el nombre de su familia? Todo esto se aclaraba en la Ley de Moisés.
Si un hombre moría o vendía sus tierras porque había caído en la pobreza, su hermano o un pariente cercano podía redimir o recomprar la propiedad. Así las tierras seguían siendo de la familia (Lev. 25:23-28; Núm. 27:8-11).
¿Qué se hacía para que no desapareciera el nombre de la familia del difunto? El hermano del difunto se casaba con la viuda para darle un hijo que pudiera conservar el nombre del hombre muerto y heredar su propiedad. Con esta medida bondadosa, llamada matrimonio de levirato o de cuñado, también se aseguraba el bienestar de la viuda (Deut. 25:5-7; Mat. 22:23-28). En el caso de Rut, se siguió esa costumbre.
Pensemos en la historia de Noemí. Ella estaba casada con Elimélec. Pero, cuando él y sus dos hijos murieron, ya no había ningún hombre que pudiera cuidar de ella (Rut 1:1-5). Cuando Noemí regresó a Judá, le dijo a su nuera Rut que le pidiera a Boaz, un pariente cercano de Elimélec, que recomprara sus tierras (Rut 2:1, 19, 20; 3:1-4). Pero Boaz sabía que había un pariente más cercano y que, por lo tanto, tenía prioridad (Rut 3:9, 12, 13). A ese hombre, la Biblia lo llama “Fulano”.
Al principio, Fulano estuvo dispuesto a recomprar las tierras (Rut 4:1-4). Aunque sabía que eso le costaría dinero, también sabía que Noemí ya era muy mayor y no podría tener un hijo que heredara la propiedad de Elimélec. Esas tierras se incluirían en la herencia de Fulano. Así que a primera vista parecía una buena inversión.
Pero, cuando Fulano se dio cuenta de que tendría que casarse con Rut, decidió renunciar al terreno. Dijo: “No puedo recomprarlo, porque arruinaría mi propia herencia” (Rut 4:5, 6). ¿Por qué se echó para atrás?
Si Fulano o cualquier otro pariente cercano se casaba con Rut y ella tenía un hijo, ese hijo heredaría las tierras de Elimélec. ¿Cómo “arruinaría” eso la herencia de Fulano? La Biblia no lo dice, pero veamos algunas posibilidades.
• Primero, Fulano quizás pensó que sería una pérdida de dinero, porque las tierras de Elimélec pasarían a ser del hijo de Rut, no suyas.
• Segundo, tendría que mantener tanto a Noemí como a Rut.
• Tercero, si Rut y Fulano tenían más hijos, esos hijos compartirían la herencia con los hijos de él.
• Cuarto, si Fulano no tenía otros hijos, el que tuviera con Rut heredaría tanto las tierras de Elimélec como las de Fulano. Así que sus tierras acabarían en manos de un hijo que llevaría el nombre de Elimélec, no el suyo. Fulano no quiso arriesgar su herencia para ayudar a Noemí. Prefirió cederle esa responsabilidad a Boaz, que era el siguiente que tenía el derecho de hacer la recompra. Y Boaz accedió. ¿Por qué? Como él mismo dijo: “Para que el nombre del difunto permanezca sobre su herencia” (Rut 4:10).
Por lo visto, lo que más le importaba a Fulano era conservar su nombre y su herencia. ¡Qué egoísta! Pero todos sus esfuerzos no sirvieron para nada, pues su nombre cayó en el olvido. Además, perdió la oportunidad de recibir un gran honor que sí recibió Boaz: tener su nombre en la línea genealógica del Mesías, Jesucristo. Tristemente, Fulano pagó un precio muy alto por ser egoísta y no querer ayudar a quien lo necesitaba (Mat. 1:5; Luc. 3:23, 32).
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ARTÍCULO DE ESTUDIO 45
Sigamos mostrándonos amor leal unos a otros
“Trátense unos a otros con amor leal y misericordia” (ZAC. 7:9).
AVANCE
Jehová quiere que les mostremos amor leal a los hermanos de la congregación. Para entender mejor lo que es el amor leal, podemos analizar cómo demostraron esta cualidad algunos siervos de Dios del pasado. En este artículo, veremos qué nos enseñan los ejemplos de Rut, Noemí y Boaz.
TENEMOS buenas razones para mostrarnos amor leal unos a otros. Encontramos algunas de ellas en estos proverbios de la Biblia: “Que el amor leal y la fidelidad no te abandonen [...]; entonces, a los ojos de Dios y del hombre, conseguirás aprobación y la fama de ser muy perspicaz”; “el hombre de amor leal se beneficia a sí mismo”, y “quien busca con empeño justicia y amor leal encontrará vida” (Prov. 3:3, 4; 11:17, nota; 21:21).
2 Estos proverbios mencionan tres razones por las que debemos mostrar amor leal. Primero, porque a los ojos de Dios nos hace valiosos. Segundo, porque nos beneficia a nosotros mismos. Por ejemplo, nos ayuda a cultivar amistades duraderas. Y, tercero, si mostramos amor leal, obtendremos bendiciones en el futuro, entre ellas la vida eterna. Sin duda, tenemos buenas razones para obedecer este mandato de Jehová: “Trátense unos a otros con amor leal y misericordia” (Zac. 7:9).
3 En este artículo, responderemos a cuatro preguntas: ¿a quiénes debemos mostrarles amor leal?, ¿qué nos enseña el libro de Rut sobre mostrar amor leal?, ¿cómo podemos mostrar esta cualidad hoy día? y ¿cómo nos beneficia hacerlo?
¿A QUIÉNES DEBEMOS MOSTRARLES AMOR LEAL?
4 Como vimos en el artículo anterior, Jehová solo les muestra su amor leal —es decir, su apego profundo y eterno— a quienes lo aman y le sirven (Dan. 9:4). Queremos hacer lo que dice Efesios 5:1: “Imiten a Dios como hijos amados”. Por eso, deseamos cultivar un apego profundo y eterno por nuestros hermanos espirituales (lea Marcos 10:29, 30).
5 Seguro que estaremos de acuerdo en que, cuanto mejor entendamos lo que significa el amor leal, mejor les mostraremos esta cualidad a nuestros hermanos. Por eso, veamos con un ejemplo la diferencia entre lo que es el amor leal y lo que la gente en general entiende por lealtad.
6 Podríamos decir que alguien que ha trabajado durante muchos años para la misma empresa es un empleado leal. Pero puede que en todos esos años nunca haya conocido a ninguno de los dueños. Quizás no siempre esté de acuerdo con las políticas de la empresa. No está ahí por amor, sino porque necesita un trabajo para ganarse la vida. Seguirá trabajando en la empresa hasta que se jubile, a no ser que encuentre un puesto mejor en otro sitio.
7 La diferencia entre la lealtad del empleado que mencionamos en el párrafo 6 y el amor leal es la razón por la que se muestran. ¿Por qué mostraron amor leal los siervos de Dios de tiempos bíblicos? No lo hicieron por obligación, sino porque su corazón los impulsó a hacerlo. Veamos el ejemplo de David. Su corazón lo motivó a mostrarle amor leal a su querido amigo Jonatán aunque el padre de Jonatán quería matar a David. Años después de la muerte de Jonatán, David siguió mostrándole amor leal a Mefibóset, el hijo de Jonatán (1 Sam. 20:9, 14, 15; 2 Sam. 4:4; 8:15; 9:1, 6, 7).
8 Podemos aprender muchas cosas sobre el amor leal analizando algunas porciones del libro bíblico de Rut. ¿Qué lecciones sobre el amor leal nos enseñan los personajes que aparecen en ese libro? ¿Cómo podemos aplicar esas lecciones en nuestra congregación?
¿QUÉ NOS ENSEÑA EL LIBRO DE RUT SOBRE MOSTRAR AMOR LEAL?
9 El libro de Rut nos cuenta la historia de Noemí, de su nuera Rut y de un hombre llamado Boaz, que amaba a Dios y era pariente del esposo de Noemí. Debido a una época de hambre en Israel, Noemí, su esposo y sus dos hijos se fueron a Moab. Allí, su esposo murió. Sus dos hijos se casaron, pero por desgracia también murieron (Rut 1:3-5; 2:1). Esos golpes de la vida hundieron a Noemí cada vez más en el desánimo. Estaba tan consumida por el dolor que llegó a la conclusión de que Jehová estaba contra ella. Fijémonos en cómo expresó lo que pensaba de Dios: “La mano de Jehová se ha vuelto contra mí, [...] el Todopoderoso ha llenado mi vida de amargura”. También dijo: “Jehová se ha puesto en mi contra. El Todopoderoso me ha causado mucho sufrimiento” (Rut 1:13, nota, 20, 21).
10 ¿Cómo reaccionó Jehová a las amargas palabras que dijo Noemí? No la abandonó, sino que al ver su sufrimiento le mostró empatía. Jehová entiende que “a un sabio la opresión puede llevarlo a la locura” (Ecl. 7:7). Aun así, Noemí necesitaba ayuda para ver que Jehová estaba de su lado. ¿Qué hizo Dios para ayudarla? (1 Sam. 2:8). Hizo que Rut se sintiera impulsada a mostrarle amor leal. Con bondad y cariño, ayudó a su suegra a recuperar el equilibrio emocional y espiritual. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Rut?
11 El amor leal nos impulsa a ayudar a quienes están desanimados. Tal como Rut se mantuvo al lado de Noemí, hoy día hay muchos hermanos bondadosos que de buena gana se mantienen al lado de quienes están abatidos o deprimidos. Aman a sus hermanos y desean hacer todo lo que está en su mano para ayudarlos (Prov. 12:25, nota; 24:10). Así siguen el consejo del apóstol Pablo: “Consuelen a los deprimidos, apoyen a los débiles y sean pacientes con todos” (1 Tes. 5:14).
12 En muchos casos, la mejor manera de ayudar a un hermano que está desanimado es escuchándolo y diciéndole que lo amamos. Jehová se fija en todo lo que hacemos para ayudar a una de sus valiosas ovejas (Sal. 41:1). Proverbios 19:17 dice: “El que le muestra compasión al necesitado le hace un préstamo a Jehová, y él lo recompensará por eso”.
13 Para entender mejor lo que es el amor leal, analicemos lo que le pasó a Noemí después de la muerte de su esposo y de sus dos hijos. Cuando Noemí oyó decir que “Jehová se había acordado de su pueblo y le había dado alimento”, decidió volver a su país (Rut 1:6). Sus dos nueras comenzaron el viaje de regreso con ella. Pero, mientras iban de camino, Noemí les dijo tres veces que volvieran a Moab. ¿Qué pasó? El relato dice: “Orpá besó a su suegra y se fue, pero Rut no quiso separarse de ella” (Rut 1:7-14). Orpá hizo lo que Noemí le dijo que hiciera y volvió a Moab. Pero Rut hizo más de lo que se esperaba de ella. También podría haber regresado a su casa, pero por amor leal decidió quedarse para ayudar a su suegra (Rut 1:16, 17). Eligió mantenerse a su lado, no porque tuviera que hacerlo, sino porque deseaba hacerlo, por amor leal. ¿Qué nos enseña este relato?
14 El amor leal va más allá de lo que se espera. Igual que en el pasado, muchos Testigos de nuestros días han decidido mostrarles amor leal a sus hermanos, incluso a los que no conocen. Por ejemplo, cuando se enteran de que ha habido un desastre natural, enseguida preguntan cómo pueden ayudar. O, si saben que algún hermano de la congregación tiene problemas económicos, tratan de averiguar lo que necesita y lo ayudan. Imitan el ejemplo de los cristianos de Macedonia del siglo primero, que dieron “incluso más de lo que podían dar” (2 Cor. 8:3). Igual que aquellos cristianos, hacen más de lo que se espera. Se sacrifican para ayudar a sus hermanos más necesitados. Sin duda, a Jehová le agrada mucho ver el amor leal de sus siervos (lea Hebreos 13:16).
¿CÓMO PODEMOS MOSTRAR AMOR LEAL HOY DÍA?
15 Podemos aprender muchas lecciones valiosas de la historia de Rut y Noemí. Veamos algunas.
16 No nos rindamos. Cuando Rut se ofreció a acompañar a su suegra a Judá, esta al principio se opuso. Pero Rut no se dio por vencida. ¿Cuál fue el resultado? “Cuando Noemí vio que Rut se empeñaba en ir con ella, dejó de insistir” (Rut 1:15-18).
17 Aplicación: Se necesita paciencia para ayudar a quienes están deprimidos, pero no debemos rendirnos. Por ejemplo, puede que una hermana que necesita ayuda al principio no quiera aceptarla. Aun así, el amor leal nos impulsará a hacer todo lo posible por mantenernos a su lado (Gál. 6:2). Y no perdemos la esperanza de que con el tiempo acepte nuestra ayuda y consuelo.
18 No nos lo tomemos como algo personal. Cuando Noemí y Rut llegaron a Belén, Noemí se encontró con sus antiguas vecinas y les dijo: “Lo tenía todo cuando me fui, pero Jehová me ha hecho volver con las manos vacías” (Rut 1:21). ¿Nos imaginamos cómo se sintió Rut al oír a su suegra decir eso? Había hecho todo lo que estaba en su mano para ayudar a Noemí: había llorado con ella, la había consolado y había caminado con ella días y días. Aun así, Noemí dijo: “Jehová me ha hecho volver con las manos vacías”. Aunque Rut estaba allí a su lado, parecía que Noemí no valoraba su apoyo. De seguro que aquello debió dolerle muchísimo a Rut. Pero ella se mantuvo al lado de Noemí.
19 Aplicación: Es posible que una hermana que está desanimada al principio nos diga algo hiriente a pesar de todos nuestros esfuerzos por ayudarla. Pero tratamos de no tomárnoslo como algo personal. Nos mantenemos a su lado y le pedimos a Jehová que nos ayude a encontrar la manera de consolarla (Prov. 17:17).
20 Demos ánimo a quien lo necesite. Rut le había mostrado amor leal a Noemí, pero ahora ella también necesitaba ánimo. Así que Jehová impulsó a Boaz a animarla con estas palabras: “Que Jehová te pague lo que has hecho. Que recibas una recompensa completa de Jehová, el Dios de Israel, porque has buscado refugio bajo sus alas”. Estas hermosas palabras conmovieron profundamente a Rut. Ella le dijo: “Me has consolado a mí, tu sierva, y me has tranquilizado con tus palabras” (Rut 2:12, 13). Las oportunas palabras de Boaz le dieron a Rut las fuerzas que necesitaba para seguir adelante.
21 Aplicación: Quienes les muestran amor leal a otros a veces también necesitan recibir ánimo. Boaz felicitó a Rut por la bondad que le había mostrado a Noemí. De la misma manera, hoy día los ancianos felicitan a los hermanos de la congregación por la ayuda y el cariño que les dan a otros. Esas oportunas palabras de ánimo les darán las fuerzas que necesitan para seguir adelante (lea Isaías 32:1, 2).
¿CÓMO NOS BENEFICIA MOSTRAR AMOR LEAL?
22 Algún tiempo después, Boaz se encargó de que Rut y Noemí tuvieran alimento más que suficiente (Rut 2:14-18). ¿Cómo reaccionó Noemí al ver la generosidad de Boaz? Dijo: “Que Jehová, quien ha mostrado su amor leal a vivos y a muertos, lo bendiga” (Rut 2:20a). ¡Cuánto había cambiado la actitud de Noemí! Antes había dicho muy dolida: “Jehová se ha puesto en mi contra”. Pero ahora exclamaba muy feliz: “Jehová [...] ha mostrado su amor leal”. ¿Qué pudo provocar ese cambio?
23 Noemí por fin empezó a ver la mano de Jehová en su vida. Por medio de Rut, Jehová le había dado el apoyo que necesitaba en el viaje de regreso a Judá (Rut 1:16). Noemí también vio la mano de Jehová cuando Boaz, uno de sus “recompradores”, trató con generosidad y cariño a las dos mujeres (Rut 2:19, 20b). Debió pensar: “Ahora lo entiendo. Jehová nunca me abandonó. Ha estado conmigo todo este tiempo” (lea Salmo 136:23, 26). Seguro que agradeció de corazón que Rut y Boaz no se rindieran ni dejaran de ayudarla. Los tres se sintieron muy felices de que Noemí recuperara la alegría y las fuerzas.
24 ¿Qué hemos aprendido sobre el amor leal en el libro de Rut? El amor leal nos impulsa a seguir apoyando a los hermanos que están desanimados y a no rendirnos fácilmente. También nos motiva a hacer sacrificios a fin de ayudarlos. Los ancianos deben animar con cariño a quienes les muestran amor leal a otros. Sentimos una gran alegría cuando vemos que nuestros hermanos recuperan las fuerzas en su servicio a Jehová (Hech. 20:35). Ahora bien, no olvidemos que la razón más importante por la que seguimos mostrando amor leal es porque queremos imitar y agradar a Jehová, que está “lleno de amor leal” (Éx. 34:6; Sal. 33:22).
ijwis artículo 12
Rut es una buena amiga
HISTORIA BÍBLICA ILUSTRADA
[Escena 1]
[Narración:] NOEMÍ VIVÍA EN MOAB, Y SU ESPOSO HABÍA MUERTO. UN DÍA, DECIDIÓ VOLVER A SU PAÍS, A ISRAEL. SUS DOS NUERAS, RUT Y ORPÁ, QUE ERAN MOABITAS, SE FUERON CON ELLA.
[Escena 2]
[Escena 3]
[Escena 4]
[Escena 5]
[Narración:] DESPUÉS DE HABER CAMINADO UN RATO, NOEMÍ SE PARÓ PARA HABLAR CON ELLAS.
[Noemí:] HIJAS MÍAS, SUS ESPOSOS HAN MUERTO. REGRESEN A MOAB Y CÁSENSE CON ALGUIEN DE ALLÍ. VUELVAN CON SUS FAMILIAS.
[Escena 6]
[Orpá:] YO NO QUIERO IRME, PERO NOEMÍ TIENE RAZÓN, RUT.
[Escena 7]
[Orpá:] MOAB ES NUESTRO HOGAR. NUESTRAS MADRES ESTÁN EN MOAB, NUESTRAS FAMILIAS ESTÁN EN MOAB, NUESTROS AMIGOS ESTÁN EN MOAB. YO ME VOY A CASA.
[Rut:] ES VERDAD ORPÁ, PERO NOEMÍ TAMBIÉN ES NUESTRA FAMILIA. ADEMÁS, SU DIOS, JEHOVÁ, ES BUENO Y CARIÑOSO. Y LOS DIOSES DE MOAB SON MUY MALOS.
[Escena 8]
[Noemí:] ¡MIRA! ORPÁ VUELVE A SU PUEBLO Y A SUS DIOSES. DEBERÍAS IR CON ELLA.
[Escena 9]
[Rut:] NO. NO TE ABANDONARÉ.
[Escena 10]
[Rut:] ADONDE TÚ VAYAS YO IRÉ.
[Escena 11]
[Rut:] TU PUEBLO SERÁ MI PUEBLO.
[Escena 12]
[Rut:] Y TU DIOS SERÁ MI DIOS.
[Escena 13]
[Narración:] CUANDO LLEGARON A ISRAEL, RUT SE PUSO A RECOGER ESPIGAS DE CEBADA EN EL CAMPO DE UN HOMBRE LLAMADO BOAZ. ASÍ CONSIGUIÓ COMIDA PARA ELLA Y NOEMÍ.
[Escena 14]
[Boaz:] ¿QUIÉN ES ESA JOVEN?
[Encargado de los cosechadores:] ES DE MOAB, VINO CON NOEMÍ. HA ESTADO TRABAJANDO TODO EL DÍA.
[Escena 15]
[Boaz:] QUE JEHOVÁ TE BENDIGA, RUT. EN ESTA CIUDAD, TODOS SABEN QUE ERES UNA MUJER MUY BUENA.
[Escena 16]
[Narración:] BOAZ SE CASÓ CON RUT, Y TUVIERON UN HIJO AL QUE LLAMARON OBED. EL NIETO DE OBED LLEGÓ A SER UN REY MUY FAMOSO EN ISRAEL. ¿SABES QUIÉN FUE? (LEE RUT 4:22.)
[RECUADRO]
¿QUÉ APRENDEMOS DE ESTA HISTORIA?
¿CÓMO MOSTRÓ RUT SER UNA BUENA AMIGA DE NOEMÍ?
PISTA: RUT 1:14, 16, 17; 2:11, 12.
¿CÓMO MOSTRÓ JEHOVÁ SER BUENO CON RUT Y NOEMÍ?
PISTA: RUT 4:13-15.
¿CÓMO PUEDES TÚ SER UN BUEN AMIGO?
PISTA: PROVERBIOS 17:17; 18:24.
CAPÍTULO 16
“Claro que iré contigo”
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“Me levanté como madre en Israel”
Los israelitas temblaban con solo oír el nombre de Sísara. La religión y la cultura de Canaán se caracterizaban por su terrible crueldad. De hecho, el sacrificio de niños y la prostitución en los templos eran prácticas habituales. ¿Se imagina lo que sería estar bajo el dominio de un general cananeo y de todo su ejército? Según el canto de Débora, viajar por la nación era casi imposible y las aldeas estaban deshabitadas (Jueces 5:6, 7). Seguramente, la gente vivía aterrorizada y tenía que esconderse en los bosques y las colinas, sin poder cultivar sus campos ni andar por los caminos por temor a ser atacados, a que secuestraran a sus hijos o a que violaran a sus mujeres.
[Nota]
La canción de Débora indica que Sísara acostumbraba regresar de sus campañas militares trayendo consigo muchachas como parte del botín para sus soldados. A veces, entregaba más de una joven a cada uno (Jueces 5:30). En la canción se utiliza la palabra hebrea para matriz, que también significa “muchacha” o “doncella”. El uso de ese término indica que a las mujeres se las valoraba solo por su capacidad reproductiva. Es probable que la violación fuera una práctica común.
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Preguntas de los lectores
◼ ¿Cuántos jueces como Sansón y Gedeón hubo?
La cifra a la que uno llega cuando se cuenta la cantidad de jueces que hubo depende de cómo uno vea a ciertos israelitas. Pero se puede decir, sin margen de equivocación, que 12 hombres sirvieron de jueces en el período entre Josué y Samuel.
En los días de Moisés y Josué, algunos ancianos en la congregación servían de jueces en el sentido de que fueron escogidos para escuchar y tomar decisiones en casos legales. (Éxodo 18:21, 22; Josué 8:33; 23:2.) Después de la muerte de Josué, Israel se apartó de la adoración verdadera y otros pueblos le causaron aflicción. Jueces 2:16 dice: “De modo que Jehová levantaba jueces, y éstos los salvaban de la mano de sus pilladores”. El primer hombre que Jehová levantó como juez o “salvador” se llamó Otniel. (Jueces 3:9.) Después de él vinieron Ehúd, Samgar, Baraq, Gedeón, Tolá, Jaír, Jefté, Ibzán, Elón, Abdón y Sansón.
Aparte de estos 12, la Biblia menciona, en lo que toca a dictar juicio, a Débora, Elí y a Samuel. (Jueces 4:4; 1 Samuel 4:16-18; 7:15, 16.) Sin embargo, a Débora primero se le llama profetisa y estuvo relacionada con el juez Baraq, quien, en particular, tomó la delantera en librar al pueblo de la opresión. De manera similar, Elí fue principalmente un sumo sacerdote, no un “salvador” que a través de una batalla condujera a Israel a la libertad. (Nehemías 9:27.) Por lo tanto, aunque Débora y Elí hayan oficiado como jueces de Israel, hay base para no alistarlos entre los 12 hombres que clara y fundamentalmente fueron ‘levantados’ de manera especial como jueces. Hechos 13:20 dice que “[Dios dio] jueces hasta Samuel el profeta”. Esto limita lo que se conoce como el período de los jueces, y también muestra por qué a Samuel y a sus hijos, por lo general, tampoco se les cuenta como jueces. (1 Samuel 8:1.)
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“Me levanté como madre en Israel”
Los israelitas estuvieron veinte años bajo esta cruel dominación, hasta que Jehová vio que su terco pueblo había cambiado de actitud. O como dice la canción de Débora y Barac: “Hasta que yo, Débora, me levanté, hasta que me levanté como madre en Israel”. Débora estaba casada con un hombre llamado Lapidot. Aunque no se sabe si tenían hijos, ella fue “madre en Israel” en el sentido de que Jehová la escogió para que cuidara de la nación como una madre. Le encargó que mandara llamar a un hombre fiel y valiente, el juez Barac, para que se enfrentara a Sísara (Jueces 4:3, 6, 7; 5:7).
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Puntos sobresalientes del libro de Jueces
5:20. ¿Cómo pelearon desde el cielo las estrellas a favor de Barac? La Biblia no dice si hubo ayuda angelical, meteoritos que los sabios de Sísara interpretaron como malos augurios o predicciones astrológicas para Sísara que resultaron falsas. Como quiera que fuera, lo que está claro es que hubo algún tipo de intervención divina.
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Alabemos a Jehová con un espíritu dispuesto
“Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, bendigan a Jehová” (JUEC. 5:2).
“¿PUEDE un hombre físicamente capacitado ser útil a Dios mismo, para que cualquiera que tenga perspicacia sea útil para con él? ¿Tiene deleite alguno el Todopoderoso en que seas justo, o ganancia alguna en que hagas sin culpa tu camino?” (Job 22:1-3). ¿Alguna vez ha pensado en la respuesta a preguntas como estas? Cuando Elifaz el temanita se las hizo a Job, de seguro creía que la respuesta era no. Su compañero, Bildad el suhita, incluso afirmó que los humanos no pueden ser justos ante Dios (lea Job 25:4).
2 Aquellos supuestos consoladores aseguraban que a Dios no le beneficia que lo sirvamos lealmente; argumentaron que para él no valemos más que una polilla, una cresa o un gusano (Job 4:19; 25:6). A primera vista, podríamos pensar que Elifaz y Bildad eran humildes (Job 22:29). Después de todo, lo que hacemos los seres humanos puede parecer insignificante si lo vemos desde la cima de una montaña o la ventanilla de un avión. Ahora bien, cuando Jehová mira nuestro planeta desde los cielos, ¿es así como ve lo que hacemos por el Reino? Él dijo lo que pensaba cuando corrigió a Elifaz, Bildad y Zofar por decir mentiras, y al mostrar que estaba contento con Job llamándolo “mi siervo” (Job 42:7, 8). En conclusión: una persona puede “ser útil a Dios”.
¿QUÉ LE DAMOS A DIOS?
3 Jehová no corrigió a Elihú por preguntar: “Si de veras tienes razón, ¿qué le das, o qué recibe él de tu propia mano?” (Job 35:7). ¿Estaba diciendo que nuestros esfuerzos por servir a Dios son inútiles? No. Lo que quería decir es que Jehová no depende de nuestra adoración. Él es un ser completo; no podemos hacerlo ni más rico ni más fuerte. Por el contrario, Jehová nos ha dado las cualidades, fortalezas o talentos que tenemos y se fija en qué uso les damos.
4 Jehová considera que el amor leal que les mostramos a sus siervos se lo mostramos a él. “El que muestra favor al de condición humilde le presta a Jehová, y Él le pagará su trato”, dice Proverbios 19:17. ¿Significa eso que Dios toma nota cada vez que se demuestra bondad a los humildes? ¿Podemos concluir que el Creador del universo se considera en deuda con simples humanos que tratan con misericordia a los demás, que ve estos actos como préstamos que pagará con su favor y bendiciones? La respuesta es sí, como confirmó el propio Hijo de Dios (lea Lucas 14:13, 14).
5 A Jehová le agrada que sus siervos fieles colaboren en el cumplimiento de su propósito, como quedó demostrado cuando le pidió al profeta Isaías que hablara en su nombre. Él aceptó con gusto y dijo: “¡Aquí estoy yo! Envíame a mí”. (Is. 6:8-10). Hoy, miles de personas demuestran su misma actitud y están dispuestas a servir a Jehová en asignaciones difíciles. Aun así, alguien podría preguntar: “¿De verdad importa lo que yo haga? Aunque Jehová me da el privilegio de ofrecerme y colaborar con él, ¿no hará lo necesario para que se cumpla su Palabra sin importar lo que yo decida hacer en su servicio?”. Analicemos los sucesos que tuvieron lugar en la época de Débora y Barac, y encontraremos las respuestas.
EL TEMOR LOS PARALIZÓ, PERO JEHOVÁ LES DIO FUERZAS
6 El rey cananeo Jabín oprimió a los israelitas “con dureza durante veinte años”. La gente que vivía en los pueblos tenía miedo hasta de salir de sus casas. Desde un punto de vista militar, estaban mal equipados, ya que no tenían ni armas ofensivas ni defensivas. Sus enemigos, en cambio, tenían 900 carros de guerra con hoces de hierro (Juec. 4:1-3, 13; 5:6-8).
7 Jehová le ordenó claramente a Barac mediante la profetisa Débora: “Ve, y tienes que desplegarte sobre el monte Tabor, y tienes que llevar contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Y ciertamente atraeré hacia ti, al valle torrencial de Cisón, a Sísara el jefe del ejército de Jabín, y sus carros de guerra y su muchedumbre, y verdaderamente lo daré en tu mano” (Juec. 4:4-7).
8 Se corrió la voz, y los voluntarios se reunieron en el monte Tabor. Barac no perdió tiempo en obedecer las instrucciones de Jehová (lea Jueces 4:14-16). Durante la batalla principal, en Taanac, un aguacero repentino convirtió el terreno en un lodazal. Barac persiguió al ejército de Sísara por 24 kilómetros (15 millas), hasta Haróset. En algún momento, Sísara abandonó su temible carro de guerra, ahora inútil, y corrió hasta Zaananim, tal vez cerca de Quedes. Fue a ocultarse a la tienda de Jael, la esposa de Héber el quenita, y ella lo recibió amablemente. Cansado por la batalla, se quedó dormido. Ahora estaba en las manos de Jael, quien, actuando con valor y decisión, le dio muerte (Juec. 4:17-21). El enemigo de Israel había sido derrotado.
NO TODOS TUVIERON UN ESPÍRITU DISPUESTO
9 Los capítulos 4 y 5 de Jueces deben estudiarse juntos, pues cada uno incluye detalles que no están en el otro. Por ejemplo, Jueces 5:20, 21 cuenta: “Desde el cielo pelearon las estrellas, sí, desde sus órbitas pelearon contra Sísara. El torrente de Cisón los arrolló”. ¿Se refiere a que los ángeles ayudaron a Israel o a que se produjo una especie de lluvia de meteoritos? El relato no da detalles. Pero ¿a qué otra cosa, aparte de a la intervención de Dios, podría atribuirse que cayera en el lugar y momento precisos un aguacero que inutilizó 900 carros de guerra? En Jueces 4:14, 15, se atribuye la victoria a Jehová tres veces; ninguno de los 10.000 voluntarios israelitas podía llevarse el mérito.
10 Un detalle interesante es que, en la canción de victoria de Débora y Barac, donde alaban a Jehová por su intervención sobrenatural, dicen: “Maldigan a Meroz —dijo el ángel de Jehová—, maldigan a sus habitantes incesantemente, porque no vinieron en auxilio de Jehová, en auxilio de Jehová con los poderosos” (Juec. 5:23).
11 Parece que la maldición a Meroz se cumplió de forma tan completa que hoy no sabemos con seguridad qué era. ¿Se trataba de una ciudad que no envió voluntarios a la batalla? Tuvieron que haber oído la convocatoria de Jehová, porque 10.000 hombres de la región se reunieron para participar en la ofensiva. Y si era una ciudad por la que pasó Sísara en su huida, ¿tuvieron sus habitantes la oportunidad de detenerlo y no la aprovecharon? Podemos imaginarlos viendo a este cruel guerrero corriendo por sus calles, solo y desesperado. Se les presentaba la magnífica oportunidad de contribuir a que se cumpliera el propósito de Jehová y recibir bendiciones de su parte. Pero en aquel momento decisivo en que tenían que escoger entre hacer algo y no hacer nada, ¿decidieron quedarse al margen? ¡Qué distinta fue la valiente acción de Jael que se cuenta justo en los versículos siguientes! (Juec. 5:24-27).
12 En Jueces 5:9, 10, vemos otra diferencia entre la actitud de los que acompañaron a Barac y la de quienes no lo hicieron. Él y Débora felicitaron a “los comandantes de Israel, que fueron voluntarios entre el pueblo”. Estos eran muy diferentes de los que cabalgaban “en asnas de color rojo amarillento”, demasiado orgullosos como para involucrarse, y de los que se sentaban “sobre alfombras preciosas” y amaban el lujo. A diferencia de los que andaban “por el camino”, que preferían una vida fácil, los que fueron con Barac estuvieron dispuestos a ir a la batalla en las laderas rocosas del monte Tabor y el valle pantanoso de Cisón. A todos los que buscaron su comodidad se les dijo: “¡Consideren!”, porque debían meditar en la oportunidad de ayudar a Jehová que habían dejado escapar. También deben hacerlo los que hoy no acaban de decidirse a servir a Dios con todas sus fuerzas.
13 Los que se ofrecieron vieron con sus propios ojos cómo defendía Dios su soberanía. Tuvieron cosas significativas que decir cuando “se pusieron a relatar los actos justos de Jehová” (Juec. 5:11). Por otro lado, en Jueces 5:15-17 se critica a las tribus de Rubén, Dan y Aser por interesarse más en sus posesiones —rebaños, naves y desembarcaderos— que en lo que Jehová estaba haciendo. En cambio, Zabulón y Neftalí arriesgaron la vida para apoyar a Débora y Barac (Juec. 5:18). Este contraste en la forma de ver el servicio voluntario nos enseña una gran lección.
“BENDIGAN A JEHOVÁ”
14 En la actualidad, no se nos pide que peleemos en ninguna guerra, pero sí tenemos el privilegio de predicar con valor y entusiasmo. Hoy, más que nunca, la organización de Jehová necesita voluntarios. Millones de hombres y mujeres, jóvenes y mayores, se ofrecen para servir de tiempo completo como precursores, betelitas o en la construcción de Salones del Reino, o como voluntarios en las asambleas. Y no olvidemos a los ancianos que tienen responsabilidades de peso en los Comités de Enlace con los Hospitales y en la organización de asambleas. Tengamos por seguro que Jehová valora mucho esa buena disposición y nunca la olvidará (Heb. 6:10).
15 Todos debemos preguntarnos: “¿Dejo que los demás se encarguen de la mayoría del trabajo? ¿Es mayor mi interés por las cosas materiales que mi deseo de servir más a Jehová? ¿Tengo la misma fe y valor que Barac, Débora, Jael y los 10.000 voluntarios, y uso todos mis recursos para obedecer las claras órdenes de Jehová? Si estoy pensando en la oportunidad de irme a otra ciudad o país para ganar más dinero, ¿he orado y meditado en el efecto que tendría en mi familia y en la congregación?”.
16 Jehová nos da el honor de permitirnos apoyar su soberanía. Desde la primera vez que el Diablo atrajo con engaños a los humanos para que respaldaran su ataque a la soberanía de Dios, los que se ponen de parte del Creador le mandan a Satanás un mensaje alto y claro. A Jehová le agradan la fe y la integridad que nos motivan a ofrecernos en su servicio (Prov. 23:15, 16). El apoyo leal que le damos le sirve para responder a las burlas y desafíos de Satanás (Prov. 27:11). Nuestra obediencia y lealtad a Jehová le dan algo que considera valioso y que lo hace sentirse muy feliz.
17 Pronto la Tierra estará habitada solo por los que quieren que su gobernante sea Jehová y nadie más. ¿Verdad que deseamos mucho que venga ya ese día? Igual que Débora y Barac, clamamos: “Perezcan todos tus enemigos, oh Jehová, y sean los que te aman como cuando el sol sale en su poderío” (Juec. 5:31). Este deseo se cumplirá cuando Jehová destruya el malvado mundo de Satanás. Cuando comience la batalla de Armagedón, no hará falta que ningún hombre se ofrezca para aplastar al enemigo. Será el momento de quedarnos quietos y ver la salvación de Jehová (2 Crón. 20:17). Mientras tanto, hay muchas oportunidades para apoyar la voluntad de Dios con valor y entusiasmo.
18 Débora y Barac comenzaron su canción de victoria alabando al Altísimo, no a hombres. Dijeron: “Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, bendigan a Jehová” (Juec. 5:1, 2). Deseamos que también hoy nuestra disposición a servir a Dios beneficie a otros y los impulse a alabar siempre a Jehová.
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Gracias a su fe, Barac puso en fuga a un ejército poderoso
IMAGÍNESE frente a frente con un batallón de soldados enemigos dotados de lo último en material bélico y listos para emplearlo. En comparación, usted y sus compañeros se hallan prácticamente indefensos.
Barac, Débora y 10.000 israelitas vivieron esta experiencia durante la época de los jueces de Israel. Los cananeos, comandados por Sísara, componían el ejército enemigo. Su armamento incluía carros de guerra con ruedas provistas de mortíferas hoces de hierro. El escenario de la batalla fueron el monte Tabor y el valle torrencial de Cisón. Lo que allí ocurrió pone de manifiesto que Barac fue un hombre de fe ejemplar. Analicemos los sucesos que precedieron a este enfrentamiento.
Israel clama a Jehová
El libro de Jueces habla de las repetidas ocasiones en las que los israelitas abandonaron la adoración verdadera y de las nefastas consecuencias que esto tuvo. En todos los casos, cuando suplicaban sinceramente la misericordia divina, Dios nombraba un salvador que los libraba, pero ellos enseguida volvían a rebelarse contra Él. Fieles a este patrón, “los hijos de Israel de nuevo empezaron a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová ahora que estaba muerto Ehúd”, un juez que los había liberado de la opresión moabita. De hecho, “procedieron a escoger dioses nuevos”. ¿Cuál fue el resultado? “Jehová los vendió en mano de Jabín el rey de Canaán, que reinaba en Hazor; y el jefe de su ejército era Sísara [...]. Y los hijos de Israel empezaron a clamar a Jehová, porque [Sísara] tenía novecientos carros de guerra con hoces de hierro, y él mismo oprimió a los hijos de Israel con dureza durante veinte años.” (Jueces 4:1-3; 5:8.)
Las Escrituras describen la situación de Israel: “[En aquellos días] no había tránsito en los senderos, y los viajantes de veredas viajaban por senderos indirectos. Los moradores de la campiña abierta cesaron” (Jueces 5:6, 7). Los israelitas vivían aterrorizados por los cananeos que merodeaban en carro por los alrededores. “El miedo dominaba la vida del pueblo —dice cierto estudioso—; parecía que toda la comunidad estaba paralizada e indefensa.” Por eso, como ya habían hecho antes, los desalentados israelitas clamaron a Jehová en busca de ayuda.
Jehová nombra un caudillo
En medio de la crisis nacional que atravesó Israel bajo la opresión cananea, Dios usó a la profetisa Débora para dar a conocer sus juicios y sus instrucciones. De este modo, Jehová le concedió el privilegio de actuar, en sentido metafórico, como madre en Israel (Jueces 4:4; 5:7).
Débora mandó llamar a Barac y le dijo: “¿No ha dado la orden Jehová el Dios de Israel? ‘Ve, y tienes que desplegarte sobre el monte Tabor, y tienes que llevar contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Y ciertamente atraeré hacia ti, al valle torrencial de Cisón, a Sísara el jefe del ejército de Jabín, y sus carros de guerra y su muchedumbre, y verdaderamente lo daré en tu mano’” (Jueces 4:6, 7). Con la pregunta “¿No ha dado la orden Jehová [...]?”, Débora dejó claro que ella no era ninguna autoridad sobre Barac. Ella se limitó a intervenir como el medio a través del cual se transmitía un mandato divino. ¿Cómo reaccionó Barac?
“Si tú vas conmigo —dijo Barac—, entonces ciertamente iré; pero si tú no vas conmigo, no iré.” (Jueces 4:8.) ¿Por qué era reacio Barac a aceptar la tarea que le encomendaba Dios? ¿Por cobardía? ¿Porque le faltaba confianza en las promesas divinas? De ningún modo. Barac no rechazó la misión ni desobedeció a Jehová. Más bien, su respuesta indicó que no se sentía capacitado para cumplir el mandato divino por sí solo. La presencia de la representante de Dios le garantizaría la guía divina y les infundiría confianza a él y a sus hombres. Así pues, la condición que puso Barac no fue una señal de debilidad, sino una muestra de su fe firme.
La reacción de Barac puede compararse a la de Moisés, Gedeón y Jeremías, quienes tampoco confiaban en su capacidad para llevar a cabo las comisiones divinas. Pero no por ello se les consideró menos fieles (Éxodo 3:11-4:17; 33:12-17; Jueces 6:11-22, 36-40; Jeremías 1:4-10). ¿Y qué se puede decir de la actitud de Débora? En vez de intentar apoderarse del control, sirvió a Jehová con modestia. “Sin falta iré contigo”, le respondió a Barac (Jueces 4:9). Estuvo dispuesta a dejar su hogar —un lugar mucho más seguro— y acompañar a Barac a la inminente batalla. Débora también es un ejemplo de fe y valor.
Siguen a Barac con fe
Las fuerzas de Israel se reunieron en un prominente monte llamado Tabor. El lugar estaba bien escogido, pues era un punto de encuentro natural de las tribus de Neftalí y Zabulón, que vivían en los alrededores. Tal como Jehová había ordenado, 10.000 voluntarios, además de Débora, subieron con Barac a la montaña.
Se requería fe de parte de quienes se unieron a Barac. Jehová le había prometido a este la victoria sobre los cananeos, pero ¿con qué armas contaban los israelitas? Jueces 5:8 indica: “No se veía un escudo, ni una lanza, entre cuarenta mil en Israel”. Por lo visto, los israelitas llevaban un equipo muy ligero. Y aun si no hubiera sido así, las lanzas y las espadas poco podían ayudar en una lucha desigual contra carros de guerra con hoces de hierro. Al oír que Barac había subido al monte Tabor, Sísara reunió de inmediato todos sus carros y tropas en el valle torrencial de Cisón (Jueces 4:12, 13). Lo que Sísara no sabía es que iba a luchar contra el Dios todopoderoso.
Barac pone en fuga al ejército de Sísara
Llegado el momento del combate, Débora dijo a Barac: “Levántate, porque este es el día en que Jehová ciertamente dará a Sísara en tu mano. ¿No es Jehová quien ha salido delante de ti?”. Barac y sus hombres tenían que descender desde la cima del monte Tabor al valle, pese a que allí los carros de Sísara gozarían de una ventaja estratégica. ¿Cómo se habría sentido usted si hubiera formado parte del ejército de Barac? ¿Habría obedecido de buena gana el mandato recordando que provenía de Jehová? Barac y sus 10.000 hombres así lo hicieron. “Y Jehová empezó a poner en confusión a Sísara y todos sus carros de guerra y todo el campamento a filo de espada delante de Barac.” (Jueces 4:14, 15.)
Con el respaldo de Jehová, Barac hizo huir al ejército de Sísara. El relato de la batalla no aporta todos los detalles. Sin embargo, la canción de victoria de Barac y Débora explica que ‘de los cielos y las nubes goteó agua’. Seguramente, una tormenta provocó que los carros de Sísara se atascaran en el barro, y Barac aprovechó tal circunstancia. Así pues, la principal arma ofensiva de los cananeos se convirtió en su debilidad. Respecto a los cadáveres de los hombres de Sísara, la canción dice: “El torrente de Cisón los arrolló” (Jueces 5:4, 21).
¿Pudo producirse esta circunstancia? El valle torrencial de Cisón es un uadi, el lecho de un arroyo que por lo general fluye con poca agua. A causa de tormentas o lluvias persistentes, estos arroyos suelen crecer de pronto y convertirse en veloces y peligrosos torrentes. Cuentan que, durante la primera guerra mundial, solo quince minutos de lluvia sobre el grueso suelo arcilloso de esa misma zona pusieron en peligro el éxito de todas las maniobras de la caballería. Las crónicas de la batalla que tuvo lugar en el monte Tabor entre Napoleón y los turcos el 16 de abril de 1799 revelan que “muchos de estos últimos se ahogaron al intentar escapar atravesando una sección de la llanura inundada por el Cisón”.
El historiador judío Flavio Josefo aseguraba que en el momento en que los ejércitos de Sísara y Barac estaban a punto de encontrarse, “llegó del cielo una gran tormenta con abundante lluvia y granizo; el viento sopló la lluvia sobre el rostro de los cananeos y les oscureció de tal modo la vista que no pudieron obtener ningún beneficio de sus hondas y sus flechas”.
“Desde el cielo pelearon las estrellas —explica Jueces 5:20—, sí, desde sus órbitas pelearon contra Sísara.” ¿Cómo pelearon las estrellas contra Sísara? Algunas personas ven en esta declaración una referencia al socorro divino. Otras explicaciones que se barajan son la ayuda de los ángeles, lluvias de meteoritos o la dependencia de Sísara de predicciones astrológicas que resultaron falsas. Dado que la Biblia no aclara cómo lucharon las estrellas en esta batalla, basta con entender que tal afirmación demuestra algún tipo de intervención divina a favor del ejército de Israel. Sea cual sea el caso, los israelitas aprovecharon al máximo la situación. “Barac corrió tras los carros de guerra [...], de modo que todo el campamento de Sísara cayó a filo de espada. No quedó ni siquiera uno.” (Jueces 4:16.) ¿Qué ocurrió con Sísara, el jefe del ejército?
El opresor cae “en la mano de una mujer”
“En cuanto a Sísara —dice la Biblia—, él [abandonó la batalla y] huyó a pie a la tienda de Jael la esposa de Héber el quenita, porque había paz entre Jabín el rey de Hazor y la casa de Héber el quenita.” Jael invitó al agotado Sísara a entrar en su tienda, le dio de beber leche y lo tapó, de modo que se quedó dormido. Luego, Jael “procedió a tomar una estaca de la tienda y a poner el martillo en su mano”, útiles corrientes para cualquier persona que viviera en tiendas. “Entonces fue a él furtivamente y le clavó la estaca en las sienes y la batió hasta que penetró en la tierra, mientras él estaba profundamente dormido y fatigado. Así murió.” (Jueces 4:17-21.)
Después Jael salió a encontrarse con Barac y le dijo: “Ven, y te mostraré al hombre que estás buscando”. El relato continúa: “De modo que él entró donde ella estaba, y, ¡mire!, allí yacía Sísara muerto, con la estaca en las sienes”. ¡Cuánto debió fortalecer esta experiencia la fe de Barac! Algún tiempo antes, la profetisa Débora le había anunciado: “La cosa de embellecimiento no llegará a ser tuya en el camino por el cual vas, porque en la mano de una mujer Jehová venderá a Sísara” (Jueces 4:9, 22).
¿Puede considerarse la actuación de Jael una traición? A Jehová no le pareció así. “Entre mujeres en la tienda será muy bendita”, decía la canción de victoria de Barac y Débora. Esta canción contribuye a que veamos la muerte de Sísara desde la debida perspectiva. A su madre se la representa aguardando ansiosa su regreso de la batalla. “¿Por qué ha tardado en venir su carro de guerra?”, pregunta. “Las sabias de sus damas nobles” se esfuerzan por disipar sus temores contestándole que sin duda ha de estar repartiendo el botín de la batalla: magníficas prendas de vestir bordadas y mujeres para los hombres. Las damas preguntan: “¿No deben [...] repartir despojo, una matriz... dos matrices [expresión de los soldados para referirse a las concubinas capturadas, según la nota] a cada hombre físicamente capacitado, despojo de géneros teñidos para Sísara, [...] una prenda de vestir bordada, géneros teñidos, dos prendas de vestir bordadas para los cuellos de hombres de despojo?” (Jueces 5:24, 28-30).
Lecciones para nosotros
El relato de Barac nos enseña importantes lecciones. Todo el que aparta de su vida a Jehová acaba teniendo problemas y frustraciones. Sin embargo, acudir a Dios con arrepentimiento y demostrar fe en él permite librarse de diversas clases de opresión. También es necesario que cultivemos la obediencia. Incluso cuando parece que las instrucciones de Dios no se ajustan a la lógica humana, podemos estar seguros de que siempre nos reportan beneficios duraderos (Isaías 48:17, 18). Barac puso “en fuga a los ejércitos de extranjeros” porque ejerció fe en Jehová y siguió sus instrucciones (Hebreos 11:32-34).
La canción de Débora y Barac concluye con una nota conmovedora: “Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová, y sean los que te aman como cuando el sol sale en su poderío” (Jueces 5:31). ¡Qué ciertas serán estas palabras cuando Jehová ponga fin al malvado mundo de Satanás!
CAPÍTULO 17
“La más bendita de las mujeres”
w19.09 8, 9 párrs. 3-6
La llegada de Armagedón es una buena noticia
3 (Lea Revelación 16:14, 16). La palabra Armagedón solo aparece una vez en las Escrituras y viene de un término hebreo que significa “Montaña de Meguidó” (Rev. 16:16, nota). Meguidó era una ciudad del antiguo Israel (Jos. 17:11). Pero Armagedón no es un lugar literal. En sentido estricto, es la situación en la que llegan a estar “los reyes de toda la tierra habitada” cuando se los reúne en contra de Jehová (Rev. 16:14). Sin embargo, en este artículo, también usaremos la palabra Armagedón para referirnos a la guerra que ocurrirá inmediatamente después de que se reúna a los reyes de la Tierra. ¿Por qué sabemos que Armagedón es un lugar simbólico? Primero, porque la montaña de Meguidó no existe. Segundo, porque la zona que rodea la ciudad de Meguidó es muy pequeña, así que allí no cabrían “los reyes de toda la tierra habitada”, sus ejércitos y su armamento. Tercero, porque, como veremos en este artículo, la guerra de Armagedón empezará cuando los “reyes” de la Tierra ataquen a los siervos de Dios, que viven en diferentes lugares de todo el mundo.
4 ¿Por qué relacionó Jehová su gran guerra final con Meguidó? Porque Meguidó y el cercano valle de Jezreel fueron el escenario de muchas batallas. A veces, Jehová intervino directamente en ellas. Por ejemplo, “junto a las aguas de Meguidó”, ayudó al juez israelita Barac a derrotar al ejército cananeo que comandaba Sísara. Barac y la profetisa Débora le agradecieron a Jehová su milagrosa victoria. En una canción, dijeron: “Desde el cielo pelearon las estrellas [...] contra Sísara. El torrente de Cisón los arrolló” (Juec. 5:19-21).
5 Barac y Débora terminaron su canción con estas palabras: “Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová, y sean los que te aman como cuando el sol sale en su poderío” (Juec. 5:31). En Armagedón, los enemigos de Jehová también perecerán y quienes lo aman se salvarán. Ahora bien, hay una diferencia importante entre Armagedón y la batalla que peleó Barac. En Armagedón, los siervos de Dios no lucharán. Es más, ni siquiera irán armados. Su fuerza dependerá de que mantengan la calma y confíen en Jehová y en sus ejércitos celestiales (Is. 30:15; Rev. 19:11-15).
6 ¿Cómo derrotará Jehová a sus enemigos en Armagedón? Puede hacerlo de diversas maneras. Por ejemplo, tal vez use terremotos, granizo y rayos (Job 38:22, 23; Ezeq. 38:19-22). También es posible que haga que sus enemigos luchen entre sí (2 Crón. 20:17, 22, 23). Y quizás se valga de sus ángeles para matar a los malvados (Is. 37:36). Sin importar los medios que utilice, su victoria será completa. Todos sus enemigos serán destruidos, pero todos los justos se salvarán (Prov. 3:25, 26).
it “Héber” núm. 2
Héber
2. Esposo quenita de Jael (la mujer que dio muerte a Sísara, el jefe del ejército de Jabín) y descendiente de Hobab, “de quien Moisés fue yerno”. Al parecer, Héber se había separado de los demás quenitas y mantenía relaciones pacíficas con Jabín, el rey de Hazor. (Jue 4:11, 17, 21; 5:24.)
w08 15/10 14, 15 párrs. 12-15
La respuesta de Jehová a una oración ferviente
12 Observemos la fe inquebrantable que el salmista tenía en que Jehová puede frustrar los planes de las naciones enemigas. En el salmo menciona dos victorias decisivas de Israel sobre sus enemigos. Ambas se produjeron cerca de la antigua Meguidó, ciudad que dominaba una llanura-valle del mismo nombre. El río Cisón atraviesa esta llanura, y durante el verano puede verse su lecho seco y serpenteante. Pero, tras un aguacero invernal, sus aguas inundan la llanura, y quizás por esa razón el río también recibe el nombre de “las aguas de Meguidó” (Jue. 4:13; 5:19).
13 A unos quince kilómetros (diez millas) de Meguidó, cruzando el valle, se encuentra la colina de Moré. En los días del juez Gedeón, una coalición de tropas madianitas, amalequitas y orientales se reunieron allí para la guerra (Jue. 7:1, 12). La pequeña tropa de Gedeón contaba solo con 300 hombres, pero con la ayuda de Jehová, consiguieron derrotar al gran ejército enemigo. ¿Cómo? De acuerdo con las instrucciones divinas, rodearon el campamento contrario de noche, llevando consigo jarrones que ocultaban antorchas encendidas. Cuando Gedeón dio la señal, sus hombres hicieron añicos los jarrones y aparecieron las antorchas. Al mismo tiempo, hicieron sonar sus cuernos y gritaron: “¡La espada de Jehová y de Gedeón!”. Aquello provocó confusión entre sus enemigos, y estos empezaron a matarse entre sí. Los que sobrevivieron cruzaron el río Jordán para escapar. Entretanto, más israelitas se sumaron a la persecución de los escapados. En total, cayeron 120.000 soldados enemigos (Jue. 7:19-25; 8:10).
14 También al otro lado del valle de Meguidó, unos seis kilómetros (cuatro millas) más allá de la colina de Moré, se encuentra el monte Tabor. Allí, el juez Barac había reunido anteriormente a 10.000 soldados israelitas para que se enfrentaran a las tropas de Jabín, el rey cananeo de Hazor, dirigidas por su comandante militar Sísara. Los 900 carros de guerra del ejército cananeo estaban dotados de largas cuchillas de hierro que giraban a la par que las ruedas. Mientras las tropas de Israel, escasamente equipadas, se reunían en el monte Tabor, el ejército de Sísara se lanzó confiado hacia el valle. Entonces, “Jehová empezó a poner en confusión a Sísara y todos sus carros de guerra y todo el campamento”. Es probable que los carros quedaran atascados en el fango debido a un aguacero repentino que desbordara el río Cisón. Los israelitas acabaron con todo aquel ejército (Jue. 4:13-16; 5:19-21).
15 El salmista ruega a Jehová que le haga algo parecido a las naciones que en su día amenazaban la existencia de Israel. Le pide: “Hazles como a Madián, como a Sísara, como a Jabín en el valle torrencial de Cisón. Fueron aniquilados en En-dor; llegaron a ser estiércol para el suelo” (Sal. 83:9, 10). Resulta significativo que la guerra final de Dios contra el mundo de Satanás reciba el nombre de Har-magedón (que significa “Montaña de Meguidó”). Ese nombre, que también se vierte “Armagedón”, nos recuerda las dramáticas batallas que tuvieron lugar cerca de Meguidó. La victoria de Jehová en esas guerras antiguas nos garantiza que él vencerá en la batalla de Armagedón (Rev. 16:13-16).
w15 1/8 15 párr. 2
“Me levanté como madre en Israel”
Poco después llegó Barac persiguiendo a su enemigo. Cuando Jael le mostró el cuerpo con la estaca clavada en las sienes, enseguida se dio cuenta de que la profecía de Débora se había cumplido. ¡Una mujer había derrotado al poderoso Sísara! Muchos escépticos de nuestro tiempo han criticado a Jael, pero para Barac y Débora, lo que ella hizo fue muy loable. En la canción que compusieron bajo la guía divina, la llaman “muy bendita entre las mujeres” por su valentía (Jueces 4:22; 5:24). Evidentemente, Débora no envidió la honra que Jael recibió, pues para ella lo más importante era que se cumpliera la palabra de Jehová.
ijwbq artículo 161
¿Qué aprendemos de las mujeres de la Biblia?
La respuesta que da la Biblia
La Biblia habla de muchas mujeres de las que podemos aprender importantes lecciones (Romanos 15:4; 2 Timoteo 3:16, 17). En este artículo veremos brevemente lo que hicieron algunas de ellas, pues sus vidas nos sirven de ejemplo o de advertencia (1 Corintios 10:11; Hebreos 6:12).
Abigaíl
¿Quién fue? Abigaíl era la esposa de un hombre rico y áspero que se llamaba Nabal. Era una mujer sensata y humilde, que además era hermosa y espiritual (1 Samuel 25:3).
¿Qué hizo? Abigaíl supo actuar con sabiduría e inteligencia, y así evitó una desgracia. Ella y Nabal vivían en la región donde David, futuro rey de Israel, se escondía de sus enemigos. Mientras David y sus hombres estaban allí, protegían de los ladrones a los rebaños de Nabal. Un día, David envió a unos mensajeros a pedirle comida a Nabal, pero Nabal se negó y fue muy grosero. Esto enfureció a David, así que salió para matar a Nabal y a todos sus hombres (1 Samuel 25:10-12, 22).
Abigaíl se enteró de lo que había hecho su esposo y reaccionó rápidamente. Mandó que sus sirvientes llevaran alimento a David y sus hombres. Ella fue detrás de los sirvientes y le suplicó misericordia a David (1 Samuel 25:14-19, 24-31). David no solo vio su regalo, también se dio cuenta de que era una mujer humilde. Luego escuchó su consejo y reconoció que Dios la estaba usando para evitar una tragedia (1 Samuel 25:32, 33). Al poco tiempo, Nabal murió y Abigaíl se convirtió en esposa de David (1 Samuel 25:37-41).
¿Qué aprendemos de ella? A pesar de ser una mujer hermosa y muy rica, tenía un punto de vista equilibrado de sí misma. Para mantener la paz, estuvo dispuesta a disculparse por algo que ella no había hecho. Abigaíl manejó una situación complicada con calma, tacto, valentía e inteligencia.
▸ Si desea saber más sobre Abigaíl, lea el artículo “Una mujer sensata”.
Ana
¿Quién fue? Ana era la esposa de Elcaná y la madre de Samuel, quien llegó a ser un profeta importante en el antiguo Israel (1 Samuel 1:1, 2, 4-7).
¿Qué hizo? Ana buscó el consuelo de Dios porque no tenía hijos aunque llevaba muchos años casada. El esposo de Ana tenía otra esposa, que se llamaba Peniná, con la que sí tenía hijos. Peniná siempre se burlaba de Ana, por eso Ana le oró a Dios para pedirle consuelo. Además le hizo un voto en el que le prometió que, si le daba un hijo varón, ella se lo entregaría para que le sirviera en el tabernáculo. El tabernáculo era una tienda desmontable que los israelitas usaban para adorar a Dios (1 Samuel 1:11).
Dios respondió la oración de Ana y le dio un hijo, al que llamó Samuel. Como había prometido, Ana llevó al pequeño Samuel al tabernáculo para que sirviera allí (1 Samuel 1:27, 28). Todos los años, Ana le hacía a Samuel una túnica sin mangas y se la llevaba. Con el tiempo, Dios bendijo a Ana con cinco hijos más, tres niños y dos niñas (1 Samuel 2:18-21).
¿Qué aprendemos de ella? Ana pudo aguantar esa situación gracias a sus oraciones sinceras. En 1 Samuel 2:1-10 podemos leer la oración que le hizo a Jehová para darle las gracias. En ella se nota la gran fe que tenía.
▸ Si desea saber más sobre Ana, lea el artículo “Le abrió su corazón a Jehová”.
▸ Si quiere saber por qué toleró Dios la poligamia en el pasado, lea el artículo “¿Aprueba Dios la poligamia?”.
Dalila
¿Quién fue? Dalila fue la mujer de la que se enamoró Sansón, un juez de Israel (Jueces 16:4, 5).
¿Qué hizo? Dalila aceptó dinero de los gobernantes filisteos para traicionar a Sansón. Dios había estado utilizando a este juez para salvar a los israelitas de los filisteos. Estos enemigos no podían vencer a Sansón, pues Jehová le había dado una fuerza extraordinaria (Jueces 13:5). Por eso, los gobernantes filisteos le pidieron ayuda a Dalila.
Los filisteos sobornaron a Dalila para que descubriera por qué Sansón era tan fuerte. Ella aceptó el dinero y después de varios intentos logró averiguar el secreto de Sansón (Jueces 16:15-17). Dalila les reveló el secreto a los filisteos, y así pudieron capturar y encarcelar a Sansón (Jueces 16:18-21).
¿Qué aprendemos de ella? Dalila se dejó dominar por la codicia. Fue una mujer egoísta y desleal que traicionó a un siervo de Jehová. Nadie debería seguir su ejemplo.
Débora
¿Quién fue? Débora era una profetisa de Jehová, el Dios de Israel. Jehová la utilizó para revelarles a los israelitas lo que tenían que hacer y para solucionar problemas entre ellos (Jueces 4:4, 5).
¿Qué hizo? La profetisa Débora apoyó con valor a quienes adoraban a Dios. Jehová le dijo que mandara llamar a Barac para decirle que llevara al ejército israelita a luchar contra los cananeos (Jueces 4:6, 7). Luego Barac le pidió a Débora que lo acompañara. Ella no tuvo miedo y aceptó ir con él (Jueces 4:8, 9).
Dios ayudó a los israelitas a conseguir una victoria aplastante. Entonces, Débora compuso por lo menos parte de la canción que ella y Barac cantaron para relatar lo que había pasado. En esa canción, Débora mencionó que Jael, otra mujer valiente, fue muy importante para derrotar a los cananeos (Jueces, capítulo 5).
¿Qué aprendemos de ella? Débora se sacrificaba por los demás y era valiente. Animaba a otros a hacer lo correcto a los ojos de Dios. Y, cuando lo hacían, no dudaba en darles el reconocimiento que merecían.
▸ Si desea saber más sobre Débora, lea el artículo “Me levanté como madre en Israel”.
Ester
¿Quién fue? Ester era una joven judía a la que Asuero, el rey persa, escogió para ser reina.
¿Qué hizo? La reina Ester usó su influencia para evitar la matanza de su pueblo. Se enteró de que se había emitido una ley que fijaba una fecha para matar a todos los judíos que vivían bajo el Imperio persa. Este plan malvado fue idea de Hamán, que era el primer ministro (Ester 3:13-15; 4:1, 5). A riesgo de su propia vida y con la ayuda de su primo Mardoqueo, Ester le reveló el malvado plan a su esposo, el rey Asuero (Ester 4:10-16; 7:1-10). Así que Asuero dejó que Ester y Mardoqueo emitieran otra ley que les permitiría a los judíos defenderse. Finalmente, los judíos obtuvieron una gran victoria contra todos sus enemigos (Ester 8:5-11; 9:16, 17).
¿Qué aprendemos de ella? La reina Ester dejó un excelente ejemplo de valentía, humildad y modestia (Salmo 31:24; Filipenses 2:3). A pesar de su belleza y posición, buscó la ayuda y el consejo de otros. Cuando habló con su esposo, tuvo tacto y fue respetuosa pero valiente. Además, no tuvo miedo de identificarse como judía en un momento muy peligroso para este pueblo.
▸ Si desea saber más sobre Ester, lea los artículos “Defendió al pueblo de Dios” y “Actuó con sabiduría, valor y altruismo”.
Eva
¿Quién fue? Eva fue la primera mujer que existió y también la primera que se menciona en la Biblia.
¿Qué hizo? Eva desobedeció un mandato claro que Dios había dado. Al igual que su esposo, Adán, ella también era un ser humano perfecto. Jehová los había creado con la capacidad de tomar sus propias decisiones y de cultivar cualidades divinas como el amor y la sabiduría (Génesis 1:27). Eva sabía que Dios le había dicho a Adán que morirían si comían de cierto árbol. Sin embargo, Satanás la engañó y le hizo creer que no moriría. De hecho, la convenció de que le iría mejor si desobedecía a Dios. Así que comió del fruto y luego hizo que su esposo también comiera (Génesis 3:1-6; 1 Timoteo 2:14).
¿Qué aprendemos de ella? El ejemplo de Eva nos enseña lo peligroso que es alimentar los deseos incorrectos. El intenso deseo que Eva desarrolló por conseguir algo que no le correspondía la llevó a desobedecer un mandato claro de Dios (Génesis 3:6; 1 Juan 2:16).
Jael
¿Quién fue? Jael era la esposa de Héber, que no era israelita. Fue una mujer muy valiente que se puso de parte del pueblo de Dios.
¿Qué hizo? Jael hizo algo muy valiente cuando Sísara, el jefe del ejército cananeo, entró en el campamento donde ella vivía. Sísara había perdido la batalla contra Israel y ahora buscaba dónde esconderse. Jael lo invitó a entrar en su tienda y descansar. Mientras dormía, lo mató (Jueces 4:17-21).
Lo que hizo Jael cumplió estas palabras de la profetisa Débora: “Será en las manos de una mujer en las que Jehová entregará a Sísara” (Jueces 4:9). Por su valor, la Biblia describe a Jael como “la más bendita de las mujeres” (Jueces 5:24).
¿Qué aprendemos de ella? Jael demostró que tenía iniciativa y valor. Su historia prueba que Dios puede hacer lo que sea necesario para que se cumplan las profecías.
Jezabel
¿Quién fue? Jezabel era la esposa de Acab, el rey de Israel. Ella no era israelita y no adoraba a Jehová, sino a Baal, un dios cananeo.
¿Qué hizo? La reina Jezabel era una mujer dominante, despiadada y violenta. Fomentaba el culto a Baal y la inmoralidad sexual que era parte de esa religión. Además, intentó eliminar la adoración a Jehová, el Dios verdadero (1 Reyes 18:4, 13; 19:1-3).
Jezabel era capaz de mentir y asesinar para satisfacer sus caprichos egoístas (1 Reyes 21:8-16). Tal como Dios había predicho, murió de forma violenta y no fue enterrada (1 Reyes 21:23; 2 Reyes 9:10, 32-37).
¿Qué aprendemos de ella? Jezabel fue una mujer corrupta y sin escrúpulos. Su nombre ha llegado a ser un símbolo de mujer descarada, inmoral y desenfrenada. Nadie debería seguir su ejemplo.
La esposa de Lot
¿Quién fue? La Biblia no menciona el nombre de la esposa de Lot. Pero nos cuenta que tuvo dos hijas y que vivió en la ciudad de Sodoma con su familia (Génesis 19:1, 15).
¿Qué hizo? La esposa de Lot desobedeció un mandato de Dios. Jehová había decidido destruir Sodoma y otras ciudades cercanas por sus terribles prácticas inmorales. Como Dios amaba al justo Lot y a su familia, envió a dos ángeles para sacarlos de allí y llevarlos a un lugar seguro (Génesis 18:20; 19:1, 12, 13).
Los ángeles les dijeron a Lot y a su familia que huyeran y que no miraran atrás. Si no obedecían, morirían (Génesis 19:17). La esposa de Lot empezó a mirar atrás y “se convirtió en una columna de sal” (Génesis 19:26).
¿Qué aprendemos de ella? Lo que le pasó a la esposa de Lot nos recuerda que es muy peligroso dejar que las cosas materiales sean más importantes que obedecer a Dios. Por eso, Jesús advirtió: “Acuérdense de la esposa de Lot” (Lucas 17:32).
La sulamita
¿Quién fue? La sulamita fue una hermosa joven campesina que además es la protagonista del libro bíblico de El Cantar de los Cantares. La Biblia no dice su nombre.
¿Qué hizo? La joven sulamita fue leal al humilde pastor del que estaba enamorada (El Cantar de los Cantares 2:16). Sin embargo, su extraordinaria belleza atrajo la atención del rico rey Salomón, quien intentó conquistarla (El Cantar de los Cantares 7:6). Aunque hubo personas que trataron de convencerla para que aceptara a Salomón, la joven sulamita lo rechazó. Ella amaba al humilde pastor (El Cantar de los Cantares 3:5; 7:10; 8:6).
¿Qué aprendemos de ella? La joven sulamita no dejó de ser modesta a pesar de su belleza y de las atenciones que recibió, pues tuvo un punto de vista equilibrado de sí misma. No permitió que la presión de otros, las riquezas o el prestigio influyeran en sus sentimientos. Mantuvo sus emociones bajo control y permaneció limpia en sentido moral.
Lea
¿Quién fue? Lea fue la primera esposa del patriarca Jacob. Su hermana menor, Raquel, fue la otra esposa (Génesis 29:20-29).
¿Qué hizo? Lea fue la madre de seis de los hijos varones de Jacob (Rut 4:11). Jacob quería casarse con Raquel, no con Lea. Sin embargo, el padre de ellas, Labán, se encargó de que Lea tomara el lugar de Raquel. Cuando Jacob se dio cuenta de que lo habían engañado para que se casara con Lea, fue a hablar con Labán. Él le explicó a Jacob que la costumbre no era que la hija menor se casara antes que la mayor. Una semana después, Jacob se casó con Raquel (Génesis 29:26-28).
Jacob quería más a Raquel que a Lea (Génesis 29:30). Así que los celos llevaron a Lea a competir con su hermana por el cariño de Jacob. Dios conocía los sentimientos de Lea y la bendijo con seis hijos y una hija (Génesis 29:31).
¿Qué aprendemos de ella? Lea le confío sus preocupaciones a Dios en oración y no dejó que su difícil situación familiar le impidiera ver que Dios la estaba ayudando (Génesis 29:32-35; 30:20). Lo que Lea vivió nos muestra de forma realista los problemas que genera la poligamia, un sistema que Dios toleró durante un tiempo. La norma de Dios es que cada matrimonio esté compuesto solo por un hombre y una mujer (Mateo 19:4-6).
▸ Si desea saber más sobre Lea, vea el artículo “Dos hermanas rivales ‘edificaron la casa de Israel’”.
▸ Si quiere saber por qué toleró Dios la poligamia en el pasado, lea el artículo “¿Aprueba Dios la poligamia?”.
María (hermana de Marta y Lázaro)
¿Quién fue? María, igual que su hermano Lázaro y su hermana Marta, era amiga de Jesús.
¿Qué hizo? María demostró en muchas ocasiones que respetaba a Jesús, el Hijo de Dios. Creía que Jesús podía haber evitado la muerte de su hermano Lázaro y estuvo presente cuando Jesús lo resucitó. Su hermana, Marta, la criticó cuando ella eligió escuchar a Jesús en lugar de ayudar con las tareas de la casa. Pero Jesús felicitó a María por dar prioridad a las cosas espirituales (Lucas 10:38-42).
Una vez, María le mostró extraordinaria hospitalidad a Jesús cuando le derramó “un aceite perfumado muy caro” en la cabeza y en los pies (Mateo 26:6, 7). Algunos la acusaron de desperdiciar algo de mucho valor. Pero Jesús la defendió y dijo: “En todo el mundo, en cualquier lugar donde se prediquen estas buenas noticias, también se contará lo que hizo esta mujer, y así será recordada” (Mateo 24:14; 26:8-13).
¿Qué aprendemos de ella? María llegó a tener una fe muy grande. Puso la adoración a Dios por encima de cualquier otro asunto. Fue humilde y le mostró gran respeto a Jesús, sin reparar en gastos.
María (madre de Jesús)
¿Quién fue? María era una joven judía. Todavía era virgen cuando nació Jesús, pues concibió al hijo de Dios de manera milagrosa.
¿Qué hizo? María fue humilde y obedeció a Dios. Estaba comprometida con José cuando se le apareció un ángel para decirle que quedaría embarazada y tendría al Mesías prometido (Lucas 1:26-33). Ella estuvo dispuesta a cumplir con su papel. Después de que Jesús nació, María y José tuvieron cuatro hijos y por lo menos dos hijas. Por lo tanto, María dejó de ser virgen (Mateo 13:55, 56). Aunque es verdad que tuvo un gran privilegio, nunca pidió ni recibió un trato especial. Y así fue durante el ministerio de Jesús y durante los primeros años de la congregación cristiana.
¿Qué aprendemos de ella? María fue una mujer fiel que aceptó una gran responsabilidad. Además, conocía muy bien la Palabra de Dios. Se calcula que hizo unas 20 referencias a las Escrituras cuando dijo las palabras que se hallan en Lucas 1:46-55.
▸ Si desea saber más sobre María, lea el artículo “Lecciones que aprendemos de María”.
María Magdalena
¿Quién fue? María Magdalena fue una discípula leal de Jesús.
¿Qué hizo? María Magdalena fue una de las mujeres que viajaban con Jesús y sus discípulos. Fue una mujer generosa que usó sus bienes para atenderlos (Lucas 8:1-3). Acompañó a Jesús hasta el final de su ministerio y se quedó cerca de él cuando lo ejecutaron. Tuvo el privilegio de ser una de las primeras personas que lo vieron resucitado (Juan 20:11-18).
¿Qué aprendemos de ella? María Magdalena apoyó de forma generosa el ministerio de Jesús y fue una discípula muy entregada.
Marta
¿Quién fue? Marta era la hermana de Lázaro y María. Los tres vivían en Betania, cerca de Jerusalén.
¿Qué hizo? Marta era amiga de Jesús. Por eso, la Biblia dice que Jesús “amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5). Marta era una mujer hospitalaria. En una de las visitas que les hizo Jesús, María se quedó escuchándolo mientras Marta se encargaba de las tareas de la casa. Luego se quejó de que María no la estaba ayudando, pero Jesús corrigió a Marta con amabilidad (Lucas 10:38-42).
Cuando Lázaro se enfermó, Marta y su hermana mandaron llamar a Jesús, pues estaban seguras de que él podía curarlo (Juan 11:3, 21). Pero Lázaro murió. La conversación que Marta tuvo con Jesús demuestra que ella creía en la promesa de la resurrección y confiaba en que Jesús podía hacer que su hermano volviera a vivir (Juan 11:20-27).
¿Qué aprendemos de ella? Marta se esforzó por ser hospitalaria. Aceptó de buena gana los consejos que le dieron. Expresó abiertamente sus sentimientos y su fe.
▸ Si desea saber más sobre Marta, lea el artículo “He creído”.
Míriam
¿Quién fue? Míriam fue la hermana de Moisés y Aarón. Es la primera mujer a la que la Biblia llama profetisa.
¿Qué hizo? Como era profetisa, se encargaba de transmitir los mensajes de Dios. Era una mujer muy importante en Israel. Cuando Dios destruyó al ejército egipcio en el mar Rojo, ella cantó una canción de victoria junto con los hombres (Éxodo 15:1, 20, 21).
Tiempo después, Míriam y Aarón empezaron a criticar a Moisés. Está claro que fue por orgullo y envidia. “Jehová los estaba escuchando” y los disciplinó (Números 12:1-9). Dios castigó a Míriam con lepra, pues ella era la que había iniciado las críticas. Moisés le suplicó a Jehová que la curara, y él lo escuchó. Pero Míriam tuvo que estar siete días en cuarentena antes de volver al campamento de Israel (Números 12:10-15).
La Biblia indica que Míriam aceptó la disciplina. Siglos después, Dios habló del importante papel que tuvo en Israel cuando dijo: “Envié al frente de ti a Moisés, Aarón y Míriam” (Miqueas 6:4).
¿Qué aprendemos de ella? La historia de Míriam revela que Dios presta atención a lo que les decimos a nuestros hermanos y a lo que decimos de ellos. También aprendemos que, para agradar a Dios, debemos evitar el orgullo y la envidia, características que podrían hacer que mancháramos la reputación de los demás.
Rahab
¿Quién fue? Rahab fue una prostituta que vivió en la ciudad cananea de Jericó y que luego comenzó a adorar a Jehová.
¿Qué hizo? Rahab escondió a dos israelitas que habían ido a espiar la región. Lo hizo porque había escuchado que Jehová, el Dios de Israel, había salvado a su pueblo primero de los egipcios y después de los amorreos.
Rahab ayudó a los espías y les suplicó que la salvaran a ella y a su familia cuando los israelitas fueran a destruir Jericó. Ellos aceptaron, pero con algunas condiciones: primero, no podía contarle a nadie de esa misión secreta; segundo, ella y su familia tenían que quedarse dentro de la casa durante el ataque, y tercero, tenía que colgar un cordón rojo de la ventana para que supieran cuál era su casa. Rahab siguió todas las instrucciones, así que ella y su familia se salvaron cuando los israelitas capturaron Jericó.
Tiempo después, Rahab se casó con un israelita y así llegó a ser antepasada del rey David y de Jesucristo (Josué 2:1-24; 6:25; Mateo 1:5, 6, 16).
¿Qué aprendemos de ella? La Biblia dice que Rahab es un ejemplo sobresaliente de fe (Hebreos 11:30, 31; Santiago 2:25). Su historia nos ayuda a ver que Dios es misericordioso, trata a todos por igual y bendice a los que confían en él, sin importar su pasado.
▸ Si desea saber más sobre Rahab, lea el artículo “Fue declarada justa por obras”.
Raquel
¿Quién fue? Raquel era una de las hijas de Labán y la esposa favorita del patriarca Jacob.
¿Qué hizo? Raquel se casó con Jacob y tuvieron dos hijos, que fueron dos de los cabezas de las 12 tribus de Israel. La Biblia dice que Raquel conoció a su esposo cuando estaba cuidando a las ovejas de su padre (Génesis 29:9, 10). Comparada con Lea, su hermana mayor, Raquel era “una mujer muy hermosa y atractiva” (Génesis 29:17).
Jacob se enamoró de Raquel y estuvo de acuerdo en trabajar siete años para poder casarse con ella (Génesis 29:18). Sin embargo, Labán lo engañó para que se casara primero con Lea, aunque luego permitió que se casara con Raquel (Génesis 29:25-27).
Jacob amaba más a Raquel y a sus dos hijos que a Lea y a sus hijos (Génesis 37:3; 44:20, 27-29). Por eso, había rivalidad entre las dos mujeres (Génesis 29:30; 30:1, 15).
¿Qué aprendemos de ella? Raquel soportó una difícil situación familiar sin perder la esperanza de que Dios escucharía sus oraciones (Génesis 30:22-24). Su historia confirma que la poligamia provocaba muchos problemas familiares. Lo que le pasó a Raquel demuestra que la norma que Jehová había establecido para el matrimonio es la mejor: cada hombre debe tener una sola esposa (Mateo 19:4-6).
▸ Si desea saber más sobre Raquel, lea el artículo “Dos hermanas rivales ‘edificaron la casa de Israel’”.
▸ Si quiere saber por qué toleró Dios la poligamia en el pasado, lea el artículo “¿Aprueba Dios la poligamia?”.
Rebeca
¿Quién fue? Rebeca fue la esposa de Isaac, con quien tuvo a los gemelos Jacob y Esaú.
¿Qué hizo? Rebeca hizo la voluntad de Dios incluso cuando no era fácil. Un día, Rebeca fue a sacar agua de un pozo y un hombre le pidió que le diera un poco. Ella rápidamente le dio agua y se ofreció para darles de beber a los camellos (Génesis 24:15-20). Ese hombre era un siervo de Abrahán y había viajado desde muy lejos para buscar una esposa para Isaac, el hijo de su amo (Génesis 24:2-4). El siervo de Abrahán había orado para pedirle a Dios que lo ayudara. Cuando vio que Rebeca era una mujer tan trabajadora y hospitalaria, se dio cuenta de que Dios estaba respondiendo su oración y le estaba diciendo que ella era la elegida para Isaac (Génesis 24:10-14, 21, 27).
Cuando Rebeca supo por qué estaba allí aquel hombre, aceptó acompañarlo y casarse con Isaac (Génesis 24:57-59). Con el tiempo, Rebeca tuvo gemelos, y Dios le reveló que el mayor, Esaú, serviría al menor, Jacob (Génesis 25:23). El día que Isaac decidió darle la bendición al primogénito, que era Esaú, Rebeca hizo lo necesario para asegurarse de que Jacob fuera el que recibiera esa bendición. Lo hizo porque sabía que esa era la voluntad de Dios (Génesis 27:1-17).
¿Qué aprendemos de ella? Rebeca era una mujer modesta, trabajadora y hospitalaria. Gracias a esas cualidades, fue una excelente esposa y madre, así como una buena sierva del Dios verdadero.
▸ Si desea saber más sobre Rebeca, lea el artículo “Estoy dispuesta a ir”.
Rut
¿Quién fue? Rut era una moabita que dejó su país y a sus dioses para servir a Jehová en Israel.
¿Qué hizo? Rut demostró un gran amor a Noemí, su suegra. Noemí, su esposo y sus dos hijos se habían ido a vivir a Moab debido al hambre que había en Israel. Después, los hijos se casaron con dos moabitas, Rut y Orpá. Sin embargo, con el tiempo, el esposo y los hijos de Noemí murieron. Así que las tres mujeres quedaron viudas.
Noemí decidió regresar a Israel, pues la sequía ya había terminado. Rut y Orpá querían ir con ella, pero Noemí les dijo que volvieran con sus familiares. Orpá lo hizo (Rut 1:1-6, 15). Pero Rut se quedó con su suegra, pues la quería mucho y quería adorar al Dios de Noemí, Jehová (Rut 1:16, 17; 2:11).
Rut era una buena nuera y una mujer muy trabajadora, por eso se ganó una excelente reputación en la ciudad de Noemí, Belén. Un hombre llamado Boaz, que era rico y dueño de muchas tierras, quedó tan impresionado con Rut que le dio abundante alimento para ella y Noemí (Rut 2:5-7, 20). Con el tiempo, Rut se casó con Boaz y así llegó a ser antepasada del rey David y de Jesucristo (Mateo 1:5, 6, 16).
¿Qué aprendemos de ella? Rut estuvo dispuesta a abandonar su país y a su familia por el gran amor que sentía por Noemí y por Jehová. Demostró que era una mujer trabajadora, devota y leal, aun en momentos difíciles.
▸ Si desea saber más sobre Rut, lea los artículos “A donde tú vayas yo iré” y “Una mujer excelente”.
Sara
¿Quién fue? Sara fue esposa de Abrahán y madre de Isaac.
¿Qué hizo? Sara estuvo dispuesta a dejar la vida cómoda de la ciudad de Ur porque tenía fe en las promesas que Dios le había hecho a su esposo, Abrahán. Dios le había dicho a Abrahán que se fuera de la moderna ciudad de Ur a la tierra de Canaán. Le prometió que le daría muchas bendiciones y haría que su familia fuera una gran nación (Génesis 12:1-5). Es posible que Sara tuviera unos 60 años para ese tiempo. Desde entonces, ella y su esposo vivieron en tiendas de campaña yendo de un lugar a otro.
Aunque ese tipo de vida era peligroso, Sara apoyó la resolución de Abrahán de obedecer a Dios (Génesis 12:10, 15). Durante muchos años, Sara no tuvo hijos, lo que la hacía sentir muy triste. Pero Dios había prometido que bendeciría a los descendientes de Abrahán (Génesis 12:7; 13:15; 15:18; 16:1, 2, 15). Más tarde, Dios le confirmó a Sara que tendría un hijo de Abrahán. Y, a pesar de que ya se le había pasado la edad para ser madre, pues ella tenía 90 años y su esposo 100, tuvieron un hijo (Génesis 17:17; 21:2-5). El niño se llamó Isaac.
¿Qué aprendemos de ella? El ejemplo de Sara nos enseña que Dios siempre cumple sus promesas, aunque a veces pudieran parecer imposibles (Hebreos 11:11). También es un ejemplo para las esposas, pues resalta la importancia del respeto en el matrimonio (1 Pedro 3:5, 6).
▸ Si desea saber más sobre Sara, lea los artículos “Una mujer hermosa” y “Dios la llamó ‘Princesa’”.
Cuándo vivieron las mujeres de la Biblia
Eva
El Diluvio (2370 a. e. c.)
Sara
La esposa de Lot
Rebeca
Lea
Raquel
El éxodo de los israelitas (1513 a. e. c.)
Míriam
Rahab
Rut
Débora
Jael
Dalila
Ana
El primer rey de Israel (1117 a. e. c.)
Abigail
La sulamita
Jezabel
Ester
María (madre de Jesús)
El bautismo de Jesús (29 e. c.)
Marta
María (hermana de Marta y Lázaro)
María Magdalena
La muerte de Jesús (33 e. c.)
CAPÍTULO 18
Valiente pero prudente
it “Cebada” párr. 7
Cebada
De cualquier forma, la cebada era un alimento común y barato, por lo que algunos comentaristas piensan que son estas cualidades las que se quieren representar en la “torta redonda de pan de cebada” que vio un madianita en un sueño y que simbolizó al humilde ejército de Gedeón. (Jue 7:13, 14.)
it “Cuerno” párr. 3
Cuerno
El schoh·fár se empleaba sobre todo para emitir señales. Servía para reunir a las fuerzas israelitas, emitir la “señal de alarma” para atacar una ciudad o dirigir otras maniobras bélicas. (Jue 3:27; 6:34; 2Sa 2:28; Joe 2:1; Sof 1:16.) En caso de un ataque del enemigo, con el schoh·fár se daba advertencia. (Ne 4:18-20.) Puesto que por lo general solo una persona tocaba este instrumento para emitir señales en la batalla, en circunstancias normales el sonido de 300 de estos cuernos podía indicar un ejército de tamaño considerable. Por esa razón, “el campamento entero [de los madianitas] echó a correr” sobrecogido de terror cuando oyó a los 300 hombres de Gedeón tocar sus cuernos. (Jue 7:15-22.)
w04 15/10 16 párrs. 9, 10
“Ve de un sitio a otro en la tierra”
9 Otro relato en el que las distancias constituyen un factor clave es el de la victoria de Gedeón sobre los madianitas. La mayoría de los lectores de la Biblia saben que el juez Gedeón y sus 300 hombres derrotaron a una coalición de 135.000 invasores madianitas, amalequitas y de otros pueblos que se hallaban acampados en la llanura de Jezreel, cerca de la colina de Moré. Los hombres de Gedeón tocaron los cuernos, rompieron los jarrones que tapaban las antorchas y gritaron: “¡La espada de Jehová y de Gedeón!”. Confundidos y asustados por aquello, sus enemigos se pusieron a luchar entre sí (Jueces 6:33; 7:1-22). ¿Eso fue todo, un suceso veloz en la oscuridad de la noche? Siga leyendo los capítulos 7 y 8 de Jueces y verá que Gedeón continuó el ataque. De los muchos lugares mencionados, hay algunos cuya ubicación no se ha logrado determinar, de modo que tal vez no aparezcan en los mapas bíblicos. Pero los que sí pueden localizarse son suficientes para seguir la secuencia de los acontecimientos.
10 Gedeón persiguió a lo que quedaba de las fuerzas de la coalición hasta más allá de Bet-sitá y entonces en dirección sur hasta Abel-meholá, junto al río Jordán (Jueces 7:22-25). El relato dice así: “Gedeón llegó al Jordán, y lo cruzó, él y los trescientos hombres que estaban con él, cansados, pero continuando con el seguimiento”. Una vez en la otra ribera, los israelitas siguieron en pos de sus enemigos hacia el sur hasta llegar a Sucot y Penuel, cerca del río Jaboq, y entonces hasta las colinas de Jogbehá (cerca de la moderna Ammán, en Jordania). En total, fueron unos 80 kilómetros de persecución y lucha. Gedeón capturó y dio muerte a dos reyes madianitas para entonces regresar a su ciudad, Ofrá, situada en las proximidades del lugar donde empezó la batalla (Jueces 8:4-12, 21-27). Como vemos, la proeza de Gedeón no se limitó a tocar cuernos, agitar antorchas y gritar durante unos pocos minutos. Y piense en la fuerza que imprime tal hecho a este comentario sobre los hombres de fe: “Me faltará tiempo si sigo contando de Gedeón [...] [y de otros que] de un estado débil fueron hechos poderosos, se hicieron valientes en guerra” (Hebreos 11:32-34). Aunque los cristianos también nos cansamos físicamente, ¿verdad que es importantísimo que sigamos haciendo la voluntad de Dios? (2 Corintios 4:1, 16; Gálatas 6:9.)
w05 15/4 32
¿Hasta qué punto es exacta la historia bíblica?
EN SU libro Las batallas de la Biblia, Chaim Herzog, ex presidente del Estado de Israel, y Mordechai Gichon, profesor emérito de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, señalan:
“La descripción táctica [y otros detalles] de las batallas de la Biblia [...] no se interpretan sobre la base de simples especulaciones. Baste, por ejemplo, comparar la campaña de Gedeón contra los madianitas y sus aliados, como se relata en Jueces, 6-8, con las batallas de la guerra de Troya, descritas por Homero en su Ilíada. Para esta última, una accesible orilla del mar y una no muy alejada ciudad fortificada es todo lo que se necesita como marco geográfico. Pero [en el relato de la campaña de Gedeón] [...] el detalle de los movimientos tácticos y los combates basados en la interacción entre las específicas características topográficas y en las acciones de amigos o enemigos —sobre un teatro de operaciones que cubre unas cuarenta millas [o unos 60 kilómetros] de longitud— simplemente no se reproduce en ninguna parte. [...] Estamos por ello virtualmente forzados a aceptar la veracidad de la narración táctica de las batallas que se describen en la Biblia”.
Si desea, puede estudiar la campaña de Gedeón utilizando el mapa que aparece en las páginas 18 y 19 del atlas bíblico Veamos “la buena tierra”. La historia empezó cuando “todo Madián y Amaleq y los orientales se reunieron como uno solo y procedieron a cruzar y a acampar en la llanura baja de Jezreel”. Gedeón convocó a las tribus vecinas para que lo ayudaran. La batalla se inició junto al pozo de Harod, en la colina de Moré, para continuar más abajo en el valle del Jordán. Tras perseguir a los enemigos hasta el otro lado del Jordán, Gedeón los venció (Jueces 6:33-8:12).
Ese mapa de Veamos “la buena tierra” muestra los lugares principales mencionados y la topografía de la zona. Otro mapa (en la página 15) identifica los territorios de las tribus de Israel. Ambos mapas le ayudarán a comprender la exactitud del relato.
Lo anterior ilustra una observación que hizo el difunto profesor Yohanan Aharoni: “En las tierras bíblicas, la geografía y la historia están tan íntimamente entrelazadas que la una no puede entenderse bien sin la ayuda de la otra”.
w00 1/8 16-18 párrs. 11-15
“La sabiduría está con los modestos”
11 Gedeón, un joven fiel de la tribu de Manasés, vivió durante un tiempo turbulento de la historia de Israel. El pueblo de Dios había sufrido durante siete años la opresión madianita. Sin embargo, había llegado el tiempo para que Jehová liberara a su pueblo. De modo que un ángel se apareció a Gedeón y le dijo: “Jehová está contigo, oh valiente y poderoso”. Gedeón era un hombre modesto, y por ello no le deleitó este inesperado cumplido. Por el contrario, dijo con respeto al ángel: “Dispénsame, señor mío, pero si Jehová está con nosotros, ¿entonces por qué nos ha sobrevenido todo esto?”. El ángel le aclaró: “Ciertamente salvarás a Israel de la palma de la mano de Madián”. ¿Cómo respondió este? En vez de aceptar rápidamente la comisión como una oportunidad de convertirse en héroe nacional, replicó: “Dispénsame, Jehová. ¿Con qué salvaré yo a Israel? ¡Mira! El millar mío es el más pequeño de Manasés, y yo soy el más chico de la casa de mi padre”. ¡Qué modestia! (Jueces 6:11-15.)
12 Antes de enviar a Gedeón a la batalla, Jehová lo probó. ¿Cómo? Le dijo que demoliera el altar de Baal que pertenecía a su padre y que cortara el poste sagrado que se alzaba junto a él. Esa comisión requería valor, pero Gedeón fue modesto y discreto en la manera de llevarla a cabo. En vez de convertirse en un espectáculo público, trabajó al amparo de la noche para pasar inadvertido. Además, acometió la tarea con la debida cautela. Tomó consigo a diez siervos, quizá para que algunos se quedaran de guardia mientras el resto lo ayudaba a demoler el altar y el poste sagrado. En cualquier caso, con la bendición de Jehová, Gedeón cumplió su comisión y con el tiempo Dios lo utilizó para liberar de los madianitas a Israel (Jueces 6:25-27).
Demostremos modestia y discreción
13 Podemos aprender mucho de la modestia de Gedeón. Por ejemplo, ¿cómo reaccionamos cuando recibimos un privilegio de servicio? ¿Pensamos primero en la reputación o el prestigio que este comporta? ¿O reflexionamos, con modestia y oración, sobre nuestra capacidad para cumplir con las exigencias de la tarea? El hermano A. H. Macmillan, que terminó su vida en la Tierra en 1966, dio un buen ejemplo a este respecto. C. T. Russell, el primer presidente de la Sociedad Watch Tower, le preguntó en una ocasión quién creía que podía encargarse de la obra durante su ausencia. El hermano Macmillan no se promovió a sí mismo en la conversación, aunque podía haber aprovechado la oportunidad. Al final, el hermano Russell lo invitó a que pensara si podía aceptar el cargo. “Me quedé de pie medio aturdido —escribió años después el hermano Macmillan—. Lo pensé muy en serio y oré al respecto durante algún tiempo hasta que finalmente le dije que con gusto haría todo lo que pudiera para ayudarle.”
14 El hermano Russell murió poco después, dejando vacante la presidencia de la Sociedad Watch Tower. Ya que el hermano Macmillan estuvo al cargo de la Sociedad durante la última gira de predicación del hermano Russell, un hermano le dijo: “Mac, tienes muchas posibilidades de quedarte con el puesto. Eras el representante especial del hermano Russell cuando se ausentaba, y él nos indicaba a todos que hiciéramos lo que tú decías. Pues bien, ahora se ha ido para siempre. Parece ser que tú eres el sucesor”. El hermano Macmillan respondió: “Hermano, ese no es el enfoque apropiado. Esta es la obra del Señor y la única posición que se consigue en la organización del Señor es la que él tiene a bien conceder; estoy seguro de que no soy el hombre indicado”. Luego, el hermano Macmillan recomendó a otra persona para el puesto. Tenía una opinión modesta de sí mismo como la tuvo Gedeón y como la deberíamos tener nosotros.
15 Nosotros también deberíamos cumplir nuestra comisión con modestia. Gedeón fue discreto y procuró no encolerizar innecesariamente a sus opositores. De igual modo, debemos ser modestos y discretos cuando hablamos a otras personas en la predicación. Es cierto que participamos en una guerra espiritual y tenemos que derrumbar ‘cosas y razonamientos fuertemente atrincherados’ (2 Corintios 10:4, 5). Pero no deberíamos hablar con aires de superioridad ni darle a nadie ninguna causa válida para sentirse ofendido por nuestro mensaje. Por el contrario, debemos respetar las opiniones de nuestros interlocutores, destacar aquello en lo que concordamos y centrarnos en los aspectos positivos del mensaje (Hechos 22:1-3; 1 Corintios 9:22; Revelación [Apocalipsis] 21:4).
ijwis artículo 13
Jehová le da fuerzas a Gedeón
HISTORIA BÍBLICA ILUSTRADA
[Escena 1]
[Narración:] LA VIDA ERA MUY DIFÍCIL PARA LOS ISRAELITAS. LOS MADIANITAS SEGUÍAN ENTRANDO EN ISRAEL PARA MOLESTAR A LOS ISRAELITAS. LOS ATACABAN Y DAÑABAN LO QUE HABÍAN SEMBRADO.
[Narración:] LOS ISRAELITAS LE PIDIERON AYUDA A JEHOVÁ.
[Escena 2]
[Gedeón:] JEHOVÁ, POR FAVOR, ¡SÁLVANOS!
[Narración:] DIOS ENVIÓ UN ÁNGEL A UN HOMBRE LLAMADO GEDEÓN.
[Ángel:] JEHOVÁ ESTÁ CONTIGO. ERES UN HOMBRE VALIENTE Y PODEROSO. TÚ SALVARÁS AL PUEBLO DE ISRAEL.
[Gedeón:] ¿YO? PERO SI YO NO SOY NADIE, ¿CÓMO VOY A SALVAR A ISRAEL?
[Ángel:] JEHOVÁ TE AYUDARÁ.
[Escena 3]
[Narración:] JEHOVÁ QUERÍA SABER SI GEDEÓN DE VERDAD CONFIABA EN ÉL. POR ESO LE DIO UNA MISIÓN ESPECIAL: DESTRUIR LA ESTATUA DE UN DIOS FALSO.
[Narración:] POR LA NOCHE, GEDEÓN Y DIEZ DE SUS HOMBRES DESTRUYERON LA ESTATUA.
[Escena 4]
[Narración:] PERO LOS ISRAELITAS TODAVÍA ESTABAN EN PELIGRO. LOS SOLDADOS DE MADIÁN Y DE OTROS LUGARES ENTRARON EN ISRAEL Y ACAMPARON EN EL VALLE DE JEZREEL.
[Madianita 1:] YA ESTAMOS EN SU PAÍS. ¡AHORA NADA PODRÁ DETENERNOS!
[Madianita 2:] ¡ESTÁN ACABADOS!
[Escena 5]
[Narración:] GEDEÓN LE PIDIÓ A JEHOVÁ QUE LE DEMOSTRARA QUE IBA A AYUDARLO. ENTONCES, JEHOVÁ HIZO DOS MILAGROS INCREÍBLES (LEE JUECES 6:36-40).
[Escena 6]
[Narración:] GEDEÓN Y TODOS SUS SOLDADOS SE PREPARARON PARA LUCHAR.
[Gedeón:] SI OBEDECEMOS A JEHOVÁ, ÉL NOS AYUDARÁ Y GANAREMOS LA BATALLA.
[Narración:] ENTONCES, JEHOVÁ LE HABLÓ A GEDEÓN.
[Jehová:] GEDEÓN, SOLO PELEARÁN 300 HOMBRES, LOS MÁS VALIENTES. ASÍ SABRÁS QUE FUI YO QUIEN SALVÓ A ISRAEL.
[Israelita 1:] ¿CUÁL ES EL PLAN?
[Israelita 2:] QUE CADA UNO TOME UN CUERNO, UN JARRÓN Y UNA ANTORCHA.
[Israelita 3:] DESPUÉS HAY QUE HACER LO MISMO QUE HAGA GEDEÓN.
[Escena 7]
[Gedeón:] JEHOVÁ ESTÁ CON NOSOTROS. CUANDO SEA DE NOCHE, TOQUEN LOS CUERNOS, ROMPAN LOS JARRONES Y GRITEN:
[Escena 8]
[Todos los soldados:] ¡LA ESPADA DE JEHOVÁ Y GEDEÓN!
[Madianita 1:] ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
[Madianita 2:] ¡LOS ISRAELITAS ESTÁN AQUÍ!
[Narración:] LOS MADIANITAS HUYERON, Y LOS ISRAELITAS LOS PERSIGUIERON. AUNQUE SOLO HABÍA UN ISRAELITA POR CADA 450 MADIANITAS, JEHOVÁ LOS AYUDÓ A GANAR LA BATALLA.
[RECUADRO]
¿QUÉ APRENDEMOS DE ESTA HISTORIA?
¿POR QUÉ GEDEÓN LES TENÍA MIEDO A LOS MADIANITAS?
PISTA: JUECES 6:2-6, 15.
¿QUÉ HIZO GEDEÓN PARA NO TENER MIEDO?
PISTA: JUECES 6:27a, 36-40.
¿Y QUÉ PUEDES HACER TÚ PARA NO TENER MIEDO?
PISTA: SALMO 138:3, 8; PROVERBIOS 17:17; HEBREOS 13:6.
CAPÍTULO 19
Cumplieron un voto muy difícil
it “Jefté” párr. 6
Jefté
Amenaza ammonita de guerra. La opresión de los ammonitas continuó durante dieciocho años. Dios lo permitió porque los israelitas habían sido infieles y se habían vuelto a servir a los dioses de las naciones circundantes. Por fin, los hijos de Israel recobraron el juicio, se arrepintieron de su insensatez, clamaron a Jehová por socorro y se pusieron a eliminar los ídolos y servir a Jehová. Entonces, Ammón se reunió en Galaad para entrar en una guerra a gran escala. (Jue 10:7-17; 11:4.) Este hecho indica que en realidad era el gran enemigo invisible de Dios, Satanás el Diablo, quien incitaba a las naciones paganas contra Israel, y que la cuestión que de verdad estaba en juego era la adoración al Dios verdadero. (Compárese con Rev 12:9; Sl 96:5; 1Co 10:20.)
it “Jefté” párr. 11
Jefté
Voto de Jefté. Jefté comprendió que Dios quería que lucharan contra Ammón. Con la fuerza del espíritu de Dios, condujo a su ejército a la batalla. De manera parecida a la acción de Jacob unos seiscientos años antes, Jefté hizo un voto, demostrando su deseo de todo corazón de que Jehová le dirigiera y atribuyéndole a Él cualquier éxito que obtuviera. (Jue 11:30, 31; Gé 28:20-22.) Jehová oyó con favor su voto, y los ammonitas fueron sojuzgados. (Jue 11:32, 33.)
w17.04 4 párr. 6
“Lo que prometes en voto, págalo”
6 Pagar el voto implicaba que la hija de Jefté serviría a Jehová todo el tiempo en el santuario. ¿Se había precipitado Jefté? No, porque es posible que supiera que ella podía ser la que saliera de la casa a su encuentro. Aun así, aquello implicaba un gran sacrificio para los dos, y eso los angustiaba mucho. Cuando Jefté la vio, rasgó sus prendas de vestir y dijo que sentía un gran dolor. Entonces ella le pidió: “Déjame llorar mi virginidad”. ¿Por qué? Jefté no tenía ningún otro hijo y ella, su única hija, no se casaría nunca ni le daría nietos. No habría nadie que conservara el nombre y la herencia de la familia. Pero eso no era lo que más les preocupaba. Jefté dijo: “He abierto mi boca a Jehová, y no puedo volverme atrás”. Su hija le contestó que hiciera lo que había prometido (Juec. 11:35-39). A estas personas leales no les pasó por la cabeza romper su voto al Dios Altísimo. Lo cumplirían aunque tuvieran que pagar un enorme precio personal (lea Deuteronomio 23:21, 23 y Salmo 15:4).
it “Jefté” párr. 2
Jefté
Juez de Israel de la tribu de Manasés. (Nú 26:29; Jue 11:1.) Administró justicia en el territorio de Galaad durante seis años, probablemente en el transcurso de la judicatura de Elí y los primeros años de la vida de Samuel. (Jue 12:7.) La referencia de Jefté a los “trescientos años” del control israelita al E. del Jordán permiten situar el comienzo de los seis años de su judicatura alrededor de 1173 a. E.C. (Jue 11:26.)
w16.04 5-9
Jehová aprueba a quienes tienen fe en él
“Sean imitadores de los que mediante fe y paciencia heredan las promesas” (HEB. 6:12).
LA ESPERA de la joven ha terminado: por fin su padre regresa de la batalla, sano y salvo, y ella sale corriendo a recibirlo. Está muy contenta porque han vencido al enemigo. Pero en vez de unirse a los cantos y danzas de su hija, él rasga sus vestiduras manchadas por la batalla y, con el corazón roto, exclama: “¡Ay, hija mía!”. Entonces le dice algo que cambiará la vida de la joven para siempre, que acabará con sus sueños de tener una vida como la de cualquier otra mujer. ¿Cómo responde ella? Sin dudarlo, anima a su padre a cumplir la promesa que le hizo a Jehová. ¡Cuánta fe demuestra su respuesta! Está segura de que obedecer a Dios siempre será lo mejor, sin importar lo que él le pida (Juec. 11:34-37). Su padre se siente muy orgulloso. Sabe que a Jehová le alegra que ella quiera apoyar su decisión.
2 La hija de Jefté teme a Dios. Ambos confían en él y en su manera de hacer las cosas, aunque a veces no sea fácil. Están seguros de que cualquier sacrificio vale la pena con tal de complacerlo.
3 Nosotros sabemos que tener fe en Jehová no siempre es fácil. De hecho, tenemos que luchar intensamente para mantenerla (Jud. 3). Algo que nos ayudará a lograrlo será examinar los desafíos a los que se enfrentaron Jefté y su hija y ver cómo los vencieron. ¿Qué hicieron para no perder la fe en Jehová?
MANTENGAMOS LA FE A PESAR DEL MUNDO QUE NOS RODEA
4 Jefté y su hija podían ver todos los días las terribles consecuencias de perder la fe. Unos trescientos años antes, Dios había mandado a los israelitas que eliminaran a todos los paganos que vivían en la Tierra Prometida (Deut. 7:1-4). Pero no lo obedecieron, y muchos terminaron igual que los cananeos: adorando dioses falsos y participando en prácticas inmorales y degeneradas (lea Salmo 106:34-39).
5 Su desobediencia les costó la aprobación de Dios, quien ya no los protegería de sus enemigos (Juec. 2:1-3, 11-15; Sal. 106:40-43). Debió ser una época muy difícil para las familias que amaban a Dios y querían mantenerse leales. A pesar de todo, hubo algunas que no perdieron la fe. Además de Jefté y su hija, recordemos a Elqaná, Ana y Samuel, quienes estaban decididos a obtener la aprobación de Dios (1 Sam. 1:20-28; 2:26).
6 Las personas de hoy piensan y actúan de manera similar a los cananeos: promueven el sexo, la violencia y el materialismo. Jehová desea protegernos y nos da claras advertencias, como hizo con los israelitas. ¿Aprenderemos de los errores que cometieron? (1 Cor. 10:6-11). Debemos esforzarnos al máximo para arrancar de nuestra mente cualquier forma de pensar que se parezca a la de los cananeos (Rom. 12:2). ¿Lo estamos haciendo?
MANTENGAMOS LA FE A PESAR DE LAS DECEPCIONES
7 Por ser desobedientes, los israelitas fueron oprimidos por los ammonitas y los filisteos en los días de Jefté (Juec. 10:7, 8). Las naciones enemigas no fueron el único problema de Jefté. También le causaron dificultades sus hermanos y los ancianos de Israel. Como sus medio hermanos lo odiaban tanto y sentían tantos celos, lo expulsaron de la tierra que legalmente le pertenecía por ser el mayor (Juec. 11:1-3). Pero Jefté no dejó que ese trato cruel lo afectara; actuó como un hombre espiritual. Cuando los ancianos de la nación le rogaron que los ayudara, él no les dio la espalda (Juec. 11:4-11). ¿Por qué actuó así?
8 Jefté era más que un gran guerrero. Conocía muy bien la Ley de Moisés y la historia de Israel. Dicha historia lo ayudó a entender claramente lo que estaba bien y lo que estaba mal desde el punto de vista de Jehová (Juec. 11:12-27). Jefté dejó que los principios de la Ley guiaran su forma de pensar y sentir. Sabía que Jehová odia el rencor, que desea que todos sus siervos se amen. Además, la Ley le enseñó que no estaba bien ignorar a quien necesitara ayuda, aun si fuera alguien que lo odiara (lea Éxodo 23:5 y Levítico 19:17, 18).
9 Es posible que el ejemplo de otros hombres de fe también lo ayudara. Uno fue José, que fue bueno con sus hermanos aunque lo odiaban (Gén. 37:4; 45:4, 5). Pensar en ese y otros ejemplos quizás ayudó a Jefté a comportarse de una manera que agradara a Jehová. Es cierto que le dolió muchísimo que sus hermanos lo trataran mal, pero nada iba a impedir que apoyara a Jehová y a su pueblo (Juec. 11:9). Para él, defender el nombre de Dios era lo más importante, más que cualquier otra cosa. Su determinación de no perder la fe lo benefició a él y a los israelitas (Heb. 11:32, 33).
10 Puede que en ocasiones haya hermanos que nos traten mal o nos decepcionen. ¿Qué haremos? Si el ejemplo de Jefté nos ha llegado al corazón, no permitiremos que problemas como esos nos impidan servir a Jehová. Tampoco perderemos el deseo de ir a las reuniones o de estar con los hermanos. Al igual que Jefté, las normas de Jehová nos pueden ayudar a superar situaciones difíciles y a ser un buen ejemplo para los demás (Rom. 12:20, 21; Col. 3:13).
LOS SACRIFICIOS QUE HACEMOS MUESTRAN CÓMO ESTÁ NUESTRA FE
11 Jefté sabía que necesitaba la ayuda de Jehová para liberar a Israel de los ammonitas. Le prometió que, si le daba la victoria, entregaría “como ofrenda quemada” a la primera persona que saliera a recibirlo al volver de la batalla (Juec. 11:30, 31). ¿Qué tendría que hacer para cumplir esa promesa?
12 Jehová odia los sacrificios humanos, así que está claro que Jefté no tenía la intención de sacrificar literalmente a nadie (Deut. 18:9, 10). Según la Ley de Moisés, la ofrenda quemada se entregaba por completo a Jehová. Por lo tanto, Jefté estaba prometiendo que ofrecería a una persona para que se dedicara exclusivamente a servir a Jehová en el tabernáculo toda la vida. Dios estuvo de acuerdo y lo bendijo con una victoria aplastante sobre el enemigo (Juec. 11:32, 33). ¿A quién entregaría Jefté como “ofrenda quemada”?
13 ¿Recuerda la escena que se describe al principio del artículo? Cuando Jefté regresa de la batalla, la primera persona que sale a recibirlo es su única hija, a la que tanto quiere. ¿Cumplirá su promesa? ¿La entregará para que pase el resto de su vida sirviendo en el tabernáculo?
14 Una vez más, los principios de la Ley de Dios seguramente lo ayudaron a tomar la decisión correcta. Tal vez recordó las palabras de Éxodo 23:19, que decían que el pueblo de Dios debía estar dispuesto a dar lo mejor a Jehová. La Ley también mandaba cumplir los votos o promesas: “En caso de que un hombre haga un voto a Jehová [...], no debe violar su palabra. Conforme a todo lo que haya salido de su boca debe hacer” (Núm. 30:2). Igual que Ana, quien probablemente vivió en la misma época, Jefté tenía que cumplir su palabra, aunque sabía lo que eso significaría para él y para su hija. Él no tenía más hijos: ella era su única esperanza de que alguien heredara su nombre y sus posesiones (Juec. 11:34). A pesar de todo, Jefté dijo: “He abierto mi boca a Jehová, y no puedo volverme atrás” (Juec. 11:35). Demostró tener fe aunque tuvo que pagar un precio muy alto, y Jehová lo bendijo por ello. ¿Habría tomado usted la misma decisión?
15 Cuando dedicamos nuestra vida a Jehová, le hicimos un voto. Le prometimos que, sin importar lo que pasara, siempre haríamos su voluntad. Y sabíamos que eso supondría hacer sacrificios. Ahora bien, nuestro deseo de obedecer a Jehová se pone a prueba especialmente cuando se nos pide hacer algo que no nos gusta. Pero si hacemos sacrificios y servimos a Dios aunque no sea fácil, demostraremos que tenemos fe. Las bendiciones siempre serán mucho mayores que cualquier sacrificio que hagamos, por muy doloroso que sea (Mal. 3:10). Ahora volvamos a la historia de Jefté. ¿Qué pasó con su hija?
16 Seguramente no fue fácil para la hija de Jefté aceptar las consecuencias del voto de su padre. Ese voto no era como el de Ana, que dedicó a su hijo Samuel para que fuera nazareo y sirviera en el tabernáculo (1 Sam. 1:11). Los nazareos podían casarse y tener hijos, pero la hija de Jefté sería una “ofrenda quemada”: se entregaría por completo a Dios y no podría formar una familia (Juec. 11:37-40). Como era la hija del líder de Israel que había conseguido la victoria, podría haberse casado con el mejor hombre del lugar. En vez de eso, iba a ser una humilde sierva que trabajaría en el tabernáculo. ¿Cómo reaccionó la joven? Demostró que servir a Jehová era lo más importante en su vida cuando dijo: “Padre mío, si has abierto tu boca a Jehová, haz conmigo conforme a lo que ha salido de tu boca” (Juec. 11:36). Sacrificó sus sueños de tener esposo e hijos con tal de servir a Dios. ¿Cómo podemos imitarla?
17 Miles de jóvenes cristianos, hombres y mujeres, están dispuestos a sacrificar su deseo de casarse o tener hijos, al menos por ahora. Lo hacen porque desean entregarse al servicio a Jehová. También hay hermanos de más edad que tal vez sacrifican el tiempo que podrían pasar con sus hijos y nietos con tal de trabajar en la construcción de los edificios que usamos para servir a Dios. O quizás lo hagan para asistir a la Escuela para Evangelizadores del Reino y servir en algún lugar donde se necesiten más publicadores. Y otros dejan a un lado sus asuntos personales para participar en las campañas en la temporada de la Conmemoración. A Dios le alegra mucho que le sirvamos de todo corazón. Nunca olvidará a quienes lo aman ni todo lo que han hecho por él (lea Hebreos 6:10-12). ¿Qué hay de usted? ¿Ha pensado en algún sacrificio que pueda hacer para servir más a Jehová?
¿QUÉ HEMOS APRENDIDO?
18 Jefté se enfrentó a muchas dificultades a lo largo de su vida, pero siempre tomó en cuenta el punto de vista de Jehová al tomar decisiones. No dejó que la maldad que lo rodeaba influyera en él. No perdió la fe aunque lo decepcionaron las cosas que hicieron los demás. Los sacrificios de Jefté y su hija no fueron en vano, pues Jehová los bendijo y los utilizó para promover la adoración verdadera. En una época en la que muchos rechazaron las leyes de Dios, ellos las obedecieron fielmente.
19 La Biblia dice que tenemos que imitar a “los que mediante fe y paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12). Imitemos a Jefté y a su hija. Demostremos por nuestra manera de vivir que creemos en esta verdad fundamental: Jehová aprueba a quienes tienen fe en él.
CAPÍTULO 20
Se armó de valor cuando estaba débil
w05 15/1 30, 31
Preguntas de los lectores
¿Cómo es que Sansón podía tocar los cadáveres de las personas a las que había dado muerte y seguir siendo nazareo?
En la antigüedad, todo israelita podía voluntariamente hacer voto de nazareo durante cierto tiempo. Entre las restricciones de obligado cumplimiento figuraba esta: “Durante todos los días de mantenerse separado para Jehová no podrá venir hacia ninguna alma muerta. Ni siquiera por su padre o su madre o su hermano o su hermana podrá contaminarse cuando mueran”. Pero ¿y si alguien fallecía “muy de repente al lado de él”? Entonces, el contacto fortuito con el cadáver contaminaría su nazareato, por lo que se estipulaba: “Los días anteriores se dejarán sin contar”. El nazareo tenía que purificarse mediante una ceremonia y reemprender su servicio (Números 6:6-12).
Ahora bien, Sansón era nazareo en un sentido diferente. Antes de que él naciera, el ángel de Jehová le dijo a su madre: “¡Mira!, estarás encinta y ciertamente darás a luz un hijo, y no debe venir navaja sobre su cabeza, porque nazareo de Dios es lo que el niño llegará a ser desde que salga del vientre; y él es quien llevará la delantera en salvar a Israel de la mano de los filisteos” (Jueces 13:5). Sansón no hizo ningún voto, sino que Dios lo nombró nazareo. Su nazareato sería para toda la vida. Por lo tanto, la prohibición de tocar cadáveres no le era aplicable. En caso de que entrara en contacto accidentalmente con un cadáver, ¿cómo podría volver a empezar el nazareato que inició cuando vino al mundo? Queda claro que los requisitos de quienes eran nazareos de por vida diferían de los que regulaban el nazareato voluntario.
Veamos lo que Jehová mandó a los tres nazareos de por vida que aparecen en la Biblia: Sansón, Samuel y Juan el Bautista. Como se indicó antes, a Sansón se le prohibió cortarse el cabello. Por otra parte, Ana, quien concebiría a Samuel, prometió: “Yo ciertamente lo daré a Jehová todos los días de su vida, y no vendrá navaja sobre su cabeza” (1 Samuel 1:11). En el caso de Juan el Bautista, el ángel de Jehová dijo: “No debe beber en absoluto vino ni bebida alcohólica alguna” (Lucas 1:15). Además, “Juan tenía su ropa de pelo de camello, y un cinturón de cuero alrededor de los lomos; su alimento también era langostas insectiles y miel silvestre” (Mateo 3:4). Como vemos, a ninguno de los tres se les prohibió acercarse a un alma muerta.
Aunque era nazareo, Sansón fue uno de los jueces que Jehová hizo surgir para liberar a los israelitas de la mano de sus saqueadores (Jueces 2:16). Y mientras cumplía con su misión, tocó cadáveres. En una ocasión mató a treinta filisteos y los despojó de sus vestiduras. Más adelante, se puso a golpear a sus enemigos, “amontonando piernas sobre muslos con gran matanza”. Además, tomó la quijada húmeda de un asno y con ella derribó a 1.000 hombres (Jueces 14:19; 15:8, 15). En todas sus hazañas, Sansón contó con el favor y respaldo de Jehová; de hecho, las Escrituras lo catalogan como un hombre de fe ejemplar (Hebreos 11:32; 12:1).
w04 15/10 15 párrs. 7, 8
“Ve de un sitio a otro en la tierra”
7 En Jueces 16:2 leemos que Sansón estuvo en Gaza. Hoy en día, el nombre de esa ciudad aparece en las noticias, de modo que quizá usted tenga una idea de dónde estuvo Sansón, en el territorio filisteo cercano a la costa mediterránea. Ahora observe lo que dice Jueces 16:3: “Sansón se quedó acostado hasta la medianoche, y entonces se levantó a la medianoche y agarró las hojas de la puerta de la ciudad y los dos postes de los lados y los arrancó junto con la barra, y se los echó sobre los hombros y los llevó arriba a la cima de la montaña que está enfrente de Hebrón”.
8 Las hojas y los postes laterales de las puertas de una ciudad fortificada como Gaza sin duda eran grandes y pesados. ¡Imagínese tratar de cargarlos! Sansón lo logró, pero ¿adónde se los llevó, y cómo era el trayecto que tuvo que recorrer? Pues bien, Gaza está en la costa, casi al nivel del mar, mientras que Hebrón se halla al este, a 900 metros de altitud: toda una ascensión. Desconocemos la ubicación exacta de “la montaña que [estaba] enfrente de Hebrón”, pero esta ciudad se encuentra a unos 60 kilómetros de Gaza y, además, el recorrido es cuesta arriba. ¿No es cierto que el factor de la distancia hace que la proeza de Sansón adquiera nuevas dimensiones? Y recuerde que lo que le permitió ejecutar tales hazañas fue que “el espíritu de Jehová entró en operación sobre él” (Jueces 14:6, 19; 15:14). Los cristianos de hoy no esperamos que el espíritu de Dios nos dé una fuerza muscular excepcional, pero ese mismo espíritu poderoso puede aumentar nuestra comprensión de asuntos espirituales profundos y hacernos poderosos conforme al hombre que somos en el interior (1 Corintios 2:10-16; 13:8; Efesios 3:16; Colosenses 1:9, 10). En efecto, entender el relato sobre Sansón refuerza nuestro convencimiento de que el espíritu de Dios puede ayudarnos.
w05 15/3 28 párr. 3
Sansón triunfa gracias a la fuerza de Jehová
Si estas piezas de plata eran siclos, la cantidad de 5.500 piezas era un soborno gigantesco. Abrahán pagó 400 siclos por un lugar donde enterrar a su esposa, y un esclavo costaba treinta (Génesis 23:14-20; Éxodo 21:32). El hecho de que los señores del eje —gobernantes de cinco ciudades filisteas— apelaran a la codicia de Dalila en vez de a la lealtad a su pueblo parece dar a entender que ella tal vez fuera israelita. En cualquier caso, lo cierto es que Dalila aceptó la oferta.
it “Sansón” párr. 10
Sansón
Mientras Sansón languidecía en la prisión, los filisteos prepararon un gran sacrificio a su dios Dagón, a quien atribuían su éxito por haber capturado a Sansón. Se reunieron grandes muchedumbres, entre ellos todos los señores del eje, en la casa que se utilizaba para el culto a Dagón. Tan solo sobre el techo había 3.000 hombres y mujeres. Los exultantes filisteos sacaron de la prisión a Sansón —a quien ya le había crecido copiosamente el cabello— para que les sirviera de entretenimiento. Al llegar, Sansón pidió al lazarillo que lo guiaba que le dejase palpar las columnas que sostenían el edificio. A continuación oró a Jehová: “Acuérdate de mí, por favor, y fortaléceme, por favor, solo esta vez, oh tú el Dios verdadero, y deja que me vengue de los filisteos con venganza por uno de mis dos ojos”. (Jue 16:22-28.) Puede que le orase acerca de vengarse solo por uno de sus ojos debido a que reconocía que la pérdida de ambos en parte se había debido a su propio error. O puede ser que entendiese que como representante de Jehová no podía ser vengado totalmente.
ijwis artículo 14
El espíritu santo le da poder a Sansón
HISTORIA BÍBLICA ILUSTRADA
[Escena 1]
[Narración:] UN DÍA, EL ÁNGEL DE DIOS SE APARECIÓ A UN HOMBRE LLAMADO MANÓAH Y A SU ESPOSA. EL ÁNGEL LES DIJO QUE TENDRÍAN UN HIJO, DE NOMBRE SANSÓN, AL QUE DEBERÍAN CUIDAR DE FORMA MUY ESPECIAL.
[Narración:] SANSÓN SERÍA NAZAREO.
[Escena 2]
[Narración:] SIEMPRE Y CUANDO NO SE CORTARA EL CABELLO, EL ESPÍRITU SANTO AYUDARÍA A SANSÓN A LOGRAR COSAS INCREÍBLES Y LUCHAR CONTRA SUS ENEMIGOS, LOS FILISTEOS.
[Narración:] LEE JUECES 14:5, 6.
[Narración:] LEE JUECES 15:13, 14.
[Narración:] LEE JUECES 15:15.
[Escena 3]
[Narración:] LEE JUECES 16:3.
[Narración:] CUANTOS MÁS FILISTEOS DERROTABA, MÁS FURIOSOS SE PONÍAN. ASÍ QUE SE REUNIERON PARA VER CÓMO DOMINARLO.
[Filisteo 1:] ¡ES INVENCIBLE!
[Filisteo 2:] ESPERA, QUIZÁS SE PUEDA HACER ALGO...
[Escena 4]
[Narración:] LOS FILISTEOS TUVIERON UNA IDEA: DAR DINERO A DALILA, LA MUJER A LA QUE ÉL AMABA, PARA QUE LO ENGAÑARA Y DESCUBRIERA EL SECRETO DE SU FUERZA.
[Dalila:] SANSÓN, ¿QUÉ HACES PARA SER TAN FUERTE?
[Dalila:] DEJA DE JUGAR CONMIGO. DIME, ¿POR QUÉ ERES TAN FUERTE?
[Dalila:] SI DE VERDAD ME AMARAS, ME LO DIRÍAS.
[Sansón:] ES... MI CABELLO.
NUNCA ME LO HE CORTADO.
[Escena 5]
[Narración:] DALILA SE LO DIJO A LOS FILISTEOS PARA QUE SE PUDIERAN VENGAR.
[Narración:] MIENTRAS SANSÓN ESTABA DORMIDO, UN HOMBRE LE CORTÓ EL CABELLO. LOS FILISTEOS LO DEJARON CIEGO Y SE LO LLEVARON A GAZA.
[Escena 6]
[Narración:] UNA VEZ EN PRISIÓN SE ARREPINTIÓ DE LO QUE HABÍA HECHO.
[Sansón:] NO LE TENDRÍA QUE HABER DICHO MI SECRETO.
[Sansón:] JEHOVÁ, POR FAVOR, PERDÓNAME. LO SIENTO MUCHO.
[Escena 7]
[Narración:] LOS FILISTEOS HICIERON UNA GRAN FIESTA EN HONOR A SU DIOS, DAGÓN, Y TRAJERON A SANSÓN PARA BURLARSE DE ÉL.
[Filisteo 1:] ¿QUIÉN ES EL FUERTE AHORA, SANSÓN?
[Filisteo 2:] ¡DAGÓN ES MÁS PODEROSO QUE EL DIOS DE SANSÓN!
[Escena 8]
[Narración:] LOS FILISTEOS NO DEJABAN DE INSULTAR A SANSÓN Y A JEHOVÁ. PERO SU CABELLO LE HABÍA VUELTO A CRECER...
[Sansón:] SEÑOR SOBERANO JEHOVÁ, ACUÉRDATE DE MÍ, POR FAVOR, Y DAME PODER SOLO POR ESTA VEZ.
[Escena 9]
[Narración:] SANSÓN SE APOYÓ CONTRA LAS COLUMNAS QUE AGUANTABAN EL EDIFICIO Y LAS EMPUJÓ CON TODAS SUS FUERZAS.
[Narración:] JEHOVÁ LO LLENÓ DE ESPÍRITU SANTO PARA QUE TUVIERA PODER UNA VEZ MÁS.
[Narración:] SANSÓN MATÓ A MUCHOS DE LOS FILISTEOS QUE HABÍAN MALTRATADO A LOS ISRAELITAS DURANTE TANTO TIEMPO.
[RECUADRO]
¿QUÉ APRENDEMOS DE ESTA HISTORIA?
¿DE DÓNDE VENÍA LA FUERZA DE SANSÓN?
PISTA: JUECES 13:25.
¿CÓMO RECUPERÓ SANSÓN SU PODER?
PISTA: JUECES 16:28.
¿CÓMO PUEDES TÚ RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO DE DIOS?
PISTA: LUCAS 11:13.
w23.09 2-7
ARTÍCULO DE ESTUDIO 37
Apóyese en Jehová, tal como lo hizo Sansón
“Señor Soberano Jehová, por favor, acuérdate de mí. Oh, Dios, dame fuerzas” (JUEC. 16:28).
AVANCE
Muchas personas, incluso quienes no conocen muy bien la Biblia, han oído hablar de Sansón. Hay obras de teatro, canciones y hasta películas que cuentan su historia. Pero lo que dice la Biblia sobre Sansón no es un simple cuento. De hecho, podemos aprender mucho de este hombre de gran fe.
¿QUÉ es lo primero que le viene a la mente cuando escucha hablar de Sansón? Seguramente su fuerza extraordinaria. Es cierto que era un hombre muy fuerte. Pero cometió un error que le salió muy caro. A pesar de todo, Jehová se concentró en la gran fe que demostró a lo largo de su vida y decidió incluir su ejemplo en la Biblia para que aprendamos de él.
2 Jehová utilizó a Sansón para lograr cosas impresionantes a favor de su pueblo, Israel. Siglos después de su muerte, Jehová inspiró al apóstol Pablo para que incluyera el nombre de Sansón en una lista de ejemplos extraordinarios de fe (Heb. 11:32-34). Sansón se apoyó en Jehová hasta en las peores circunstancias. En este artículo vamos a ver que su ejemplo nos anima muchísimo y nos enseña lecciones prácticas.
SANSÓN CONFIÓ EN JEHOVÁ
3 Cuando Sansón nació, los filisteos dominaban y oprimían a la nación de Israel (Juec. 13:1). Como eran tan crueles, hacían sufrir mucho a los israelitas. Entonces Jehová escogió a Sansón para que comenzara a “salvar a Israel de las manos de los filisteos” (Juec. 13:5). ¡Qué misión tan difícil! Obviamente, Sansón tenía que apoyarse en Jehová.
4 Veamos una ocasión en la que Sansón demostró su confianza en Jehová. Resulta que un gran grupo de soldados filisteos había ido a Lehí, que probablemente quedaba en Judá, para atrapar a Sansón. A los hombres de Judá les dio mucho miedo, así que decidieron entregar a Sansón a sus enemigos. Sus propios hermanos israelitas lo ataron bien fuerte con dos sogas nuevas y se lo llevaron a los filisteos (Juec. 15:9-13). Pero “el espíritu de Jehová lo llenó de poder”, y Sansón logró liberarse. Después “encontró una quijada de burro que todavía estaba fresca”, la agarró... ¡y con ella mató a 1.000 filisteos! (Lea Jueces 15:14-16).
5 ¡¿Una quijada de burro?! ¿Por qué utilizó Sansón un arma tan extraña? Porque sabía que lo importante era apoyarse en Jehová, no el arma que usara. Este hombre fiel usó lo que tenía a la mano para hacer la voluntad de Jehová. Y, como se apoyó en él, tuvo mucho éxito.
6 Jehová también nos dará las fuerzas para cumplir con cualquier responsabilidad que se nos asigne en su organización, aun si nos parece una labor imposible. Su ayuda nos puede llegar de maneras que nos dejen impresionados. Si usted se apoya en Jehová, puede estar seguro de que él lo ayudará a cumplir con su voluntad y le dará fuerzas, tal como hizo con Sansón (Prov. 16:3).
7 Muchos hermanos y hermanas que colaboran en nuestros proyectos de construcción han demostrado que confían en Jehová. En el pasado, la organización solía diseñar y construir la mayoría de los Salones del Reino y otras instalaciones. Pero, en vista del crecimiento del pueblo de Jehová, hubo que hacer algunos cambios. Los hermanos responsables buscaron la guía de Jehová y probaron nuevos métodos. Por ejemplo, empezaron a comprar propiedades que ya estaban construidas y a renovarlas. Robert, que en los últimos años ha trabajado en muchos proyectos de construcción por todo el mundo, dice: “Al principio, no fue fácil para todos aceptar este nuevo enfoque. Era algo muy distinto a lo que habíamos estado haciendo durante años. Pero los hermanos estuvieron dispuestos a adaptarse, y quedó claro que Jehová estaba bendiciendo estos cambios”. Este caso demuestra una vez más que Jehová está guiando a su pueblo para que cumpla su voluntad. De vez en cuando hacemos bien en preguntarnos: “¿Busco la guía de Jehová y me esfuerzo por ser siempre adaptable?”.
SANSÓN APROVECHÓ LA AYUDA QUE JEHOVÁ LE DIO
8 Quizás recuerde otras de las hazañas de Sansón. Por ejemplo, luchó por sí mismo con un león y lo mató, y luego acabó con 30 hombres de la ciudad filistea de Asquelón (Juec. 14:5, 6, 19). Sansón sabía que era imposible lograr todo esto sin la ayuda de Jehová. Quedó claro lo mucho que se apoyaba en su Dios cuando después de matar a los 1.000 filisteos le dio mucha sed. En lugar de tratar de encontrar agua por sus propios medios, lo que hizo fue pedirle ayuda a Jehová (Juec. 15:18).
9 ¿Cómo respondió Jehová a la petición de Sansón? De manera milagrosa hizo que brotara agua. Cuando Sansón bebió, “recuperó las fuerzas y revivió” (lea Jueces 15:19). Por lo visto, esta nueva fuente natural de agua seguía existiendo años después, cuando Jehová inspiró al profeta Samuel para que escribiera el libro de Jueces. Es posible que al ver esa fuente los israelitas recordaran que, si se apoyaban en Jehová, él los ayudaría en los momentos difíciles.
10 Al igual que Sansón, todos tenemos que acudir a Jehová. Necesitamos su ayuda, sin importar qué habilidades tengamos o qué hayamos logrado sirviéndole. Debemos ser modestos y admitir que solo nos irá bien si nos apoyamos en él. Sansón recuperó las energías cuando bebió del agua que Jehová le dio. De la misma manera, estaremos espiritualmente fuertes si aprovechamos todas las ayudas que Jehová nos da (Mat. 11:28).
11 Veamos el ejemplo de Alexéi, un hermano de Rusia que está sufriendo la intensa persecución que hay en ese país. ¿Qué le ha dado fuerzas para aguantar? Él y su esposa han tenido una buena rutina espiritual. Alexéi contó: “Trato de seguir un programa de actividades espirituales que incluye estudiar la Biblia y leerla a diario. Además, todas las mañanas, mi esposa y yo analizamos el texto del día y le oramos a Jehová juntos”. ¿Cuál es la lección? No nos apoyemos en nosotros mismos, sino en Jehová. Para lograrlo, debemos fortalecer nuestra fe estudiando la Biblia, orando, yendo a las reuniones y predicando. Si hacemos todo esto, Jehová nos bendecirá generosamente y nos ayudará a seguir sirviéndole. Le dio fuerzas a Sansón y también nos dará fuerzas a nosotros.
SANSÓN NO SE RINDIÓ
12 Sansón era imperfecto como nosotros, por lo que a veces tomaba malas decisiones. De hecho, una decisión tuvo consecuencias terribles, pues no tomó en cuenta la misión que Jehová le había encargado. Cuando ya llevaba un tiempo siendo juez, “se enamoró de una mujer del valle de Sorec llamada Dalila” (Juec. 16:4). Antes de conocer a Dalila, quiso casarse con una mujer filistea. Pero la Biblia dice que esa unión “venía de Jehová, quien estaba buscando una oportunidad para actuar contra los filisteos”. Después, Sansón fue a la ciudad filistea de Gaza y allí se quedó en la casa de una prostituta. En aquella ocasión, Jehová le dio fuerzas a Sansón para que se llevara las puertas de la ciudad y así debilitara su sistema defensivo (Juec. 14:1-4; 16:1-3). Pero el caso de Dalila era distinto. Ella probablemente era israelita, así que esta relación no lo ayudaba en su lucha contra los filisteos.
13 Los filisteos querían que Dalila traicionara a Sansón. Por eso le ofrecieron mucha plata, y ella aceptó. Pero ¿cómo es que Sansón no se dio cuenta de las intenciones de Dalila? ¿Será que estaba ciego de amor? En cualquier caso, Dalila lo presionó vez tras vez para que le revelara de dónde venía su fuerza, y él terminó contándole su secreto. Por desgracia, Sansón se metió en una situación que lo llevó a perder por un tiempo su fuerza y la aprobación de Jehová (Juec. 16:16-20).
14 Sansón confió más en Dalila que en Jehová, y lo pagó muy caro. Los filisteos lo capturaron y le sacaron los ojos. Después lo metieron en una prisión en Gaza —la ciudad que él había humillado quitándole las puertas— y allí lo convirtieron en un esclavo para moler grano. Luego los filisteos organizaron una fiesta y le hicieron un sacrificio al dios falso Dagón porque creían que había entregado a Sansón en sus manos. “Sacaron a Sansón de la prisión para que los divirtiera”, es decir, para burlarse de él y humillarlo (Juec. 16:21-25).
15 Sansón cometió un grave error, pero no se rindió. Quería seguir cumpliendo con la misión que Jehová le había encargado, la de luchar contra los filisteos (lea Jueces 16:28-30). Así que le suplicó a Jehová: “Permíteme vengarme de los filisteos”. Dios escuchó su oración y le devolvió su extraordinaria fuerza. Como resultado, Sansón mató a más filisteos en esa ocasión que durante toda su vida.
16 Aunque Sansón tuvo que sufrir las consecuencias de su error, no dejó de esforzarse por cumplir la voluntad de Jehová. Así que nosotros tampoco debemos rendirnos si cometemos un error y, como resultado, necesitamos corrección o perdemos una responsabilidad. Recordemos que Jehová no nos ve como un caso perdido (Sal. 103:8-10). A pesar de nuestros errores, podemos ser muy útiles para él, tal como lo fue Sansón.
17 Veamos lo que le pasó a un hermano joven llamado Michael. Era siervo ministerial y precursor regular, y estaba muy ocupado sirviendo a Jehová. Tristemente cometió un error, y como resultado perdió las responsabilidades que tenía en la congregación. Él cuenta: “Hasta ese momento estaba sirviendo a Jehová al máximo; iba a toda máquina. Pero de un momento a otro sentí como si me hubiera estrellado contra una pared. Sabía que Jehová no me iba a abandonar, pero me preguntaba si algún día mi amistad con él podría ser como antes o si volvería a servir en la congregación tanto como en el pasado”.
18 ¡Menos mal que Michael no se rindió! Él dice: “Me concentré en acercarme más a Jehová. Lo que me ayudó fue tener la costumbre de orarle de corazón, estudiar y meditar”. Con el tiempo, Michael recuperó sus responsabilidades en la congregación, y ahora es anciano y precursor regular. Él explica: “El apoyo y el ánimo que me dieron, en especial los ancianos, me ayudó a ver que Jehová me seguía queriendo. De nuevo puedo servirle con una buena conciencia. Esta experiencia me ha enseñado que Jehová puede perdonar a cualquier persona que de verdad esté arrepentida”. Al igual que Michael, podemos estar seguros de que, aunque hayamos cometido un error, seremos útiles para Jehová y recibiremos sus bendiciones siempre y cuando hagamos todo lo posible por corregir nuestra conducta y sigamos apoyándonos en él (Sal. 86:5; Prov. 28:13).
19 En este artículo vimos tan solo algunos sucesos emocionantes de la vida de Sansón. Aunque era imperfecto y se equivocó con Dalila, no tiró la toalla, sino que siguió sirviendo a Jehová. Y Jehová no lo dio por perdido; lo volvió a usar para lograr algo increíble. Lo siguió viendo como un hombre de gran fe, y por eso lo incluyó en la lista de siervos fieles que se encuentra en el capítulo 11 de Hebreos. Nos anima mucho saber que nuestro Padre celestial nos quiere y desea darnos fuerzas, sobre todo cuando pasamos por problemas y necesitamos su ayuda. Por eso, al igual que Sansón, pidámosle a Jehová: “Por favor, acuérdate de mí. Oh, Dios, dame fuerzas” (Juec. 16:28).
CAPÍTULO 21
Un niño que anunció con valor un mensaje de Jehová
w92 1/11 8, 9
Camino de Siló. Niños buenos y niños malos
Escenas de la Tierra Prometida
CUANDO usted piensa en ciudades, pueblos o regiones de la Tierra Prometida, ¿le vienen a la memoria ciertos hombres y mujeres notables? Es muy probable que así sea, porque la mayoría de las narraciones bíblicas tratan sobre personas adultas. Pero, ¿y los niños de aquel tiempo? ¿Se los imagina en las escenas?
La vista de arriba nos ayuda a recordar relatos en los que intervinieron varios jóvenes; algunos de ellos fueron ejemplos excelentes para los cristianos y otros sirvieron de ejemplos amonestadores. Todo parece indicar que la colina de forma redondeada que se ve en el centro fue la ubicación de Siló.
Probablemente recuerde que cuando Israel entró en la Tierra Prometida, el primer sitio donde se colocó el tabernáculo de Dios fue Guilgal, cerca de Jericó. (Josué 4:19.) Sin embargo, durante la división de la tierra, esta tienda sagrada —que era el centro de la adoración de Israel— se trasladó a Siló, a unos 30 kilómetros al norte de Jerusalén, en la región montañosa de Efraín. (Josué 18:1.) Hombres y mujeres de todas partes de Israel viajaban a Siló; enormes multitudes podían congregarse en el valle que está al sur del lugar donde posiblemente reposaba el tabernáculo. (Josué 22:12.) ¿Puede imaginarse a los niños que acudían a este lugar?
Pues los hubo. El ejemplo más notable que tal vez conozcamos es el del joven Samuel. Sus padres, Elqaná y Ana, vivían en un pueblo al otro lado de las colinas occidentales. Todos los años venían aquí, y quizás traían consigo a algunos de los hijos de Elqaná y su otra esposa. Por fin Jehová bendijo a Ana con un hijo, al que llamaron Samuel. Con el tiempo sus padres lo trajeron a vivir a Siló para que sirviera en el tabernáculo con el sumo sacerdote Elí. (1 Samuel 1:1-2:11.)
El joven tenía tareas asignadas en la casa de Dios, y debió de haber tenido muchas oportunidades de caminar por las colinas aledañas. (1 Samuel 3:1, 15.) Algunas estaban llenas de olivares cultivados en terrazas, como se puede ver en la fotografía de la página 9. Fíjese en la pequeña torre o atalaya de piedra. Desde allí los agricultores o los pastores aislados podían vigilar sus campos o sus rebaños, pero es posible imaginarse también al joven Samuel subiéndose a ella para divisar los alrededores. (Compárese con 2 Crónicas 20:24.) Su ubicación estratégica permitiría advertir con facilidad la presencia de fieras.
En aquel tiempo había más árboles que ahora, incluso bosques donde merodeaban las fieras. (Josué 17:15, 18.) Sabemos que así era por un incidente que ocurrió en los días en que Eliseo era el profeta principal de Dios. Cuando subía de Jericó a Betel, Eliseo pasó por esta región, a unos 16 kilómetros al sur de Siló. ¿Qué recibimiento le darían los habitantes de Betel, que había llegado a ser centro de adoración de un becerro de oro? (1 Reyes 12:27-33; 2 Reyes 10:29.) Parece ser que las personas adultas trataron al profeta de Jehová con hostilidad, y por lo visto sus hijos adoptaron la misma actitud.
Segundo de los Reyes 2:23, 24 relata que una banda de muchachos se burló del profeta de Dios diciéndole: “¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!”. En respuesta, Eliseo “invocó el mal contra ellos en el nombre de Jehová. Entonces dos osas salieron del bosque y se pusieron a despedazar a cuarenta y dos niños del número de ellos”. Los osos pardos sirios podían atacar si se les sorprendía o si sus cachorros parecían amenazados. (2 Samuel 17:8; Proverbios 17:12; 28:15.) Dios utilizó aquellas osas para administrar justicia divina contra los que habían despreciado de tal modo a su representante y, por consiguiente, a él mismo.
El que un niño pudiera encontrarse con animales como estos en las colinas de los alrededores de Siló debería ayudarnos a entender mejor la fe que mostraron los padres de Samuel al llevarlo allí para que sirviera en el tabernáculo.
Mucho tiempo antes, otro adorador verdadero había demostrado fe y devoción similares: el juez Jefté. Vivía en el país montañoso de Galaad, al este del Jordán. Mientras peleaba contra los enemigos ammonitas, su celo por Jehová lo impulsó a hacer el voto de que sacrificaría a Dios la primera persona de su casa que saliera a encontrarlo. Su hija, que era virgen, resultó ser la primera. Así que llevó a su única hija al santuario de Dios en Siló, donde vivió y sirvió fielmente por años. (Jueces 11:30-40.)
La devoción fiel que manifestaron Samuel y la hija de Jefté en la localidad de Siló sin duda contrasta muy bien con el mal ejemplo de los 42 delincuentes que se mofaron del profeta de Jehová en aquella misma región. (Compárese con 1 Corintios 10:6, 11.)
ia 60-62 párrs. 9-13
“Continuó creciendo con Jehová”
9 Es muy probable que, al ir creciendo, el pequeño Samuel explorara las colinas que rodeaban Siló. Desde lo alto podía ver el pueblo y también el valle que se extendía más abajo. Sin duda se llenaba de orgullo y satisfacción cada vez que fijaba la vista en el tabernáculo de Jehová. Este sagrado lugar, que había sido construido unos cuatrocientos años antes bajo la dirección del propio Moisés, era el único centro de adoración a Jehová en todo el mundo.
10 El joven Samuel llegó a amar las tareas del tabernáculo. En el relato que posteriormente escribió dice que “estaba ministrando delante de Jehová, como muchacho, y tenía ceñido un efod de lino” (1 Sam. 2:18). El hecho de que Samuel llevara un efod —una prenda de vestir simple y sin mangas— indica que ayudaba a los sacerdotes. Aunque no pertenecía a la clase sacerdotal, estaba a cargo de ciertas tareas, como abrir las puertas del patio por las mañanas y asistir a Elí, quien ya estaba bastante mayor. Samuel disfrutaba mucho de servir en la casa de Jehová, pero había algo que estaba pasando allí que comenzó a perturbar su noble corazón. ¿De qué se trataba?
Se mantiene puro en un ambiente inmoral
11 Desde muy joven, Samuel tuvo que presenciar auténticos actos de maldad y corrupción. En el registro bíblico leemos que los dos hijos de Elí —Hofní y Finehás— “eran hombres que no servían para nada; [que] no reconocían a Jehová” (1 Sam. 2:12). En realidad, estas dos ideas van de la mano. Hofní y Finehás eran “hombres que no servían para nada” (literalmente, “hijos de la inutilidad”) porque “no reconocían”, o no respetaban, a Jehová. Despreciaban las justas normas de Dios, y esta actitud tan despectiva los llevó a cometer graves pecados.
12 La Ley de Jehová regulaba las tareas de los sacerdotes y la manera en que debían ofrecer los sacrificios. Y con razón, pues aquellos sacrificios representaban el medio que Dios dispuso para perdonar los pecados de las personas. Gracias a esta medida, él las consideraría limpias y les daría su guía y bendición. Sin embargo, el mal ejemplo de Hofní y Finehás hizo que otros sacerdotes también trataran con gran falta de respeto las ofrendas del pueblo.
13 Imaginemos lo desconcertado que debió sentirse el joven Samuel al ver que en la casa de Jehová ocurrían tales abusos sin que nadie hiciera nada. ¡A cuántas personas habrá visto salir de allí decepcionadas y humilladas! En muchos casos se trataba de gente pobre, humilde y oprimida que había acudido en busca de consuelo y fortaleza espiritual. Y para colmo, más tarde se enteró de que Hofní y Finehás tenían relaciones con algunas de las mujeres que servían a la entrada del tabernáculo. ¡Aquellos desvergonzados no sentían el más mínimo respeto por las leyes divinas sobre la moralidad sexual! (1 Sam. 2:22.) Samuel de seguro esperaba que Elí hiciera algo al respecto.
w02 15/12 8 párrs. 5, 6
‘Acerquémonos a Dios’
5 Según Juan 17:3, Jesús dijo: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo”. Muchas traducciones difieren un poco de la Traducción del Nuevo Mundo en este pasaje, ya que en vez de usar la expresión “estén adquiriendo conocimiento” de Dios, emplean otras como “conocerte” o “que te conozcan”. Sin embargo, varios eruditos observan que el sentido de la palabra griega original implica algo más: revela un proceso continuo que puede incluso llevar a una amistad íntima.
6 El concepto de llegar a conocer a Dios íntimamente no era nuevo en los días de Jesús. En las Escrituras Hebreas, por ejemplo, leemos que cuando Samuel era niño, “todavía no había llegado a conocer a Jehová” (1 Samuel 3:7). ¿Significa esto que Samuel sabía muy poco de Dios? No. Sin duda había aprendido mucho de él, gracias a sus padres y los sacerdotes. Sin embargo, la palabra hebrea utilizada en este versículo, según cierto especialista, “se emplea para referirse a la relación más íntima”. Samuel aún no había llegado a conocer a Jehová al grado que lo haría más adelante sirviéndole de portavoz. A medida que crecía, iba conociendo realmente a Jehová, cultivando así una estrecha relación con él (1 Samuel 3:19, 20).
it “Elí, I” párrs. 5-7
Elí, I
Con el transcurso del tiempo, un profeta de Dios fue con un mensaje de calamidad: el poder y la influencia de la casa de Elí serían cortados, de manera que ya no llegaría a haber un viejo en su casa. Además, se anunció que sus hijos corruptos morirían en un mismo día. (1Sa 2:27-36.) Cabe resaltar que Jehová corroboró su juicio sobre la casa de Elí a través del joven Samuel. (1Sa 3:11-14.) Samuel temía explicar el mensaje, pero lo hizo por petición de Elí, quien se resignó con humildad, diciendo: “Es Jehová. Lo que sea bueno a sus ojos, que lo haga”. (1Sa 3:15-18.)
Jehová juzga a la casa de Elí. La retribución llegó según la palabra de Dios: Israel perdió unos 4.000 hombres en la batalla contra los filisteos. Luego, los israelitas decidieron transportar el Arca desde Siló al campamento, pensando que esta acción resultaría en victoria sobre sus enemigos, pero los filisteos atacaron con más fuerza. Como resultado, 30.000 israelitas murieron, el Arca fue tomada y Hofní y Finehás, que estaban con el Arca, murieron. Un benjamita se apresuró desde las líneas de batalla para llevar el informe a Elí. Ciego y débil, Elí, que para entonces contaba con noventa y ocho años de edad, estaba “sentado en el asiento al lado del camino”, y “su corazón se había puesto tembloroso a causa del arca del Dios verdadero”. Al oír que esta había sido tomada, cayó hacia atrás “y se le quebró la nuca, de modo que murió”. (1Sa 4:2-18.)
Con el tiempo, la casa de Elí sufrió otro castigo, en este caso por medio del rey Saúl, cuando este ordenó sin piedad el asesinato de los sacerdotes de Nob, que eran descendientes de Elí por medio de Ahitub, hijo de Finehás. (1Sa 14:3; 22:11, 18.) Solo escapó de la masacre Abiatar, un hijo de Ahimélec, que siguió siendo sacerdote durante el reinado de David. (1Sa 22:20; 2Sa 19:11.) Sin embargo, Salomón destituyó a Abiatar como sacerdote debido a haber apoyado al conspirador rebelde Adonías. (1Re 1:7; 2:26, 27.) Así pues, el juicio de Jehová sobre la casa de Elí se cumplió, y se desposeyó a sus descendientes del sumo sacerdocio para siempre. (1Sa 3:13, 14.)
ijwis artículo 15
Samuel decide servir a Jehová
HISTORIA BÍBLICA ILUSTRADA
[Escena 1]
[Narración:] AUNQUE SAMUEL ERA MUY PEQUEÑO, ERA NAZAREO. NO SE CORTÓ NUNCA EL CABELLO Y SIRVIÓ A JEHOVÁ DE UNA FORMA ESPECIAL.
[Ana:] ¿ESTÁS LISTO, SAMUEL? VAS A VIVIR Y A SERVIR A JEHOVÁ AQUÍ, EN EL TABERNÁCULO.
[Samuel:] SÍ, LO ESTOY. PERO TE ECHARÉ DE MENOS.
[Escena 2]
[Ana:] YO TAMBIÉN A TI, HIJO MÍO. PERO ¿RECUERDAS POR QUÉ NUNCA DEBES TENER MIEDO?
[Samuel:] SÍ. PORQUE JEHOVÁ ME CUIDARÁ SI SOY SU AMIGO.
[Escena 3]
[Elí:] YO SOY ELÍ, EL SUMO SACERDOTE. PRESTA ATENCIÓN, SAMUEL. DENTRO DE POCO QUIZÁ PUEDAS AYUDAR CON ESTE TRABAJO.
[Escena 4]
[Narración:] PASARON LOS AÑOS, Y SAMUEL SE DIO CUENTA DE QUE EN EL TABERNÁCULO NO TODOS AMABAN A JEHOVÁ. INCLUSO LOS HIJOS DE ELÍ, QUE ERAN SACERDOTES, TRATABAN MAL A LA GENTE Y HACÍAN COSAS MALAS.
[Narración:] LOS HIJOS DE ELÍ NO RESPETABAN A JEHOVÁ, ROBABAN LOS SACRIFICIOS QUE LE PERTENECÍAN A DIOS Y ERAN IMMORALES. PERO ELÍ NO LOS DETUVO, AUNQUE UN PROFETA LE ADVIRTIÓ DE QUE JEHOVÁ LOS CASTIGARA A ÉL Y A SU FAMILIA.
[Escena 5]
[Narración:] TODOS LOS AÑOS, LOS PADRES DE SAMUEL LO VISITABAN Y LE LLEVABAN UNA PRENDA SIN MANGAS NUEVA.
[Samuel:] MAMÁ, PAPÁ. LOS EXTRAÑO MUCHO.
[Escena 6]
[Ana:] ¿TE PASA ALGO, HIJO?
[Escena 7]
[Samuel:] ME DIJISTE QUE EL TABERNÁCULO ERA UN LUGAR SAGRADO. PERO AQUÍ HAY PERSONAS QUE HACEN COSAS MUY MALAS.
[Escena 8]
[Ana:] BUENO, PERO SI TÚ TE PORTAS BIEN...,
[Escena 9]
[Samuel:] LO SÉ, Y LO INTENTO.
[Escena 10]
[Ana:] TE COMPRENDO, HIJO. JEHOVÁ TAMBIÉN TE COMPRENDE. ÉL LO VE TODO.
[Escena 11]
[Ana:] HACE TIEMPO, ME SENTÍ MUY TRISTE PORQUE NO PODÍA TENER HIJOS.
[Ana:] PERO JEHOVÁ RESPONDIÓ MI ORACIÓN Y ME HIZO UN REGALO: TE TUVE A TI. JEHOVÁ SIEMPRE AYUDA A SUS AMIGOS.
[Ana:] PÍDELE A JEHOVÁ QUE TE AYUDE. TU PAPÁ Y YO TAMBIÉN ORAREMOS POR TI.
[Escena 12]
[Samuel:] TIENES RAZÓN, MAMÁ. GRACIAS.
[Escena 13]
[Narración:] SAMUEL CRECIÓ Y SE HIZO UN FIEL SIERVO DE JEHOVÁ. CON SU AYUDA, FUE FELIZ INCLUSO CUANDO OTROS HACÍAN COSAS MALAS.
[Escena 14]
[Narración:] UN DÍA, JEHOVÁ COMENZÓ A USAR A SAMUEL DE UNA FORMA ESPECIAL. HABLÓ CON ÉL.
[Jehová:] SAMUEL
[Jehová:] SAMUEL
[Samuel:] DIME, TU SIERVO ESTÁ ESCUCHANDO.
[Narración:] SAMUEL DECIDIÓ SERVIR A JEHOVÁ A PESAR DE QUE OTROS NO LO HICIERON. POR ESO, JEHOVÁ LO PREPARÓ Y LO USÓ PARA HACER COSAS MARAVILLOSAS.
[RECUADRO]
¿QUÉ APRENDEMOS DE ESTA HISTORIA?
¿POR QUÉ NO FUE FÁCIL PARA EL JOVEN SAMUEL SERVIR A JEHOVÁ?
PISTA: 1 SAMUEL 2:12, 17.
¿POR QUÉ ELIGIÓ JEHOVÁ A SAMUEL PARA QUE FUERA PROFETA?
PISTA: 1 SAMUEL 2:26.
SI LOS DEMÁS SE PORTAN MAL, ¿QUÉ PUEDES HACER TÚ PARA PONERTE DEL LADO DE JEHOVÁ?
PISTA: SALMO 26:9-12.