4-10 MAYO 2026
CANCIÓN 53 Hoy voy a salir a predicar
Mejoremos nuestro “arte de enseñar” en la predicación
“Predica la palabra [...] con mucha paciencia y arte de enseñar” (2 TIM. 4:2).
TEMA
Tres cosas que podemos hacer para mejorar nuestra manera de enseñar en la predicación.
1. ¿Qué debemos cultivar, y por qué? (2 Timoteo 4:2; vea también la foto).
JESÚS les dijo a sus seguidores: “Hagan discípulos [...]. Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he mandado” (Mat. 28:19, 20). Como vemos, él dejó claro que todos los cristianos debemos ser maestros. Es cierto que Jehová se fija en las personas que tienen “la actitud correcta”, y los ángeles nos ayudan a encontrarlas (Hech. 13:48; Juan 6:44; Apoc. 14:6). Pero nosotros tenemos que hacer nuestra parte. Pensemos en el ejemplo de los apóstoles Pablo y Bernabé. La Biblia cuenta que, cuando estaban predicando en la sinagoga de Iconio, “hablaron de tal manera que muchísimos judíos y griegos se hicieron creyentes” (Hech. 14:1). Sin duda, los dos habían cultivado el “arte de enseñar” (lea 2 Timoteo 4:2). Todos los cristianos debemos hacer lo mismo.
Podemos mejorar nuestro “arte de enseñar” fijándonos en los ejemplos de Jesús y sus discípulos, como Pablo y Bernabé. (Vea el párrafo 1).
2. ¿Por qué sienten algunos que no pueden mejorar como maestros?
2 Puede que algunos sientan que no pueden mejorar su enseñanza. Tal vez digan: “Yo no tuve la oportunidad de estudiar mucho” o “No soy muy hábil enseñando, no tengo ese don”. Algunos personajes de la Biblia se sintieron de manera parecida (Éx. 4:10; Jer. 1:6). Quizás también hay quienes se desanimen y digan: “Debo ser un mal maestro, porque no consigo resultados tan buenos como otros hermanos”. Claro, no todas las personas con las que hablemos querrán escuchar las buenas noticias. Además, los resultados que obtenemos no dependen únicamente de nuestros esfuerzos. Como vimos, Jehová y los ángeles nos ayudan a encontrar a las personas sinceras. Aun así, queremos presentar el mensaje de la manera más atrayente que podamos. Para ayudarnos, vamos a ver tres sugerencias para mejorar nuestra manera de enseñar.
INTERESARNOS POR LAS PERSONAS
3. ¿Por qué podía Jesús tocar el corazón de las personas?
3 La Biblia dice que Jesús “sabía lo que había dentro del hombre” (Juan 2:25). Esto significa que era capaz de percibir los pensamientos y los motivos de otras personas. Por eso, como comprendía sus necesidades, podía tocar sus corazones. Él veía que las personas estaban desnutridas espiritualmente y vivían oprimidas por las innumerables reglas de los líderes religiosos (Mat. 9:36; 23:4). Jesús trató justamente estos temas en el Sermón del Monte. Muchos se sentían atraídos a él porque hablaba de cosas que eran importantes para ellos.
4. ¿Cómo demostramos que nos interesamos por las personas? (Vea también las fotos).
4 ¿Cómo demostramos que nos interesamos por las personas? Tratando de comprender sus preocupaciones. En este mundo gobernado por Satanás todos sufren por una u otra razón. Tener esto presente nos ayudará a empatizar con las personas a las que les predicamos. Por ejemplo, ¿están hablando las noticias de algún suceso reciente que preocupa a la gente? ¿Vemos a muchos padres inquietos por la inseguridad en las escuelas? ¿Hay mucho desempleo? Tratemos de imaginar cómo es la vida de las personas en estos “tiempos críticos” sin la esperanza que ofrece la Biblia (2 Tim. 3:1; Is. 65:13, 14).
Tratemos de comprender las preocupaciones de las personas a las que enseñamos y aprendamos a interesarnos por ellas. (Vea el párrafo 4).
5. ¿En qué sentido era Jesús distinto de los fariseos? (Mateo 11:28-30).
5 Jesús se interesaba por las personas, y ellas lo notaban por cómo las trataba. ¡Qué distinto era de los fariseos! Ellos se creían superiores a la gente y la trataban con desprecio (Mat. 23:13; Juan 7:49). En cambio, Jesús era amable y respetuoso con los demás. Era “apacible y humilde de corazón”, y esto contribuyó a que fuera un excelente maestro (lea Mateo 11:28-30). Nosotros también debemos tratar a las personas con amabilidad y respeto.
6. ¿Qué nos ayudará a mostrar amabilidad y respeto hacia quienes rechazan el mensaje o se oponen a él?
6 Algunos rechazan el mensaje que llevamos o incluso se oponen a él. ¿Cómo debemos reaccionar? Jesús aconsejó que no solo aguantemos la oposición, sino que dijo: “Traten bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los insultan” (Luc. 6:27, 28). Será más fácil ser amables con estas personas si les damos el beneficio de la duda. Es cierto que algunas están totalmente en contra del mensaje. Sin embargo, otras quizás nos traten mal porque están estresadas debido a problemas familiares o alguna situación que no tiene nada que ver con nosotros. Tal vez simplemente llegamos en un mal momento. Sea cual sea la situación, sigamos este consejo: “Que sus palabras sean siempre agradables, sazonadas con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona” (Col. 4:6). Si nos esforzamos por comprender a las personas y sus necesidades, no nos ofenderemos con facilidad y podremos ser mejores maestros.
CENTRAR LA ATENCIÓN EN LA PALABRA DE DIOS
7. ¿Cómo demostró Jesús que basaba sus enseñanzas en la Palabra de Dios? (Juan 7:14-16).
7 Al enseñar, Jesús no se basaba en sus propias ideas, sino en la Palabra de Dios, y lo hacía de tal manera que sus enseñanzas eran fáciles de entender y recordar. La Biblia dice que “la gente quedó impactada con su manera de enseñar, porque les enseñaba como alguien con autoridad, y no como los escribas” (Mar. 1:22; vea la nota de estudio “no como los escribas”). En tiempos de Jesús, los escribas solían citar a rabinos muy respetados para apoyar lo que enseñaban. En cambio, Jesús citaba vez tras vez de las Escrituras. Aunque tenía muchísimo conocimiento por haber vivido en el cielo junto a su Padre, no lo usaba para impresionar a sus oyentes o hacerles sentir que no sabían nada. Más bien, se centraba en usar la Palabra de Dios para enseñar cuál era la voluntad de su Padre (lea Juan 7:14-16). ¡Qué excelente ejemplo nos dio a todos los cristianos!
8. ¿Cómo siguió el apóstol Pedro el ejemplo de Jesús?
8 Los discípulos de Jesús siguieron su ejemplo y usaron la Palabra de Dios al enseñar. Veamos el caso del apóstol Pedro. Aunque era un hombre que no contaba con mucha educación, en el Pentecostés del año 33 logró tocar el corazón de las personas usando las Escrituras para explicar las profecías que se cumplieron en Jesús (Hech. 2:14-37). ¿Cuál fue el resultado? “Se bautizaron los que aceptaron de buena gana su mensaje. En aquel día, unas 3.000 personas se unieron a los discípulos” (Hech. 2:41).
9. ¿Por qué debemos usar la Biblia al enseñar?
9 No existe una mejor herramienta que la Palabra de Dios para llegar al corazón de las personas (Heb. 4:12). Por tal motivo, debemos usarla al enseñar. Queremos predicar “la palabra”, y no nuestras propias ideas (2 Tim. 4:2). Proverbios 2:6 dice: “Jehová es quien da sabiduría; de su boca vienen conocimiento y discernimiento”. Cuando usamos la Biblia al enseñar, estamos dejando, por así decirlo, que sea Jehová el que hable (Mal. 2:7). Queremos que la gente sepa que la Biblia supera por mucho la sabiduría humana. Está inspirada por Dios y nos enseña lo que tenemos que hacer para agradar al Creador y tener vidas plenas y felices (2 Tim. 3:16, 17).
10. ¿Cómo podemos centrar la atención del estudiante en la Biblia?
10 Cuando nos estemos preparando para dar una clase, pensemos en qué podemos hacer para centrar la atención del estudiante en lo que la Biblia enseña. El estudiante debe comprender que los videos y las imágenes son solo ayudas en su aprendizaje, y que en realidad el libro de texto principal es la Biblia. Una vez que estemos dando la clase, leamos con él los textos clave y ayudémoslo a pensar en qué aprende de ellos. Cuando le mostremos videos o imágenes, asegurémonos de que capte los principios bíblicos que estos le enseñan. Eso no significa que debamos hablar mucho ni leer todos y cada uno de los textos que aparezcan. Lo mejor es darle al estudiante tiempo para captar el significado de los versículos que leamos e incluso volver a leerlos si es necesario. Si hacemos todo esto, a la persona le quedará claro que está estudiando la Biblia, y no un libro, una imagen o un video (1 Cor. 2:13).
11, 12. a) ¿Cómo podemos ser pacientes con nuestro estudiante? (Hechos 17:1-4; vea también la imagen). b) ¿Qué debemos recordar sobre algunas personas, y cómo podemos ayudarlas?
11 Si al estudiante le cuesta aceptar algún punto, recordemos el consejo de Pablo: “Predica la palabra [...] con mucha paciencia”. No todo el mundo progresa al mismo ritmo. Puede que a nosotros nos parezca que ciertas verdades son sencillas, pero a otras personas les tome más tiempo entenderlas. Por ejemplo, en Tesalónica, Pablo tuvo que razonar en varias ocasiones usando las Escrituras para que algunos judíos aceptaran lo que les estaba predicando (lea Hechos 17:1-4).
12 Otra manera de ser pacientes es dándole al estudiante suficiente tiempo para responder a las preguntas que le hacemos y evitando la tentación de hablar mucho. Procuremos escuchar con atención para comprender su forma de pensar. Luego leamos y analicemos versículos concretos para ayudarlo a entender el punto de vista de Dios. Por otro lado, recordemos que algunas personas nunca antes han visto una Biblia y no tienen ninguna idea de lo que dice. A lo mejor sería útil llevarles un ejemplar en papel de la Traducción del Nuevo Mundo. Podemos mostrarles la sección “Introducción a la Palabra de Dios”, que está al principio, para que vean la gran cantidad de información valiosa que contiene la Biblia. También podemos ayudarlos a ver su valor práctico leyendo un par de versículos de la pregunta 15, que habla de cómo nos ayuda la Biblia a ser felices. En resumen, si le mostramos al estudiante el poder de la Palabra de Dios, seremos maestros más eficaces.
Los buenos maestros hablan poco y escuchan mucho. (Vea los párrafos 11 y 12).
PONER EL FOCO EN JEHOVÁ
13. Cuando estamos enseñando, ¿en quién queremos enfocar la atención? Ponga un ejemplo.
13 Nuestra meta es ayudar a las personas a conocer a Jehová y acercarse a él (Sant. 4:8). En cierto sentido, somos como el encargado de manejar las luces en una obra de teatro. Él no se enfoca a sí mismo, sino que dirige las luces hacia los personajes principales y se asegura de que estén bajo los focos. De forma parecida, cuando estamos enseñando, no queremos enfocar la atención en nosotros mismos, sino en Jehová.
14. ¿Cómo podemos ayudar al estudiante a cultivar el deseo de hacer feliz a Jehová?
14 Al darle clases de la Biblia a un estudiante, ayudémoslo a cultivar el deseo de hacer feliz a Jehová (Prov. 27:11). No se trata de conseguir que cumpla con una lista de requisitos para llegar a ser testigo de Jehová, como si estuviera uniéndose a un club. Queremos que haga los cambios que sean necesarios porque desea agradar a Dios. Por ejemplo, si le está costando dejar una mala costumbre, hagámosle preguntas como estas: “¿Por qué odia Jehová esa práctica? ¿Por qué quiere él que usted deje de hacer algo que le gusta? ¿Cómo le demuestra esto que Jehová lo ama?”. Motivemos al estudiante a pensar en Jehová, pues cuanto más lo haga más comprenderá lo maravilloso que es el Padre que tenemos. Y, como resultado, sentirá el deseo de agradarlo.
SIGAMOS MEJORANDO NUESTRO ARTE DE ENSEÑAR
15. ¿Qué podemos hacer para seguir mejorando nuestro arte de enseñar?
15 Podemos orarle a Jehová para que nos ayude a ver maneras de mejorar nuestro arte de enseñar (1 Juan 5:14). Luego, para darle algo que bendecir, debemos prestar mucha atención a la capacitación que recibimos en nuestras reuniones y ponerla en práctica. Además, cuando vayamos a dar una clase de la Biblia, podemos pedirle a algún hermano o hermana hábil que nos acompañe y después nos diga en qué podemos mejorar. Recordemos que, aunque nosotros estamos familiarizados con la información, el estudiante no. Así que pongámonos en su lugar. Ayudémoslo a valorar los beneficios de lo que está aprendiendo y las hermosas promesas de Jehová. De este modo contribuiremos a que llegue a ser amigo de Jehová y sea verdaderamente feliz (Sal. 1:1-3).
16. ¿Por qué es bueno que sigamos mejorando nuestro arte de enseñar?
16 Enseñar sobre Jehová es una de las cosas que nos hacen más felices. Y en el nuevo mundo hará mucha falta seguir enseñando. Así que, al predicar las buenas noticias, continuemos interesándonos por las personas, centrando la atención en la Palabra de Dios y poniendo el foco en Jehová. Si hacemos todo esto, mejoraremos nuestro arte de enseñar.
CANCIÓN 65 Lucha por progresar