Viernes 24 de abril
Reflexiona sobre estas cosas; dedícate de lleno a ellas, para que todos vean claramente tu progreso (1 Tim. 4:15).
El anciano no debe ser un hombre recién convertido. Aunque no lleve muchos años bautizado, debe haber tenido suficiente tiempo para madurar como cristiano. Antes de ser nombrado anciano debe demostrar que, igual que Jesús, es humilde y está dispuesto a servir a Jehová como él quiera y cuando él quiera (Mat. 20:23; Filip. 2:5-8). Además, tiene que demostrar que es leal aferrándose a Jehová y a sus justas normas, y siguiendo las instrucciones que él da a través de su organización. Las Escrituras dejan muy claro que un superintendente tiene que estar capacitado para enseñar. ¿Significa eso que debe ser un gran orador? No necesariamente. Hay muchos buenos ancianos que no se destacan por dar los mejores discursos pero son eficaces enseñando en el ministerio y en las visitas de pastoreo. w24.11 47:14, 15
Sábado 25 de abril
Amo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino (Sal. 119:127).
Si encuentra un texto bíblico que no entiende, busque información. Y, después, durante el día, medite en lo que descubrió y en lo que aprendió sobre Jehová, su Hijo y del amor que ellos le tienen (Sal. 119:97; nota). No se desanime si no siempre aprende algo nuevo o emocionante cuando se siente a leer o estudiar la Biblia. En cierto sentido, estudiar la Biblia es como buscar oro. Muchas personas pasan horas, incluso días, buscando oro. Son pacientes y persisten porque para ellas hasta la pepita más pequeña es valiosa. Los tesoros que encontramos en la Biblia son mucho más valiosos que el oro (Prov. 8:10). Así que sea paciente y no deje de leer y estudiar la Biblia (Sal. 1:2). w25.01 4:14, 15
Domingo 26 de abril
Jehová los perdonó con generosidad a ustedes, así que hagan ustedes igual (Col. 3:13).
Jehová espera que estemos dispuestos a perdonar a los que nos lastiman (Sal. 86:5; Luc. 17:4; Efes. 4:32). Puede que alguien diga o haga algo que nos hiera profundamente, y duele más si se trata de un buen amigo o de un familiar (Sal. 55:12-14). En ocasiones, el dolor emocional puede ser tan fuerte como el golpe de una espada (Prov. 12:18). Tal vez intentemos reprimir o ignorar nuestros sentimientos. Pero hacerlo sería como si nos clavaran un puñal y lo dejáramos ahí en la herida sin hacer nada para sacarlo. No lograremos sanar los sentimientos heridos si no admitimos lo que sentimos. Cuando alguien nos ofende, tal vez nuestra reacción inicial sea enojarnos. La Biblia reconoce que eso puede sucedernos. Sin embargo, nos aconseja que no debemos dejar que esas emociones negativas nos dominen (Sal. 4:4; Efes. 4:26). ¿Por qué? Porque la ira no suele llevarnos por buen camino (Sant. 1:20). Recuerde: enojarse es una reacción que tal vez no dependa de usted, pero seguir enojado es una elección que siempre depende de usted. w25.02 8:4-6