HEBREOS
Notas de estudio. Capítulo 7
Melquisedec. En las Escrituras Hebreas se menciona a Melquisedec por primera vez en Gé 14:17, 18, donde se describe su encuentro con Abrán (Abrahán). Unos 900 años después de aquel encuentro, David lo mencionó en un salmo donde predijo que el Mesías sería “sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec” (Sl 110:1-4). Más tarde, el 11 de nisán del año 33 de nuestra era, el propio Jesús citó de ese salmo (Mt 22:42-45; Mr 12:35-37; Lu 20:41-44). Y, unas semanas después, el día de Pentecostés de ese mismo año, Pedro confirmó que la profecía de David se había cumplido (Hch 2:33-36). Sin embargo, en las Escrituras Griegas Cristianas solo se menciona a Melquisedec por nombre en el libro de Hebreos (Heb 5:6 y la nota de estudio). El significado de este nombre hebreo es ‘rey de justicia’ (Heb 7:2).
rey de Salem. Según Gé 14:18, Salem es la ciudad donde Melquisedec sirvió de rey y sacerdote. La antigua tradición judía identifica Salem con Jerusalén (que en hebreo incorpora el nombre “Salem”). Las Escrituras Hebreas también dan a entender que Salem se refiere a Jerusalén. Por ejemplo, Abrahán se encontró con Melquisedec en “el valle del Rey”, un lugar del que se da a entender posteriormente que estaba cerca de Jerusalén (Gé 14:16, 17; 2Sa 18:18). Y en Sl 76:2 se usa el nombre “Salem” en paralelo con “Sion”. Todo indica, por lo tanto, que Melquisedec fue rey y sacerdote en el mismo lugar donde mucho tiempo después sirvieron los reyes de la línea de David y los sacerdotes levitas. Y también fue allí donde ofreció su vida en sacrificio Jesucristo, el elegido para ser rey y sacerdote “a la manera de Melquisedec” (Heb 3:1; 7:1-3, 15-17; 10:12).
sacerdote del Dios Altísimo. Melquisedec es la primera persona a quien las Escrituras llaman “sacerdote” (Gé 14:18). No adoraba a un dios pagano, sino a Jehová, el mismo Dios al que adoraba Abrahán. Los dos se refirieron a Jehová como “el Dios Altísimo” y “el que hizo el cielo y la tierra” (Gé 14:18-20, 22). Fue el propio Jehová el que nombró sacerdote a Melquisedec (Sl 110:4; Heb 7:17).
rey de Salem, es decir, “rey de paz”. Las Escrituras Hebreas no dan el significado del nombre “Salem” (Gé 14:18). Pero Pablo explica por inspiración que quiere decir ‘paz’. Al parecer lo conecta con el término hebreo para “paz” (shalóhm). El título “rey de paz” es muy adecuado para Melquisedec, al que Pablo relaciona con Jesús (Heb 6:20; 7:3). En la Biblia se asocia con frecuencia el reinado de Jesús como el prometido Mesías con la paz. Por ejemplo, en Is 9:6, 7 se llama al Mesías “Príncipe de Paz”, es decir, un príncipe que promueve la paz. Ver también Sl 72:1, 3, 7; Zac 9:9, 10. Para un análisis más detallado de los términos originales para “paz”, ver la nota de estudio de Mr 5:34.
sin [...] genealogía. Como cualquier ser humano, Melquisedec evidentemente tuvo padres, y puede que hijos. Por lo tanto, es obvio que sí tuvo una genealogía o árbol familiar. Pero, como la Biblia no da ningún detalle sobre sus antepasados ni sobre sus descendientes, Pablo podía decir que estaba “sin [...] genealogía”. La Peshitta (traducción al siriaco que comenzó a usarse a partir del siglo quinto de nuestra era) dice en Heb 7:3: “Sin registro de padre y madre en las genealogías, ni el principio de sus días ni el fin de su vida, sino que a semejanza del Hijo de Dios, su sacerdocio permanece eternamente”. La posición de Jesús como sacerdote no depende de genealogías humanas. Él no nació de la tribu de Leví, de la que venían los sacerdotes. Más bien, al igual que Melquisedec, llegó a ser “sumo sacerdote” por nombramiento directo de Dios (Heb 5:10; 7:15, 16). A diferencia del sacerdocio de Jesús, el sacerdocio de los levitas estaba regulado por leyes basadas en “el linaje humano”. Por eso era esencial que ellos mantuvieran registros genealógicos exactos (Heb 7:16; Nú 3:10, 15, 16; Ne 7:63, 64).
ni principio de días ni fin de vida. Con estas palabras, Pablo no quiere decir que Melquisedec o Jesús no tuvieran literalmente un comienzo. Melquisedec nació como cualquier ser humano. Y Jesús fue creado como un ser espiritual. De hecho, se lo llama “el primogénito de toda la creación” y “el principio de la creación de Dios” (Col 1:15 y la nota de estudio; Ap 3:14). El punto que el apóstol desea destacar es sencillamente que Melquisedec, al igual que Jesús, no había heredado por nacimiento su posición de sacerdote. Además, como la Biblia no registra la muerte de Melquisedec, Pablo aprovecha este detalle para ilustrar que el sacerdocio de Jesús sería eterno.
al haber sido hecho parecido al Hijo de Dios. Pablo no indica que Dios hiciera a su Hijo parecido a Melquisedec, sino que, en cierto sentido, hizo a Melquisedec parecido a su Hijo. Consiguió este objetivo encargándose de que el relato de Génesis sobre Melquisedec no incluyera nada sobre los orígenes, el nacimiento, la familia o la muerte de este rey y sacerdote (Gé 14:18-20). Al haberse seleccionado tan cuidadosamente las palabras de este relato, se pudo usar a Melquisedec como modelo profético de un sacerdote nombrado directamente por Dios.
él sigue siendo sacerdote para siempre. La Biblia no menciona en ningún lugar que Melquisedec tuviera un predecesor o un sucesor en su puesto de sacerdote. Por eso se dice que es sacerdote “para siempre” o “perpetuamente”. De igual modo, Jesús, que es sacerdote “a la manera de Melquisedec”, no tiene predecesores (Heb 5:5, 6, 10; 6:20; 7:15-17). Y, como muestra la Biblia, “no tiene sucesores” (Heb 7:24 y la nota de estudio).
al que Abrahán [...] le dio la décima parte de lo mejor del botín. La Ley mosaica exigía que los israelitas pagaran el diezmo (es decir, la décima parte de sus ganancias) para que la tribu de Leví pudiera mantenerse. Pero esta práctica se estableció unos cinco siglos después de la época de Abrahán (Nú 18:21, 24). Cuando Abrahán le entregó a Melquisedec la décima parte del botín, no lo hizo porque hubiera una ley que lo ordenara. Más bien, lo hizo porque reconocía que Jehová le había dado a Melquisedec la autoridad para ser “sacerdote del Dios Altísimo” (Heb 7:1). Génesis dice que le dio a Melquisedec “la décima parte de todo”, o sea, la décima parte del botín que obtuvo al derrotar a una coalición de cuatro reyes (Gé 14:9, 18-20). Sin embargo, aquí Pablo aclara que se trataba de “la décima parte de lo mejor del botín”. Está claro que, para Abrahán, Melquisedec merecía el máximo honor.
Abrahán, el patriarca. Aquí Pablo usa un término griego (patriárkhēs) que significa ‘padre de una tribu o nación’ y que también se puede traducir como “cabeza de familia” (ver la nota de estudio de Hch 7:8). Durante toda su vida, Abrahán fue el jefe y también el líder religioso de su extensa familia. De él salió toda la nación de Israel, lo que incluía las líneas de sacerdotes y de reyes. Por eso, Abrahán era más importante que los sacerdotes levitas que descendieron de él. Aun así, como muestra Pablo aquí, el patriarca Abrahán reconoció humildemente que Melquisedec era superior a él y por eso honró a este rey y sacerdote (Heb 7:1, 2). De ahí Pablo llega a la conclusión de que Jesucristo, el Rey y Sumo Sacerdote al que Melquisedec representó proféticamente, tiene que ser aún más importante. Ver la nota de estudio de Heb 4:14.
los hijos de Leví. Como los miembros de la tribu de Leví que no eran sacerdotes no habían recibido tierras como herencia, el resto de la nación les pagaba diezmos (Nú 18:21). A su vez, estos levitas les entregaban la décima parte de lo que recibían —concretamente “lo mejor” de todo— a los miembros de su tribu que sí tenían el honor de servir de sacerdotes (Nú 18:25-29). Además, ayudaban a los sacerdotes a realizar su labor. Ver glosario, Leví; levita.
el mandato de cobrarle el diezmo. Ver glosario, diezmo.
son descendientes. Lit. “han salido de los lomos”. En Hch 2:30 se emplea una frase parecida en griego (lit. “fruto de sus lomos”) que también se traduce como “descendientes”. Ver la nota de estudio.
el menor es bendecido por el mayor. Pablo usa este principio para explicar que el sacerdocio de Melquisedec es superior al de la tribu de Leví. En vista de que Melquisedec bendijo a Abrahán, este rey y sacerdote tiene que haber sido mayor, o más importante, que Abrahán o cualquiera de sus descendientes, lo que incluye a los sacerdotes y los demás levitas (Heb 7:1, 6).
bendecido. En la Biblia, una persona puede bendecir a otra reconociendo sus cualidades o la calidad de su trabajo (Éx 39:43). También puede hacerlo expresando su deseo de que Dios le muestre su favor a esa persona, lo que en realidad es como pedirle a Dios que la bendiga (Rut 3:10). Pero la bendición de Melquisedec a Abrahán implicaba mucho más. Como él era un sacerdote con autoridad para hablar en nombre de Dios, sus palabras fueron proféticas. Fueron una manera de confirmarle a Abrahán que Jehová iba a bendecirlo a él y también a sus descendientes, aunque estos aún no habían nacido (Gé 14:18-20).
se da testimonio de que vive. Siendo un hombre imperfecto, Melquisedec sin duda murió (Ro 5:12). Sin embargo, aquí Pablo destaca que las Escrituras no mencionan nada acerca de su muerte. Por eso se puede decir que dan testimonio de que “vive” (Heb 7:3 y la nota de estudio).
Leví [...] ha pagado el diezmo mediante Abrahán. Aquí Pablo sigue este argumento: cuando Abrahán reconoció a Melquisedec como sacerdote de Jehová y lo honró pagándole el diezmo, fue como si todos los descendientes de Abrahán hubieran honrado a Melquisedec, aunque en realidad aún no habían nacido. Abrahán actuó, por así decirlo, como representante de todos sus descendientes, entre los que se encontraban su bisnieto, Leví, y también Aarón, descendiente de Leví. De este modo, Pablo añade peso a su afirmación de que el rey y sacerdote Melquisedec era mayor, o más importante, que Abrahán. Así que, con la excepción de Jesús, Melquisedec tiene que haber sido más importante que cualquiera de los descendientes de Abrahán, incluidos los sacerdotes que servían en el templo de Jerusalén en tiempos de Pablo. Por lo tanto, ninguno de ellos podía igualar al “sumo sacerdote a la manera de Melquisedec” predicho por los antiguos profetas (Heb 5:10; Sl 110:4).
todavía no había nacido. Lit. “todavía estaba en los lomos”. Ver la nota de estudio de Heb 7:5.
Por eso, si la perfección se consiguiera. Alguien perfecto tendría una conciencia totalmente limpia. Sabría que no era pecador a los ojos de Jehová (comparar con Heb 10:1, 2). Sin embargo, ningún ser humano pecador podía alcanzar esa perfección mediante la Ley mosaica y los sacerdotes levitas (Heb 7:19). Los sacrificios que ofrecían esos sacerdotes les recordaban a los siervos de Dios que el pecado era algo real y muy serio (Heb 10:3). Además, señalaban al sacrificio mucho más importante que ofrecería Jesucristo “una vez y para siempre” (Heb 9:12; 10:10). Y es que solamente gracias al sacrificio de la vida perfecta de Jesús, que correspondía plenamente a lo que Adán había perdido, sería posible conseguir el perdón completo de los pecados (1Ti 2:6 y la nota de estudio; Heb 10:4). Por medio del rescate, Cristo se convirtió en “el fin de la Ley” y, como Sumo Sacerdote, abrió el camino para que los seres humanos finalmente pudieran alcanzar la perfección (Ro 10:4; Heb 10:14 y la nota de estudio).
es una característica de la Ley. O “es la base de la Ley”. El sacerdocio de Israel era una característica básica de la Ley que Jehová le dio a su pueblo. Al ofrecer sacrificios, los sacerdotes contribuían a que se cumpliera un propósito fundamental de la Ley: recordarle al pueblo de Dios la gravedad del pecado y la necesidad de expiarlo (ver la nota de estudio de Heb 5:1). De hecho, un libro entero del Pentateuco —Levítico— está dedicado al tema del sacerdocio, el tabernáculo y los sacrificios.
se está cambiando el sacerdocio. Jehová había jurado nombrar al Mesías rey y sacerdote a la manera de Melquisedec (Sl 110:2, 4; Heb 7:11). Con este juramento indicó que el sacerdocio levítico se iba a cambiar; de hecho, sería reemplazado. La Ley mosaica estipulaba que los sacerdotes tenían que ser de la tribu de Leví. Por eso, Jesús, al ser descendiente de Judá, no podía servir de sumo sacerdote bajo esa Ley (Mt 2:6; Ap 5:5; ver la nota de estudio de Heb 7:14). Sin embargo, gracias a que fue nombrado directamente por Dios —al igual que Melquisedec—, puede servir tanto de rey como de sacerdote (Heb 7:15, 21 y la nota de estudio).
nuestro Señor era descendiente de Judá. Para tener el derecho legal al trono como Rey mesiánico predicho, Jesús tenía que venir de la línea de Judá (Gé 49:10). Es muy probable que en el siglo primero de nuestra era se pudieran consultar genealogías exactas en los archivos públicos. Estos registros demostraban que Jesús era descendiente de Judá a través del linaje real de David. Parece que estos documentos se destruyeron durante la rebelión judía contra Roma entre los años 66 y 70. De todos modos, la genealogía de Jesús se conservó en los Evangelios de Mateo y Lucas (Mt 1:1, 3, 16; Lu 3:23, 33). En cambio, no hacía falta ninguna genealogía para establecer que Jesús podía ser Sumo Sacerdote. Y es que él no necesitaba ser descendiente de Leví. Él sería rey y sacerdote como Melquisedec porque había sido nombrado directamente por Dios con un juramento (Sl 110:1-4; Mr 12:35, 36; Heb 7:15-17). Ver la nota de estudio de Heb 7:12.
el requisito legal que se basa en el linaje humano. Lit. “la ley de un mandamiento carnal”. Aquí Pablo se refiere a los requisitos de la Ley mosaica para los sacerdotes, entre ellos el que exigía que fueran de la línea familiar de Leví.
el poder de una vida indestructible. Jesús pudo convertirse en “sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec” porque Jehová le dio “el poder de una vida indestructible” (Heb 7:3, 17). Recibió esa gloriosa recompensa cuando su Padre lo resucitó de entre los muertos (Hch 13:33-37; 1Ti 6:16 y la nota de estudio). De este modo, Jehová cumplió el juramento que había hecho e hizo posible que su Hijo sirviera de “sacerdote para siempre” (Sl 110:4). Ahora Jesús es inmortal. Esto quiere decir que disfruta de una vida que no puede deteriorarse ni ser destruida. Así que él puede servir de Sumo Sacerdote que da vida. Y no necesita sucesores, ya que “siempre está vivo para interceder por” los cristianos fieles (Heb 7:24, 25).
“Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec”. Ver las notas de estudio de Heb 5:6; 7:1.
el mandamiento anterior queda anulado. El contexto da a entender que “el mandamiento anterior” se refiere en particular a las normas relacionadas con el sacerdocio levítico (Heb 7:15, 16). En griego se usa aquí un sustantivo que a veces se empleaba en el campo legal con el sentido de ‘cancelación’ o ‘anulación’. De este modo, Pablo deja claro que esta característica fundamental de la Ley quedó abolida (Heb 7:11 y la nota de estudio, 12). Al final, ese sacerdocio resultó “débil e inservible”. Y es que ningún sacerdote imperfecto podía conseguir con sus sacrificios de animales que los seres humanos alcanzaran la perfección (ver las notas de estudio de Ro 8:3; Heb 5:2). Pero Dios nombró a su Hijo para servir de sacerdote como Melquisedec. Así que “el mandamiento anterior” fue reemplazado por “una esperanza mejor”. Esta esperanza se basa en el sacrificio redentor de Jesucristo (Heb 7:19 y la nota de estudio, 22-27).
la Ley no llevó nada a la perfección. Bajo la Ley mosaica, los sacrificios de animales que ofrecían los sacerdotes les daban a los humanos pecadores una base para acercarse a Dios con la esperanza de que les perdonara los pecados (Le 1:3, 4; Sl 65:2-4). Sin embargo, ni el sacerdocio ni los sacrificios regulados por esa Ley podían eliminar por completo el pecado (Ro 8:3 y la nota de estudio; Heb 10:4). Por lo tanto, la Ley no pudo lograr que ningún ser humano imperfecto recuperara plenamente la amistad con Jehová.
pero la llegada de una esperanza mejor sí lo hizo. Jehová hizo llegar “una esperanza mejor” cuando envió a Jesucristo a la tierra. De este modo, pudo suministrar un sacrificio mejor y establecer un sacerdocio superior al que se describe en la Ley mosaica. La esperanza mejor incluye la perspectiva de recibir la salvación gracias al sacrificio redentor de Cristo. Este sacrificio les da a los seres humanos imperfectos la oportunidad de acercarse a Dios y recuperar por completo su amistad (Heb 6:18, 19; 7:25).
esto no se hizo sin un juramento. Dios no se limitó a nombrar a Jesús Sumo Sacerdote, sino que lo hizo empleando un juramento solemne (Sl 110:1, 4; Heb 7:21 y la nota de estudio). Tomando como base este juramento, Jehová estableció “un pacto mejor”, que superaba incluso al pacto de la Ley mosaica (Heb 7:22).
sacerdotes sin un juramento. Jehová le ordenó a Moisés que nombrara a Aarón sumo sacerdote —el primero de la historia de Israel— y que designara a los hijos de Aarón como sacerdotes secundarios (Éx 28:1; 29:35). Desde ese momento, los descendientes de Aarón fueron los sacerdotes de Israel, y los demás varones de la tribu de Leví los ayudaban en sus labores (Éx 29:9; Nú 3:6-10). Así que los sacerdotes de Israel recibieron esta posición tan honorable “sin un juramento”; la recibieron por su “linaje humano” (Heb 7:16). Pablo explica contundentemente que el sacerdocio que se basa en un juramento de Dios es muy superior al que se basa en un linaje humano.
Jehová. Aquí se cita de Sl 110:4. En el texto hebreo original aparece el nombre divino, representado por cuatro consonantes hebreas que se transliteran como YHWH. Por eso aquí se usa el nombre Jehová en el texto principal. Ver apéns. C1 y C2.
Jehová ha jurado. Pablo vuelve a citar de Sl 110:4, aunque esta vez incluye una parte que no había citado hasta ahora: “Jehová ha jurado y no cambiará de opinión” (ver las notas de estudio de Heb 5:6). El apóstol ya había dejado claro que el juramento de Jehová no cambia; es la garantía más confiable que existe (ver las notas de estudio de Heb 6:17, 18). Así que, cuando Jehová, hablando proféticamente de Jesús, juró “Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec” (quien además de sacerdote era rey), estaba haciendo un pacto personal entre él y su Hijo (Heb 7:17). Al parecer, Jesús se refirió a ese pacto en la ocasión en la que hizo su propio pacto “para un reino” con sus discípulos (Lu 22:29 y la nota de estudio).
la garantía de un pacto mejor. Jesús no es solo el “mediador” de un pacto nuevo y mejor (Heb 8:6 y la nota de estudio). También es “la garantía” (o “el que es dado como fianza”) de ese pacto. La palabra griega que aquí se traduce como “garantía” era un término legal que se refería a alguien que garantizaba o aseguraba el cumplimiento de una obligación legal. En el caso de Jesús, él se convirtió en una garantía legal de que “una esperanza mejor” se cumpliría con absoluta seguridad (Heb 7:19 y la nota de estudio, 20 y la nota de estudio). Comparar con Ro 8:32.
pacto. Ver glosario.
tuvo que haber muchos sacerdotes que se sucedieran unos a otros. Aquí Pablo está hablando de la línea de sumos sacerdotes. En el año 1512 antes de nuestra era, Jehová nombró al primer sumo sacerdote: Aarón. Cuando Aarón murió con 123 años, lo sucedió en el cargo su hijo Eleazar (Nú 20:25-28; 33:39). Y, cuando murió Eleazar, lo sucedió su hijo Finehás (Jos 24:33; Jue 20:27, 28). Unos 15 siglos después, para el tiempo de Pablo, ya se habían sucedido unos a otros muchos sacerdotes. Para el año 70 de nuestra era, cuando se destruyó el templo de Jerusalén, parece que más de 80 hombres habían ocupado el cargo de sumo sacerdote.
no tiene sucesores. O “es permanente”. En otras palabras, no se transmite a nadie más. Todos los sumos sacerdotes de la línea de Aarón terminaron muriendo, y por eso necesitaron sucesores (Heb 7:23). En cambio, Jesucristo “vive para siempre”, así que no necesita que lo suceda otro sacerdote. Ver la nota de estudio de Heb 7:25.
está capacitado para salvar por completo. Los sumos sacerdotes humanos eran imperfectos y ofrecían sacrificios de animales año tras año. En cambio, Jesús era perfecto y sacrificó su vida “una vez y para siempre” (Heb 7:27). Además, él es inmortal. Por eso puede realizar de principio a fin la labor de salvar a humanos pecadores (Ro 6:9; Heb 7:23, 24). Al decir que salva “por completo”, Pablo da a entender que Jesús ayuda a todos y cada uno de sus discípulos obedientes a alcanzar vida eterna, ya sea vida inmortal en el cielo o vida sin fin en la tierra (1Co 15:54, 55; Ap 21:3, 4).
para interceder. Este verbo significa ‘hablarle a alguien a favor de otra persona’. Ningún ser humano imperfecto puede acercarse a Jehová directamente. De ahí que Jesús ejerza amorosamente de abogado de sus seguidores e interceda por ellos ante Dios (Heb 2:18 y la nota de estudio). Como resultado, los cristianos pueden acercarse en cualquier momento a Jehová en nombre de Jesús, seguros de que Cristo está siempre listo para ayudarlos (Jn 16:23; Heb 4:15, 16 y la nota de estudio). Claro, Pablo no quiere indicar aquí que a Dios le cueste perdonar y que por eso Jesús tenga que suplicarle misericordia. Jehová es compasivo y siempre está dispuesto a perdonar (Éx 34:6, 7; Sl 86:5). De hecho, él mismo fue quien nombró a Jesucristo abogado de sus siervos fieles. Gracias a esto, ellos pueden acercarse a Dios y beneficiarse de su misericordia y su ayuda (Ro 3:24, 25; 2Co 5:18, 19; 1Jn 2:1, nota; 4:10).
un sumo sacerdote [...] leal. Pablo menciona la lealtad como una de las principales características por las que Jesús es superior a cualquiera de los sumos sacerdotes de la nación de Israel. Ninguno de ellos puede igualar su historial de lealtad perfecta a Dios. El término griego que en este versículo se traduce como “leal” también puede dar la idea de ‘santo’ o ‘devoto’ (como se traduce aquí en algunas versiones), pero la traducción de “leal” tiene buen respaldo. Por ejemplo, este término griego aparece con frecuencia en la Septuaginta como traducción de una palabra hebrea que significa ‘leal’. En Sl 16:10, David escribió: “No permitirás que tu siervo leal vea el hoyo”. Tanto Pedro como Pablo citaron de este versículo y se lo aplicaron a Jesús. En Hch 2:27 y 13:35, específicamente, se usa el mismo término griego que en Heb 7:26 (comparar con la nota de estudio de Tit 1:8). Jesús es el mejor ejemplo de lealtad a Jehová de toda la creación. Con toda razón se lo llama el “siervo leal” de Dios.
separado de los pecadores. Esta expresión muestra que algo que separaba a Jesús, o lo hacía diferente, de todos los demás seres humanos —incluidos los demás sumos sacerdotes— era que él nunca cometió ningún pecado (1Pe 2:22). No tenía ninguna inclinación a pecar porque Jehová, mediante su espíritu santo, lo había protegido para que no heredara el pecado a través de María, su madre imperfecta (Lu 1:35). Ahora bien, la expresión “separado de los pecadores” no quiere decir en ningún caso que Cristo evitara a todos los humanos imperfectos y pecadores. Como era un Sumo Sacerdote compasivo, se relacionaba con ellos para ayudarlos a acercarse a Dios y cumplir sus normas (Mt 9:11, 12). Por eso, Pablo dice que lo que los seres humanos pecadores necesitaban era un Sumo Sacerdote como él (comparar con Heb 2:10 y la nota de estudio). Además, cuando Pablo escribió la Carta a los Hebreos, Jesús ya estaba “separado de los pecadores” en otro sentido: hacía mucho tiempo que ya vivía en el cielo.
elevado por encima de los cielos. Jehová elevó a su Hijo al resucitarlo para que se sentara a su derecha y tuviera una posición muy por encima de cualquier cosa en los cielos físicos y de cualquier ser humano pecador (1Re 8:27; Heb 1:3 y la nota de estudio; 4:14 y la nota de estudio). De este modo, el sacerdocio de Jesús fue elevado por encima del sacerdocio de los levitas, que servían en un templo que pronto iba a ser destruido. Además, la Biblia suele emplear los términos “cielo” y “cielos” en sentido figurado para referirse a diferentes gobiernos (Is 65:17; Da 4:26; 2Pe 3:13; Ap 21:1). Así que, al sentarse en su trono a la derecha de Dios como rey y sacerdote a la manera de Melquisedec, Jesús también fue elevado en el sentido de que llegó a ocupar una posición superior a la de todos los gobiernos y autoridades en el cielo o en la tierra (Mt 28:18; 1Co 15:27; Ef 1:20, 21; Flp 2:9; 1Ti 6:14-16; Heb 1:4 y la nota de estudio). Comparar con Col 1:16 y la nota de estudio.
una vez y para siempre. Esta frase marca un agudo contraste entre el sacrificio que ofreció Jesucristo como Sumo Sacerdote y los que ofrecieron todos los sumos sacerdotes aarónicos de Israel. Estos hombres imperfectos tenían que hacer sacrificios por sus propios pecados y por los del pueblo (Le 4:3, 13-16). Ofrecían estos sacrificios año tras año el Día de Expiación (Heb 10:1). Y, si querían, también podían participar en ofrecer los sacrificios que se hacían a diario. En cambio, Jesús ofreció un único sacrificio que era perfecto. De hecho, es el sacrificio supremo y beneficia a todos los seres humanos fieles que han vivido a lo largo de la historia. Este sacrificio garantiza que los pecados serán borrados para siempre. Por eso, nunca habrá que repetirlo (Heb 9:12 y la nota de estudio, 26, 28; 10:1, 2, 10; 1Pe 3:18).
ha sido perfeccionado. Ver las notas de estudio de Heb 2:10; 5:9.