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  • ‘Ven el bien a causa de su duro trabajo’
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
w77 15/1 págs. 61-62

‘Ven el bien a causa de su duro trabajo’

PUSÁN, Corea, es una ciudad que hormiguea de gente. ¡En menos de treinta años, la población ha estallado de un cuarto de millón a millón y medio de personas, y la cifra todavía aumenta! Pusán se hizo prominente durante la Guerra de Corea, cuando, por un tiempo, sirvió de capital provisional de ese país y de centro de refugiados para muchos miles que huyeron ante la invasión comunista.

Entre estos refugiados estaban algunos que creían en las promesas acerca del reino de Dios que se hallan en la Biblia, y éstos hicieron exactamente lo que hicieron los cristianos primitivos cuando “habían sido esparcidos”... siguieron “declarando las buenas nuevas de la palabra.” Como resultado, se formó una congregación de testigos de Jehová en Pusán. Eso fue en 1950. Pero para 1976 aquella primera congregación se había expandido a cincuenta y cuatro congregaciones en la zona de Pusán.—Hech. 8:4.

Esta expansión, junto con el crecimiento de la población, ha creado problemas. En una ciudad atestada se les hacía casi imposible a los testigos de Jehová alquilar lugares para sus asambleas de circuito semestrales. ¿Qué se podía hacer? En muchos países occidentales los Testigos estaban construyendo salones para tener espacio para estas asambleas. Si esto se podía hacer en los Estados Unidos y Europa, ¿por qué no en Asia? Y eso fue lo que los Testigos coreanos se pusieron a hacer.

En un país tan duramente acosado por problemas económicos, ¿cómo podrían financiar este gran proyecto? Uno de los Testigos vendió su negocio y donó gran parte del producto con ese propósito. Esto dio impulso al plan, y las contribuciones necesarias fluyeron, de modo que el salón casi estuvo pagado para cuando su construcción terminó. Indisputablemente el espíritu de Jehová animó a su pueblo a dar apoyo de todo corazón a este esfuerzo que al debido tiempo les produciría maravillosas bendiciones espirituales.

El trabajo tenía que hacerse rápidamente, entre las asambleas de circuito de fines del invierno y principios de la primavera. ¡Y se terminó en solo dos meses! La mayor parte de la construcción se efectuó mediante ayuda voluntaria, y tan aprisa trabajaron los Testigos que los asombrados vecinos no podían creer que hubieran respetado el toque de queda de cuatro horas que empezaba a la medianoche. Pero sí lo habían respetado. Y el resultado fue una excelente estructura de concreto, reluciente y alegre, y que tenía asiento para unas 1.200 personas.

“Asiento”... sí, según la costumbre coreana, sobre los hermosos tarugos de madera del piso. El día de la dedicación del salón de asambleas —el 5 de abril de 1976— este espacio de asiento fue comprimido hasta acomodar a un grupo limitado de 1.300 personas. Al entrar, a cada persona se le daba una bolsa de vinilo para los zapatos y el acostumbrado recuerdo oriental... en esta ocasión un bolígrafo inscrito para la dedicación. Todos se deleitaron con la resplandeciente plataforma, el excelente sistema de sonido, la piscina bautismal del segundo piso y el jardín oriental que está cobrando forma enfrente del edificio.

Milton Hamilton, uno de los asiduos trabajadores misionales que habían ayudado a establecer la obra de Jehová en Pusán inmediatamente después de la Guerra de Corea, pronunció el discurso de dedicación. A través de los años unos veinticinco misioneros habían trabajado en Pusán, ¡y cómo se regocijan allí todos éstos ahora, junto con los Testigos nativos, al ‘ver el bien a causa de su duro trabajo’! Los testigos de Jehová de Pusán se alegran de tener este primer Salón de Asambleas del Oriente, y lágrimas de gozo manifestaron su agradecimiento.—Ecl. 2:24.

[Ilustración de la página 61]

Salón de Asambleas en Pusán, Corea

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