Sismo en el terreno de la fe
“Las creencias antiguas han decaído y no han brotado nuevas creencias que las reemplacen,” dijo un artículo de fondo de la publicación estadounidense The Wall Street Journal, en su número del 30 de noviembre de 1978. El artículo reflexionaba acerca del suicidio en masa de los miembros de un culto en Guyana. El artículo continuaba así:
“Sin lugar a dudas la religión está en decadencia. La atracción de los cultos expresa lo profunda que es la voluntad humana de creer, el anhelo de la certidumbre que comunica la fe. El último lugar en el cual alguien buscaría hoy satisfacción de este anhelo sería en cualquiera de las principales confesiones religiosas. Éstas tienen poco tiempo para la fe, pues están preocupadas con cuestiones como las de cómo gobernar el África del Sur. Hasta la Iglesia Católica Romana con sus milenios de experiencia en hacer una separación entre el bien y el mal en el impulso religioso, está perdiendo su poder de influir en el alma.”
Algunas personas acuden a la ciencia en busca de esperanza, pero el artículo de que tratamos no fue en esa dirección. “Sin embargo, no es solo la creencia religiosa lo que ha declinado; también ha declinado la poderosa fe seglar que brotó del Esclarecimiento. El poder de la razón, el poder de la ciencia, el creer en el progreso... todas estas cosas se siguen enfocando con dudas cada vez mayores. Y en el mundo seglar, como en el religioso, con frecuencia los que van a la cabeza de esta tendencia son los sacerdotes establecidos.
“Los científicos que inventaron la bomba atómica también dieron comienzo a una revista que tiene en la cubierta de cada número un reloj en el cual se indica cuán adelantados estamos en camino a la catástrofe final... un testimonio aplastante de su propio sentido de culpa y un pasmoso símbolo de la propia duda de ellos en cuanto a que la ciencia sea buena. Hoy se puede sentir que el mundo científico tiembla ante la evidencia cada vez mayor de que el universo tuvo su origen en un acontecimiento súbito semejante a una explosión. Esto hace que surjan preguntas en cuanto a qué hubo antes de ello, y la fe más fundamental de los científicos queda sacudida cuando queda cara a cara con el hecho de que ellos no pueden dar la respuesta a las preguntas de valor más fundamental.”